07 / 05 | Mundo

YES WE KHAN

Es el primer alcalde musulmán de Londres. Tuvo que vencer ataques islamófobos y el fuego amigo de su propios compañeros. Es socialista, hijo de inmigrantes pakistaníes y boxeador amateur. Sadiq Khan: el Muhammad Alí del laborismo británico.
Mariano Schuster @schusmariano Jefe de redacción de lavanguardiadigital.com.ar. Editor en nuso.org.


Dale duro! Más fuerte! – grita el entrenador.

Sus palabras suenan como un látigo en los oídos del joven púgil. Son las siete de la tarde y el debilitado muchacho hindú acaba de llegar de todo un día de trabajo en un inmundo Fish and Chips del centro de Londres. Con las manos engrasadas por la fritura del pescado y las papas industriales, los guantes se le escurren y le impiden asestar sus voluntariosos puñetazos en el saco de lona.

El Earlsfield Boxing Club, un sitio amargo que muestra con crudeza la realidad de los boxeadores no profesionales, está ubicado en el 109 de la calle Garratt, a pocos metros del King George´s Park. Hoy, como siempre, el espacio deportivo iluminado por unos viejos tubos de luz blanca, transmite una imagen dolorosa: chicos trabajadores golpeando una bolsa para no golpear al jefe o para no arrojar una bomba en alguna dependencia oficial. No saben de quien es la culpa pero saben que es de alguien: sus vidas parecen vidas desperdiciadas.


No son violentos ni conflictivos. No buscan golpear sino descargar. Y la mayoría boxea para defenderse. Eso, al menos, dice Sadiq, un muchacho de 45 años que alguna vez subió al mismo ring en el que ahora otro chico se prepara para descargar su furia. Con varias canas y muchos combates encima de sus hombros, Sadiq Khan es el único campeón salido de las filas de este club obrero. La noche de ayer fue electo, con el 57% de los votos como Alcalde de Londres.

"Sadiq Khan, nacido en un hogar pakistaní humilde, venció a Zac Goldsmith, a Boris Johnson y al Blue Labour"

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Sadiq Khan esbozó una sonrisa y levantó las manos como un nuevo titán del boxeo. Su feroz oponente, el conservador Zac Goldsmith, había caído en la lona indiscutible de la derrota. Junto a él, quedaban sepultados sus dos entrenadores: Boris Johnson, el hasta hoy mandamás de la capital británica, y Lynton Crosby, el estratega australiano que tuvo sobre sus espaldas la campaña torie.

Aunque hoy muchos vean en él a un Muhammad Ali de la izquierda arrojando al Foreman conservador a un indescriptible knock-out, nadie dirá que la campaña por la Alcaldía fue sencilla. Para él, nacido en una casa pobre, hijo de padres musulmanes oriundos de Pakistán, nada lo fue. Por eso no era dable esperar que las cosas cambiaran de un momento a otro.

Delante de una multitud, Khan recordó sus orígenes. En el City Hall, desde el que ahora gobernará para los miles que pusieron su voto en la urna, aseguró una resolución para los principales problemas de la ciudad: viviendas, salud e integración social.

Un familiar, algo emocionado, lo definió en la sala: Sadiq sigue siendo el mismo chico que subía al autobús número 44.

Sadiq Manejando

Durante más de diez años, Sadiq se sentó en el primer asiento del colectivo número 44. Hoy, cree que, aunque ese viejo autobús londinense siga haciendo el  recorrido desde Grovensor Gardens hasta Victoria, ya no es el mismo.  Cuando su padre, Amanullah, se ponía al frente del volante en las décadas del 70 y 80, los rostros que esperaban en las paradas eran parecidos al suyo: pakistaníes, negros e hindúes pobres. Jóvenes de la clase obrera pauperizada de los tiempos de Thatcher, chicos sin un pennie en el bolsillo que, sin embargo, conseguían habitar la ciudad. Hoy un chofer de colectivo como lo era su padre no podría vivir por esa zona.

Sus padres, que en 1960 migraron de India a Pakistán y desde allí a Londres, vieron en la capital británica, el destino exacto para cumplir el discreto sueño de la supervivencia. Se instalaron en Tooting, un enclave proletario del sur londinense y consiguieron una vivienda social.

