11 / 09 | Cultura

YO TE OFREZCO EL RESTO DE LAS LUCHAS DE MI VIDA


“Úntate en mí” frasea Tito Rodríguez y te volvés loco tratando de explicarte a esa imagen plena de erotismo. Bienvenido al mundo del bolero, has caído en una trampa de la que no saldrás jamás, excepto que te cierres a las vicisitudes del corazón y las pulsiones del sexo.

El puertorriqueño Tite Curet Alonso, quizá el último de los grandes compositores de boleros dijo alguna vez:

“La gente vive feliz, más o menos vive feliz, pero no se da cuenta… y entonces esa felicidad se alimenta de las cosas malas, tristes, así es… La gente siempre vive del amor, y el amor, a diferencia de lo que muchos creen, es un enfrentamiento, un enfrentamiento fecundo y dramático y de él siempre queda el drama… Cuando una relación amorosa se mantiene estable, digamos que normal, pierde la expectativa… Nadie habla de que la familia fulana vive feliz, que el señor fulano se levantó hoy contento y comió su desayuno, que quiere a su esposa y anoche la besó… Cuando eso pasa, nadie lo comenta, nadie lo dice, y si lo dicen es porque es mentira y entonces pasa lo contrario… La gente cuando habla del amor habla porque éste ya pasó y porque quieren que vuelva a pasar, y es ahí cuando viene el bolero…


El bolero es un acto de agresión, de alevosía, el reto por lo que fue y el reto por lo que vendrá… Así es como yo lo veo, y me siento halagado porque cuando voy por la calle la gente canta mis canciones y eso debe ser una muestra de que uno no está muy equivocado que digamos… Para mí el bolero es como un baño de María, un discurso lento, caliente y con sudor, que hace un recuento de la relación amorosa, y la relación amorosa, cuando vale la pena, siempre es caliente y con sudor…”

"El bolero es un acto de agresión, de alevosía, el reto por lo que fue y el reto por lo que vendrá"

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No habría mucho más que decir si estuviéramos en algún país centroamericano, pero como estamos en Argentina, donde no siempre han llegado en tiempo y forma noticias fidedignas del bolero y la música tropical en general, viene bien detenerse un poco en la historia del surgimiento y desarrollo de este género antillano nacido en Cuba y que reconoce en “Tristezas”, compuesto por Pepe Sánchez en 1883, la primera composición de un bolero como tal. Por supuesto que durante su desarrollo surgieron algunos equívocos, el más importante sin duda fue suponerlo un canto amable y sobón con una mirada color de rosa e inocente sobre las relaciones de pareja, cuando que en realidad no todos los boleros son melosos como nos lo pretendió hacer suponer la industria del disco de la segunda mitad del siglo pasado. Tenemos casos de obras cuyos argumentos distan de ser letras para el pegoteo, tal es el caso de “Lamento borincano”, del puertorriqueño Rafael Hernández, que relata el drama de un jibarito que se va al pueblo para tratar de vender algunas mercancías y así ayudar a su familia:

Se oye este lamento por doquier

En mi desdichada Borinquen, sí

Y triste el jibarito va

pensando así, diciendo así, llorando así por el camino:

“que será de Borinquen, mi Dios querido? Que será de mis hijos y de mi hogar”

O la historia de “Nosotros”, escrito en Cuba por Pedro Junco cuando se entera que tiene tuberculosis. Y como en esa época -más de 80 años atrás- esa enfermedad era mortal decide despedirse de su amada diciendo:

No es falta de cariño

te quiero con el alma

te juro que te adoro

y en nombre de este amor

y por tu bien

te digo adiós

"no todos los boleros son melosos como nos lo pretendió hacer suponer la industria del disco de la segunda mitad del siglo pasado"

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El bolero nace en Cuba y a poco de andar se desarrolla con mucha fuerza en México pero ahí sufre mutaciones: mientras el cubano es mucho más agresivo en lo instrumental con la predominancia de un relato por momentos naif en sus textos. (cantaba Vicentico Valdés: Los aretes que le faltan a la luna/ los tengo guardados/ para hacerte un collar); en México es al revés: desde lo instrumental al bolero se lo esmerila, sacando del primer plano la percusión pero se lo endurece notablemente en los textos. Que si esto es escandaloso/ es mas vergonzoso no saber amar, escribió Rubén Fuentes, dejando la puerta abierta a varias interpretaciones…
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Es más: el bolero habló a su manera y con sus códigos sobre la homosexualidad. Ya en 1928 el cubano Ernesto Lecuona se había despachado en Siboney con:

