10 / 10 | Política, Sociedad

WAR IS OVER

Bruno Bauer @bauerbrun Dibujo en Playboy y Mu. Escribo en Crisis y La Vanguardia.


La revolución ha terminado. Liberen a los presos políticos, repatríen a los emigrados, devuelvan lo confiscado, limpien la guillotina… pero no la desarmen, por las dudas. El pueblo se reúne en la plaza a festejar, Cecilia se abraza llorando a Ricardo y él, ganador, sonríe y dice “Ya pasó”. De lejos los vemos a Jorge y Alfredo, que saludan riendo. Los niños juegan, los globos vuelan. Suena Axel y entonces sabemos que todo va a estar bien. Ahora todos miran hacia la pantalla de LED gigante: va a hablar el rabino.

"En 2001 el lugar simbólicamente vacío del cuerpo soberano se vació realmente y hubo que llamar a la reserva, esa segunda línea que todo lo arregla"

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En 2001 el lugar simbólicamente vacío del cuerpo soberano se vació realmente y hubo que llamar a la reserva, esa segunda línea que todo lo arregla. Ya los conocíamos: “Frentes muy bajas, dentaduras amarillas, bigotes ralos de mulato o de chino y belfos bestiales publicaban la degeneración de la estirpe olímpica. Sus prendas no correspondían a una pobreza decorosa y decente sino al lujo malevo de los garitos y de los lupanares del Bajo. En un ojal sangraba un clavel; en un saco ajustado se adivinaba el bulto de una daga. Bruscamente sentimos que jugaban su última carta, que eran taimados, ignorantes y crueles como viejos animales de presa y que, si nos dejábamos ganar por el miedo o la lástima, acabarían por destruirnos.”

Y alegremente dimos muerte a todos: De la Rúa, Puerta, Rodríguez Saa, Caamaño, Duhalde, Menem. Y él, que era tan feo como los otros, pero estaba emperrado en no morir. Se trepó a la cabeza de Duhalde, a los hombros de Clarín, a los tallos de la soja, a los pañuelos de las Madres. Y gobernó desesperado, para no morir.

"Y mientras los electrodomésticos se acumulan tras paredes sin revocar y los inquilinos porteños reservan en Londres, los barrios se inundan y los trenes chocan"

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El kirchnerismo fue muy eficaz para hacer algo fácil de revertir como aumentar el empleo, el ingreso y, sobre todo, el consumo. Pero fue muy ineficaz para hacer algo difícil de revertir como mejorar las condiciones de vida y de trabajo. Y mientras los electrodomésticos se acumulan tras paredes sin revocar y los inquilinos porteños reservan en Londres y Varadero, los barrios se inundan, los trenes chocan y el pleno empleo salvaje nos rompe un poco más cada día.

Quizás conscientes de ello, decidieron insuflar la gestión con aires de épica. Tomaron la agenda progresista de los años ochentas y noventas para extraer de allí esperanzas y temores con un gesto de promesa realizada, de pasado cumplido. Quizás de fin de la historia.

Sin embargo, los problemas irreversibles crecieron a la luz de la indiferencia y aquel relato que hizo brotar ardientes lagrimones a los adolescentes ya viejos de la generación X hoy no sabe insípido y fallido. Frente a él, apenas se armó un contrarrelato de última hora, de ciudadanos movilizados, de dignidades insobornables, de colonos en armas. El mito de la sociedad civil, empero, sólo pudo recalentar por un rato a una camada de dirigentes y publicistas quemados, que mal sabían ocultar intereses corporativos más viejos. ¿Quién podrá ayudarnos?

"La pregunta es si estas soluciones municipales son capaces de gobernar una nación que ve peligrar lo poco que ganó y aún espera lo mucho que le deben"

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El poskirchnerismo, la generación intermedia, los nuevos intendentes. Una legión abnegada de políticos realistas, forjados en años de gestión silenciosa, que van a enfriar la política y ordenar la economía. O al revés, no importa. Dirigentes prácticos capaces de mantener todas las conquistas sociales sin inflación, sin confrontación, con inversiones extranjeras y corrupción moderada.