Sadiq Khan en brazos de la madre

Mientras Amanullah manejaba el autobús, Sherun, su madre, trabajaba como costurera en la casa. Todo pasaba por ella. Se dedicó a criar a sus ocho hijos en un departamento con solo tres dormitorios y allí trabajaba cosiendo vestidos a destajo. Le pagaban 25 centavos por cada uno. – dice Sadiq, quien hasta los 24 años, durmió en una cama marinera con un colchón desvencijado.  Como todos sus hermanos, Sadiq empezó a trabajar de adolescente. A los dieciséis años ya repartía periódicos y, durante los veranos, hacía labores de albañilería. Mientras, estudiaba en la escuela pública Ernest Bevin, una institución complicada, en la que la droga y la violencia estaban a la orden del día.

Fue una escuela dura, había que estar muy despierto, había que cuidarse a uno mismo. – dice, mientras aclara que es mejor ser cuidadoso a la hora de hablar de algunas cosas. Para mi fue una gran escuela. Los maestros se dejaban la piel para que fuéramos buenos estudiantes y buenas personas.

Sadiq, que en su casa habló siempre el idioma urdu, la lengua nacional pakistaní, fue un buen deportista. Aunque no terminó su carrera amateur como boxeador en el Earlsfield Boxing Club – prefirió seguir con el fútbol-, aprendió a defenderse.

Sadiq en el centro

Tanto él como sus hermanos tuvieron que hacerse mayores en una Inglaterra que exacerbaba el odio de clase. La extrema derecha, representada por los nazis del National Front, tomaba impulso mientras cientos de jóvenes fascistas se calzaban las botas Dr. Martens para pisar fuerte a pobres y extranjeros. Los finales de los setenta le depararon las imágenes más terribles de la discriminación. En el asiento del autobús, veía a muchos pasajeros referirse a su padre como un “Paki-Santa”, burlándose de su barba al estilo musulmán. Otros, con peores modos, trataban a Amanullah de “Paki-Bastard”.

En las canchas de fútbol, Sadiq y sus hermanos no la pasaron bien. Yo era fan del Wimbledon. Fui a ver un partido contra los Spurs y cuando terminó fui víctima de abusos raciales.

Fue una época dura que marcó mi vida para siempre – dijo alguna vez, este muchacho que,  mientras el país vivía el apogeo de Margaret Thatcher, decidió afiliarse al Partido Laborista. Era el único partido que podía defender a los trabajadores y a los inmigrantes dice, mientras recuerda las movilizaciones de mineros y lamenta los golpes de la Iron Lady al Estado del Bienestar.

Hoy, Sadiq Khan, se define sin complejos: Soy londinense, soy británico, soy de fe islámica y me enorgullezco de ser musulmán. Soy de origen asiático, paquistaní. Soy un padre, soy un marido, soy un sufriente hincha del Liverpool desde hace tiempo. Soy todas estas cosas.

"Khan se define sin complejos: soy londinense, británico, musulmán, de origen asiático"

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Aunque alguna vez amagó con ser dentista, acabó decantándose por el Derecho. Graduado por la University of North London, se especializó en Derechos Humanos y, entre 1997 y 2005, trabajó en su propio estudio, fundado junto a la prestigiosa abogada humanista Louise Hilda Christian. Me especialicé en Derechos Humanos, lo que quiere decir que no trabajaba para hacerme millonario ni para defender millonarios.

Aunque está acostumbrado a nadar a contracorriente, sus apuestas siempre lo dieron ganador. En el Partido Laborista asumió una posición de izquierda moderada, eligiendo a Gordon Brown frente a Tony Blair y acabó como Ministro de las Comunidades del primero. En 2010, en la disputa entre los hermanos David y Ed Miliband, Sadiq – que llegó al Parlamento cinco años antes – optó por Ed, representante de la vuelta a los valores mas clásicos del socialismo humanista. Y volvió a ganar. Al poco tiempo se transformó en Canciller y Secretario de Justicia del Gabinete en las sombras del laborismo.

Frente a los sectores más derechistas de su partido, aparece como radical. Y frente a los más radicales, se lo apunta como un moderado. Su visión, y así lo dice, es la de un socialdemócrata clásico que no cree en grandes revoluciones ni en potentes estallidos sociales. Su socialismo es, antes que una visión colectivista, un proposición moral.

