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03 de noviembre 2020

Ignacio Budano

Maestro de grado de la ciudad de Buenos Aires.

ALGO MÁS QUE LA FOTO

Hay unna gran paradoja de estos días con la propuesta de las clases presenciales: nos agarra a quienes más ganas tenemos de volver poniendo reparos. Nada más difícil que esta escuela remota para estudiantes y docentes: porque la virtualidad nos resulta insoportable. No solamente  por las dificultades con la conectividad. Nadie imaginaba una escuela así a principio de año como nadie puede imaginarla de esta manera por mucho más tiempo. Por muchos motivos la escuela es necesariamente vínculo, encuentro y contacto. Nos ingeniamos durante meses para dar contenidos, evitar deserciones o acercar recursos a las familias. Con los que tuvimos o tenemos a mano. Esperando algo tan elemental como que todas las familias pudieran tener conectividad. Algo que nunca llegó.

Lo que sí llegó a CABA fue una puesta en escena de clases presenciales. Hubo en principio un proyecto absurdo de clases en las plazas dictadas por personal no docente que no decía qué pasaba con la responsabilidad civil en un espacio libre, con el uso de los baños o con  las condiciones climáticas. Para eso leímos notas en los diarios que nos contaban que las primeras clases en la Antigua Grecia habían sido al aire libre, dato que, según parece, las y los docentes desconocemos o preferimos ignorar para plantear objeciones. Así llegamos a los eventos de hace algunas semanas. La vuelta al patio de algunas escuelas.

El backstage de una puesta en escena que pretenden seguir replicando. Una imagen estigmatizante que bien parece una caricatura de Quino

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Lo vimos. Se saturaron dos escuelas técnicas de funcionarios y periodistas por la vuelta de unos pocos estudiantes. Lo primero que debe hacer un/a docente es planificar la clase para, entre otras cosas, evitar posibles contingencias. Según parece las autoridades del ministerio no previeron que en un patio un día de calor era imposible dar clases. En un momento había estudiantes expuestos al mediodía de un día de calor en un patio a la vista de las cámaras. De manera expeditiva se reventó alguna caja chica para comprar sombrillas. Sí, sombrillas. Se puede esperar años para que tapen el agujero de un techo, pero claro, estaban los medios.

Las imágenes de algunas notas parecen hablar de un buen comienzo.  El éxito o fracaso de la política educativa se evalúa, según parece, con empresas auditoras de medios. Pero si alejamos el foco de la cámara se filtra otra imagen. Un chico alto, con la cabeza gacha, metido en un pupitre diminuto, rodeado de micrófonos que parecen tenerlo cercado. El backstage de una puesta en escena que pretenden seguir replicando. Una imagen estigmatizante que bien parece una caricatura de Quino. 

Lo cierto es que hasta el momento tenemos que en la mayoría de los casos no se trata de clases y que los estudiantes no están asistiendo. No tenemos claro si esos espacios son para esos/as 6500 estudiantes cuyos datos no pudieron entregar, para los últimos años de cada nivel, o para que algunas escuelas de gestión privada puedan seguir sosteniendo la matrícula. La cantidad de claroscuros de los protocolos son propios, como mínimo, de funcionarios/as que desconocen la realidad de las escuelas cuya gestión tienen a cargo. Pero de repente parece que va a haber un montón de recursos con los que las escuelas nunca contaron. Décadas pagando elementos de limpieza y de botiquín de nuestro bolsillo o pidiendo colaboración a las familias. Según parece ahora vamos a contar con el equipamiento necesario y nos van a acusar de agoreros por sospechar que las cosas no van a seguir siendo así cuando se apaguen las cámaras.

La cantidad de claroscuros de los protocolos son propios, como mínimo, de funcionarios/as que desconocen la realidad de las escuelas cuya gestión tienen a cargo

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La comunidad necesita reencontrarse en la escuela. Este año aprendimos a extrañarla y es por eso que no está bien convertirla en un espacio que transmite temores e incertidumbres.

Este fin de semana surgió la propuesta de una vuelta total a la presencialidad desde mitad de febrero de 2021. Como siempre, fue informado a través de un medio de comunicación, que es la forma en la que acostumbramos a enterarnos de las novedades y políticas del sistema educativo del que formamos parte. A mi criterio, habla bastante de una gestión el hecho de sentir mayor comodidad para informar y discutir lo que se va a hacer con un/a periodista que con los/as supervisores/as, conducciones, docentes y la comunidad educativa en general. El anuncio es otro sinsentido que choca con cuestiones de agenda educativa que son previas al inicio de las clases o con factores climatológicos, pero se sustenta en el significante vacío de la pedagogía argentina que da por hecho que más días es mayor calidad educativa. Existen otras formas de ganar calidad y tiempo pero trabajar sobre eso requiere de algo más que de una consigna o una sobreactuación.

Lejos estoy de opinar sobre variables epidemiológicas. Mucho menos proyectarlas. Pero cierto tiempo habitando escuelas me permite sospechar algo que no es una revelación: ciertos déficits de infraestructura de muchas escuelas como el  hacinamiento, la  falta de materiales y problemas de limpieza en general no se van a resolver en enero.

En todo este tiempo en varios espacios docentes acordamos que la escuela que viene va a estar llena de cuestiones muy complejas. Complejidades que van más allá de la discusión sobre una fecha y que requieren mucho más que títulos, consignas y fotos.

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Comentarios

  1. Marcelo

    el 03/11/2020

    Impecable.

  2. Karin Rodríguez

    el 03/11/2020

    Acuerdo compañero en todos los puntos planteados! Muchos títulos y grandes certezas. Triste el manejo que hacen de los medios y, da mucha impotencia la gente que les cree y y manda a sus hijxs a la escuela en esta situación inédita, esperando lo que no se les puede dar en este momento y con este contexto. Muchas gracias por tus palabras!

  3. Ines

    el 03/11/2020

    Quisiera continuación de este escrito

  4. Liliana De Wilde

    el 03/11/2020

    Excelente nota. Significativa y repleta de cuestionamientos para pensar.

  5. Leandro

    el 04/11/2020

    Excelente nota nacho.

  6. Lila

    el 04/11/2020

    Muy claro el modo de reflejar y explicar lo que realmente sucede tras la vuelta ( que no es tal) a clases ( que no lo son ).

  7. Ileana

    el 07/11/2020

    Genial el artículo. Pone en palabras mucho de lo que nos ronda por la cabeza a quienes conocemos un poco más de cerca el sistema educativo y las escuelas. Gracias!

  8. Maximiliano Stefani

    el 08/11/2020

    Muy interesante texto. El fotógrafo o fotógrafa que con dar un paso atrás reveló el sentido de la escena. “Quienes más queremos volver ponemos reparos”, ciertamente. Porque, como decis, los docentes planificamos las contingencias posibles. Un ministerio que no esté dirigido por docentes y especialistas de la educación es lo que tenemos en el gobierno de Larreta y Acuña. Parece que la comunidad educativa es el medio para un mensaje a otros. No somos tratados como sujetos en términos de discurso.

  9. Luciana

    el 30/12/2020

    Acuerdo con tus palabras y creo que seguimos corridos del debate pedagógico, nunca es momento de pensar la escuela sino de reclamar viandas, gas, edificios, ahora más que nunca elementos de higiene, dispositivos móviles…en fin, ojalá en algún momento discutamos sobre enfoques, estrategias didácticas , recursos…es muy ingenuo lo que pido?

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