La encarnación de ese ideal realista ha resultado ser Sergio Massa. Como administrador del único distrito en dónde el sector ABC 1 crece más rápido que la pobreza, heredó un modelo de gestión digno de un balneario y lo puso a tono con la década ganada. Mientras los notables vuelcan litros y litros de cemento en las costas anegadas, en los barrios duros se extiende una red de manzaneras que, luego de cada tiroteo, lleva una oferta indeclinable: vos no llames a la prensa y nosotros te damos plata para el cajón y alguito más. Una política tan pudorosa como la de Posse, cuyos punteros invitan a periodistas y camarógrafos a no entrar a La Cava en temporada de inundaciones. O del mísero Jesús Cariglino, que ya aisló varias manzanas del barrio La Cabaña para asfaltar las dos únicas calles que ya estaban asfaltadas.

La pregunta es si estas soluciones municipales son capaces de gobernar una nación que ve peligrar lo poco que ganó y aún espera lo mucho que le deben. Sin son capaces de gobernarla sin montarse en los únicos modelos que conoció el último medio siglo argentino: o la administración estatal de la ineficiencia privada, o la rentabilización privada de la ineficiencia estatal.

No lo sé.

Pero hay gente que sí lo sabe. Periodistas, economistas, historiadores y sociólogos confían en que el kirchnerismo encontrará su salida. Y si no es Massa, será Scioli, o algún otro, porque la astucia de la historia resolverá las contradicciones, porque de las entrañas del kirchnerismo surgirá su superación, de la misma manera en que el propio kirchnerismo nació como piedra del riñón duhaldista. Porque del mismo dolor vendrá un nuevo amanecer.

Así, esta suerte de hegelianismo de barrio eslabona una historia argentina condenada al éxito. Luego de la revolución burguesa del ´83, tuvo que venir la acumulación primitiva de los transgénicos en los 90s. Luego del 18 Brumario de 2001, tuvo que venir el desarrollo de las fuerzas productivas de soja. Y ahora, una vez más, la Razón filtrará todo lo malo y dará cauce a todo lo bueno. Conservadores necios y progresistas emocionales nada pueden hacer más que marchar al basurero de la historia. Desdramaticemos: el progreso no puede fallar, el sentido de la Historia es sólo uno.

En 1851 Marx se cansó de los progres. Se hartó de reformistas como Ledru-Rollin, Ruge o Harney, qué desde 1848 sólo habían gestinado mal y se habían encerrado en el relato de la revolución francesa. Cortó lazos con todos y los maldijo para el resto de la Historia, confiando en que el mismo movimiento iba encontrar una dirigencia eficaz, que iba a tomar lo mejor la democracia social y a filtrar todo lo malo de la pequeña burguesía. Pasaron veinte años hasta que se produjo algo parecido, que de todas maneras fracasó. Marx murió diez años después y ya no esperaba nada.

Otros hegelianos confiaron en la unificación alemana, la libertad occidental y, alguno más modesto, en la zona del euro. Nada salió como planeaban. La Historia es una dama caprichosa, nunca confíes en que se resuelva sola.

Nunca confíes en la astucia de la Historia.

Demasiado Hegel puede matarte.

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2 Comentarios

  • SIC TRANSIT GLORIA MUNDI | Panamá Revista says: 14 diciembre, 2015 at 10:09

    […] la economía sencillamente explotó sin que haya gobierno alguno para firmarlo. El cónclave de feos, sucios y malos que juntó los pedazos del Estado sólo tuvo que ponerle el membrete a decisiones ya tomadas por la […]

    Reply
  • SIC TRANSIT GLORIA MUNDI says: 2 enero, 2016 at 22:43

    […] la economía sencillamente explotó sin que haya gobierno alguno para firmarlo. El cónclave de feos, sucios y malos que juntó los pedazos del Estado sólo tuvo que ponerle el membrete a decisiones ya tomadas por la […]

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