Corbyn Sadiq

Cuando anunció su candidatura a las primarias laboristas, en mayo de 2015, fue, como buen boxeador amateur, el único que creyó en su propia victoria. Frente a él, se perfilaba como favorita la poderosa Tessa Jowell,  representante del ala derecha del Partido. Colaboradora de Tony Blair durante los años dorados del Nuevo Laborismo, Jowell tenía sobre sus espaldas un logro importante: como Ministra de Juegos Olímpicos, había conseguido que Londres organizase la competencia en 2012.

Las diferencias entre ambos no podían ser más contundentes. Él se había opuesto a la Guerra de Irak contraviniendo a su partido. Ella, había sido manchada por un escándalo de corrupción que involucraba a su ex marido, el abogado David Mills, quien recibió 340.000 euros no declarados de Silvio Berlusconi. Él, representaba a los pobres de los suburbios y a la histórica Sociedad Fabiana. Ella, a los derechistas del Blue Labour (Laborismo Azul), el ala más conservadora de la izquierda.  En solo cuatro meses, con un partido inmerso en debates, Khan logró torcer los pronósticos.

2015 no fue un año bueno para el laborismo de derecha. Solo cuatro meses después de la derrota frente a Khan, Jowell y sus compañeros, tuvieron que asistir, entre atónitos y estupefactos a un espectáculo mayor.  Jeremy Corbyn, el viejo socialista utópico defensor de la línea más radical del Labour, sucedía a Ed Miliband como líder del partido.

Aunque Khan avaló su candidatura, fue uno de los tantos que, a la hora de la verdad, prefirió una opción más moderada. Cuando Jeremy decidió presentarse estaba seguro de que iba a nominarlo pero que luego no votaría por él. Opté, como saben, por Andy Burnham – afirmó tiempo atrás. Su voto era consecuente con su postura histórica. Khan consideraba que el Labour precisaba un líder fuerte ubicado en el margen izquierdo del partido, pero capaz de unir tendencias y evitar fracturas.

"Zac Goldsmith nació en 1974, en el seno de una familia millonaria de Richmond, se define como un liberal libertario"

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Zac Goldsmith y Sadiq Khan nunca se cruzaron en el barrio. Sus familias nunca se estrecharon las manos ni almorzaron juntas un domingo. Quizás alguna vez se hayan visto a lo lejos, sin conocerse el uno al otro. No es difícil imaginar a Zac de un lado de la calle, comiendo en el lujoso restaurant  del Hotel Dorchester y a Sadiq jugando al fútbol en la misma vereda contigua a Hyde Park.

Zac Goldsmith nació en 1974, en el seno de una familia millonaria de Richmond. Su padre – un euroescéptico que fundó el Referendum Party – le dejó una fortuna que ronda entre 200 y 300 millones de libras, perfectamente atesoradas en una cuenta offshore. Zac GoldsmithComo buena parte de los niños de clase alta, Zac tuvo una educación de privilegios: pasó por el prestigioso Eton College (o Colegio del Rey de Nuestra Señora de Eton) pero fue expulsado por fumar marihuana. A los veinte años se convirtió en el editor general de la revista The Ecologist, fundada por su tío, y comenzó su militancia verde. En esos tiempos aseguraba que, a diferencia de su abuelo, un importante empresario de hoteles que ejerció de parlamentario conservador, nunca firmaría la ficha de afiliación para los tories. Sin embargo, en 2010, entró a la Cámara de los  Comunes con la camiseta de la derecha bien puesta.

Aunque algunos conservadores lo consideran un progresista, el prefiere definirse como un liberal con ciertos aspectos libertarios. Sus votaciones no dejan lugar a dudas. Se opuso a que los banqueros paguen mayores impuestos por las primas, se manifestó en contra de reducir el IVA a las pequeñas empresas, y en marzo tuvo que renunciar como padrino de una ONG de discapacitados después de votar recortes en ese sector.

A diferencia de muchos otros millonarios, Goldsmith no expresa culpa por su riqueza. He sido capaz de hacer cosas que espero sean útiles como consecuencia del éxito de mi padre. No me disculpo por eso. – dice con seguridad, este parlamentario conservador, casado con la heredera del emporio cervecero Guiness.