Siboney de mis sueños

te espero con ansia en mi caney 

porque tú eres el dueño de mi amor, Siboney

Es que pensar el bolero como algo heterosexual y rosa, dulce y sin asperezas, supone una mirada de las relaciones afectivas estáticas y plenas de dulzura cuando sabemos que no es así. Por cada forma de amor habrá un bolero, y ahí está su importancia y vigencia cada vez que los más pibes descubren que los que les pasa ya fue vivido, escrito y cantado muchos años atrás. Hay también pasajes gloriosos como el desenlace de “Llévatela”, de Manzanero:

Ah, olvidaba decirte 

Si al querer decir tu nombre 

Pronuncia el de otro hombre, 

Igual le pasó conmigo, 

Por eso vamos mi amigo 

Te suplico la lleves 

Para el bien de los tres. 

"Por cada forma de amor habrá un bolero, y ahí está su importancia y vigencia cada vez que los más pibes descubren que los que les pasa ya fue vivido, escrito"

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Es que el bolero irrumpe con todo su poderío cuando sucede el engaño, la traición o sencillamente el fin de un amor. El bolero es la admisión en clave (de música tropical) de la trampa y el compromiso acotado, porque no sólo es el relato de las grandes historias de amor, por lo bajo el bolero se hace cargo de las zonas oscuras e inconfesables de nuestras vidas y por eso con el paso de las trampas, perdón, de los años, va poco a poco transformándose en una presencia cada vez más constante en nuestra vida diaria.

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A veces el mismo bolero es brutal y carente de muñeca para contar historias, por eso es más dramático que la balada pop. Para decirlo en pocas palabras: mientras en un disco de Daniel Riolobos está el identikit de un hombre con cicatrices crudas que le dejaron los vericuetos del amor, en una balada se descubre un campeonato de conquistas livianas, que parecen más escenas de un comercial que verdaderas historias de amor. El bolero es la distancia más corta entre la boca del hombre y el oído de una mujer dijo alguien hace mucho, hoy habría que agregar entre uno y otro amante sin distinción. Por suerte hemos caído en la cuenta de que el amor no tiene género.

Lamentablemente el bolero nos llegó muy “mexicanizado” en el siglo pasado y por eso nos resultó complejo conocer la gran cantidad de artistas que lo han honrado más allá de esos tanques mexicanos como Javier Solís o el Trío Los Panchos. Puerto Rico, por caso, parió figuras fabulosas como Tito Rodríguez, un cantante técnicamente perfecto; la cantante y compositora Myrta Silva (autora de “Qué sabes tú”, entre otras joyas); Cheo Feliciano, que si bien se desarrolló como un gran sonero se movió como pez en el agua en el bolero. De la isla del encanto también salieron compositores fundamentales como Rafael Hernández y Tite Curet Alonso, entre otros. Y por supuesto Cuba aportó plumas como las de José Antonio Méndez (“Si me comprendieras”, “La gloria eres tú”) y César Portillo de la Luz (“Contigo en la distancia”, “Interludio”, “Delirio”) y voces como las de Elena Burke, La Lupe y el perfecto Vicentico Valdés, entre otros.

"el bolero nos llegó muy “mexicanizado” en el siglo pasado y por eso nos resultó complejo conocer la gran cantidad de artistas que lo han honrado más allá"

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En líneas generales al sur del continente llegaron los sonidos que irradiaba México y eso tuvo sus costos. Buena parte de las mejores plumas están allí, pero tanto Lara, tanto Los Panchos, tanto Pedro Vargas opacaron otras expresiones del género que básicamente provenían de Cuba, Puerto Rico y Nueva York, y es muy probable que se haya debido a manejos de la industria discográfica. México fue una plaza central y por ende las compañías allí instaladas ordenaron la difusión en el continente. Por ejemplo la música tropical hecha en Nueva York no logró trascender los límites del ghetto, entonces, sin ir mas lejos, voces como la de Graciela, hermana del gran Machito -Machito and his Afrocubans- virtualmente no trascendieron los límites de El Barrio y algo similar ocurrió con la gran cantidad de orquestas y solistas de origen cubano y puertorriqueño que desplegaban su actividad en la Gran Manzana.