Goldsmith, un asiduo jugador de póker y backgamon, que en su adolescencia, aprendió también el cricket, solo tiene una característica que lo asemeja a Sadiq Khan: conoce Oriente. Como otros ricos, viajó a la India y se internó en meditaciones en un monasterio ashram. Además, está fascinado con la ecología. Promueve la energía solar y el cuidado del medio ambiente. Sin dudas, él vive en uno de los mejores. En Barnes, uno de los bastiones más conservadores y ricos de la ciudad, tiene una mansión valuada en 2.15 millones de libras.

Los vecinos de la zona lo admiran. Este barrio hermoso contrasta mucho con lo que sucede del otro lado del río Hammersmith – dicen algunos. No son pocos los vecinos que consideran que, al otro lado, los orientales invadieron Londres.

Sadiq racismo

Sadiq Khan tuvo que llevarse muchas veces las manos a la cara. Debió sentir vergüenza y rabia cuando las patotas fascistas, antisemitas e islamófobas del National Front lo amedrentaron en la cancha del Wimbledon, y debió llorar al ver a su padre insultado y vapuleado por ser musulmán. Nunca creyó que volvería a sentir el mismo escarnio y la misma violencia como candidato a la Alcaldía de Londres. Tampoco Zac Goldsmith imaginó que algunos laboristas, tradicionalmente abiertos, utilizarían retrógradas posiciones antisemitas para referirse a él. Ken Livingstone, ex alcalde laborista de Londres, mostró un viejo problema de la izquierda: el antisemitismo disfrazado de antisionismo. Después de declarar que Hitler era sionista porque antes de enloquecer y matar a seis millones de judíos, quería mandarlos a Israel, recibió la crítica de todo su partido. El primero en reprenderlo fue justamente Sadiq Khan – quien poco antes había publicado una proclama contra el antisemitismo y la islamofobia-. El segundo en criticarlo fue su viejo amigo Jeremy Corbyn, que avaló su suspensión como militante laborista.

Quizás eso fue lo único que mantuvo a ambos candidatos cerca: el debate personal nunca rebasó los límites de lo ideológico. La historia, dijo alguien una vez, es la historia de la lucha de clases. No dijo lucha de nacionalidades ni lucha de religiones: dijo lucha de clases.

Sadiq Khan debió haberlo internalizado bien. Durante casi un año, propuso lo que se espera de un candidato laborista: políticas de izquierdas para mejorar la situación de los más pobres. Sus puntos fueron sencillos.  Planteó una política de vivienda protegida para que Londres – una ciudad en la que es más barato residir en un hotel cuatro estrellas que alquilar un departamento – evite la expulsión de los trabajadores a las afueras. Propuso el congelamiento de la tarifa del transporte público por cuatro años y planteó la recuperación de un servicio de salud destruido tras la gestión de Boris Johnson, con la inestimable ayuda de David Cameron. Pero nada de eso fue suficiente para los tories.

"Como abogado de DDHH, Sadiq no solo defendió a víctimas de brutalidad policial, sino a personajes que definió como desagradables"

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Sus competidores, manejados por el estratega australiano Lynton Crosby – a quien se conoce como el “Mago de Oz” – golpearon al púgil pakistaní en las costillas. Crosby, que ayudó al ahora ex alcalde Johnson a vencer al laborista Livingstone hace ocho años y que fue el artífice de la campaña de Cameron frente a Miliband, utilizó la misma estrategia que en la última campaña torie. Mcc0062391 . Daily Telegraph DT News Lynton Crosby the Australian Political Strategist seen by many as the man behind the Conservatives recent election win . London 11 May 2015Si el año pasado instaló la idea de un pacto postelectoral entre el Labour y el Scotish National Party – acusando a Miliband de favorecer así la independencia de Escocia -, en la campaña de Londres hizo lo propio: además de afirmar que Khan era un radical asociado directamente a las ideas de Corbyn, le endilgaron vínculos con extremistas islámicos. Y es que, como abogado del grupo de derechos civiles Liberty, Sadiq no solo defendió a víctimas de la brutalidad policial, sino también a personajes que el mismo definió como desagradables. A principios del 2000, representó a Louis Farrakhan, que luego sería jefe del grupo religioso Nación del Islam en Estados Unidos y se opuso a la posición del gobierno británico de extraditar a Estados Unidos a Babar Ahmad (un informático acusado de crear una web para recaudar fondos para atentados terroristas).

Por este último caso, la sección de antiterrorismo de Scotland Yard, fue acusada de espiar ilegalmente a Sadiq, instalando un micrófono en su casa para escuchar las conversaciones con Ahmad entre 2005 y 2006. Lo cierto es que Khan se manifestó contra la extradición. Pero Goldsmith también lo hizo. En 2012, mientras el Parlamento Británico discutía el asunto Ahmad, el parlamentario conservador tomó la palabra, se opuso en general a los tratados de extradición y agregó: La historia de Babar Ahmad está en la imaginación de la gente. Me han bombardeado con cartas. Ya no sé ni cuantas son.

Sadiq tuvo que defenderse demasiadas veces de vínculos con extremistas radicales en una ciudad que dista mucho de ser suicida. Luego de los atentados de julio de 2005, ningún londinense elegiría un Alcalde extremista. Y Khan no lo es.

"Su apoyo al matrimonio igualitario y su defensa de la mujer le trajeron a Khan problemas con la comunidad islámica"

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Su apoyo al matrimonio igualitario y su defensa de la mujer – Sadiq Khan se considera a sí mismo un feminista – le trajeron problemas con la propia comunidad islámica. Usted ha vendido su religión y morirá en nombre de Alá – decían las amenazas anónimas que, cada semana, recibía en su teléfono en el año 2013. El imán Mufti Muhammad Aslam Naqshbandi Bandhalev, jefe de la mezquita Jamia Islamia Rizvia del barrio de Bradford, llegó a llamarlo “apóstata del Islam” por su apoyo a las parejas gays y, durante un tiempo, Sadiq tuvo presencia policial en su casa. Sus posiciones contra el antisemitismo también son conocidas. Su Manifiesto de campaña fue el único que planteó una lucha común contra el  antisemitismo, la islamofobia y la discriminación sexual.

Sadiq cartel

Esta es la ciudad más cosmopolita del mundo – dice John, un joven simpatizante laborista de anteojos y barba hipster en las afueras del City Hall de Londres. Sadiq va a demostrar que cualquiera que tenga buenas ideas, sin importar la religión, puede gobernar.

Donna, que habita en Chelsea, no opina lo mismo. Para ella los musulmanes son extremistas y el gobierno de Londres va a incrementar su poder. En mi barrio cada vez hay más de estos. No nos representan.

Según datos del Muslim Council of Britain, en Londres viven hoy 1,012,823 millones de musulmanes (un 12,4 % de la población total) y en toda Inglaterra hay 1834 mezquitas. La percepción de muchos ciudadanos de una amenaza islámica resulta infundada.

La mayoría de los musulmanes que viven en Inglaterra son trabajadores precarizados que estudian en colegios públicos y trabajan en comercios. Casi todos ganan menos que un inglés que hace el mismo trabajo.

Abdul, un chico pakistani de 22 años, hoy está contento. Siente que eligieron a alguien que vivió y que piensa como él. Cuenta para la televisión, que esta noche saldrá con su novia a comer y brindarán, aunque sea con agua, porque la religión les prohíbe el alcohol. Sería un buen momento para tomar una copita – dice, entre risas.

Quizás, Abdul no sepa que su alcalde, padre de dos niñas y casado con Saadiya Ahmed desde 1994, tuvo una vez una cita similar. La primera vez que invité a Saadiya a salir, la llevé a un Mc Donald´s y después al cine. En ese entonces tenía veintitantos años y esa era mi idea de una cita romántica.

"Nací en una vivienda social cerca de aquí. Nunca soñé que alguien como yo podría ser un día Alcalde de Londres"

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Subió al podio como un campeón de pesos pesados. Con un saco y una camisa pero sin corbata, se acercó al estrado y sus competidores lo observaron desde atrás. Apoyó el papel y casi sin mirarlo comenzó a hablar.

Nací en una vivienda social a unas pocas millas de aquí. Nunca soñé que alguien como yo podría ser electo un día Alcalde de Londres. Y quiero agradecer a cada uno de los londinenses por haber hecho, hoy, posible lo imposible. Tengo una gran ambición para Londres, una ambición que me guiará cada día como Alcalde de esta gran ciudad. Quiero que cada ciudadano tenga las oportunidades que esta ciudad me dio a mi y a mi familia.

Los boxeadores del Earlsfield Boxing Club hicieron silencio. Sus hermanos, su madre, su esposa y sus hijas se miraron. Los jóvenes gritaron su nombre.

El colectivo número 44 lo había llevado hasta ahí.

 

 

 

 

 

 

 


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