Aquí nos llegó, entonces, un bolero musicalmente muy mexicanizado. Esto es: esmerilado rítmica e instrumentalmente, con la percusión en un segundo plano cuando es un componente central de su génesis rítmica y sonora. Hay un recital en el Carnegie Hall del gigante Pedro Vargas -a quien cierta vez le preguntó Sinatra cuándo respiraba mientras cantaba- donde la orquesta es verdaderamente soberbia -dirigida por Chucho Zarzosa- pero tiene un detalle que le quita expresividad: el set de percusión está tomado muy de lejos, quedando subalternizado y casi inaudible. Sacar del primer plano la percusión en cualquier ritmo de origen afro es una amputación, es lo mismo que si en una orquesta de tango colocáramos la línea de bandoneones al fondo. Es muy probable que eso se lo haya hecho para facilitar la penetración comercial del género. Chico Novarro ha contado que para evitar que las discográficas le rebotaran propuestas, le sacaba los bongoes a sus boleros y los retocaba en lo rítmico, disfrazándolos un poco de baladas. Quizá este razonamiento fue practicado antes en la tierra de Álvaro Carrillo para que el mercado no rechazara un género por temor al fracaso.

"Sacar del primer plano la percusión en cualquier ritmo de origen afro es una amputación, es lo mismo que si en una orquesta de tango colocáramos la línea de bandoneones al fondo"

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Una mutilación rítmica e instrumental brutal se dio en el famosísimo disco “From Tito Rodríguez With Love” con arreglos y dirección orquestal de Leroy Holmes. Ese LP, que al igual que “Romance” de Luis Miguel en su momento batió records de ventas -donde está la soberbia versión de “Inolvidable”, compuesta por el cubano Julio Gutiérrez- se transformó en un suceso en toda América pero en lo instrumental se caracterizó por la preeminencia de las cuerdas y la subalternación de la percusión. Vaya paradoja la de Tito Rodríguez que luego de haber protagonizado los momentos más gloriosos de la música tropical, en la época del Mambo y el cha cha cha, al frente de una orquesta que supo contar entre sus miembros nada menos que al gran bajista Cachao, al pianista cubano René Hernández o al trompetista dominicano Vitín Paz, entre otras figuras legendarias de la música tropical, haya elegido un camino que le granjeó muchos dólares pero malhirió al bolero. A los argentinos también nos alejó del bolero y el complejo de la música tropical el hecho que en la segunda parte de los años sesenta la industria discográfica se volcó de lleno al rock y al Pop y por eso dejaron de llegar sonidos del caribe. El auge de la Salsa brava, por ejemplo, que va desde mediados de la década del sesenta hasta fines de los setenta, aquí pasó absolutamente desapercibido. Los artistas latinos bajaban hasta Lima y en algunos casos a Montevideo pero no lo hacían a Buenos Aires, como sí lo habían hecho antes de los sesenta, donde era usual ver en vivo a Tito Rodríguez, La Sonora Matancera o la mismísima Celia Cruz en los grandes bailes de carnaval. Fue recién en 1982 que Hugo Guerrero Marthineitz comenzó a difundir en Radio Continental “Pedro Navaja” tema del álbum “Siembra” que Rubén Blades y Willie Colón habían editado en 1978… A La Lupe, una de las figuras más excéntricas y potentes del bolero y la rumba recién la descubrimos en las películas de Almodóvar cuando ya en 1965 era una estrella rutilante en toda América latina como vocalista de la orquesta de Tito Puente.

Ahora que Luis Miguel volvió con toda potencia a caballo de Netflix quizá tengamos suerte y nos permitamos descubrir desde figuras de un presente fenomenal como la mexicana Eugenia León y también desempolvar nombres desconocidos como Vitín Avilés, Concha Valdés Miranda, la Gorda Graciela o Moncho, ese gitano español maravilloso. O al gran Nat King Cole, otro puntal para el género, que en aquellos discos orquestados por una luminaria cubana (el maestro Romeu) sí dejó la percusión al frente.

No estaría mal que descubriéramos al bolero en toda su anchura y variedad, no sólo porque es una música maravillosa, con una riqueza instrumental y una lírica fenomenal sino porque te mejora la vida como a vos, que todavía seguís desentrañando el sentido de “Úntate en mí”. El bolero te sorprendió en el momento menos pensado

Bienvenidos.

Pareja-Bolero


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1 Comentario

  • Andres Veiga says: 12 septiembre, 2018 at 09:48

    No solamente aquel “Escándalo” (NO el que popularizó Raphael) tuvo interpretaciones homosexuales. Tambien llegó a ser un “himno gay” la letra de “Tu me acostumbraste”.

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