24 / 05 | Política

VIOLENCIA, NEGOCIO Y NORMALIDAD

Las dos horas que siguieron a la tirada de gas al túnel por parte de un hincha de boca fueron normales; en realidad fueron doscientos tipos que representan la clase media, en términos del costos de las entradas, que decidieron tirar botellas a los jugadores de River que estaban entre asustados y heridos. Los doscientos tipos que tiraban botellas imitaron la actitud que tiene que tener un hincha de fútbol que se considere machazo y con aguante. River de ahí se tenía que ir hostilizado.

Las hinchadas de bandas de rock también usan una lógica parecida; tratan de demostrar que a pesar de todo ellos están y que se la bancan, ¿contra qué se la bancan? no está muy claro, pero se la bancan. En la política pasó lo mismo, los cantitos que hacen al hincha fueron parte de la procesión militante. También había que mostrar que se la aguantaban contra alguien o algo. No es que la militancia solo se sostuvo por eso, pero fue parte importante de la liturgia que no viene sola. La estrategia de construir un otro que nos determina como grupo y como fundamento es más vieja que la ventosa, aparece así en línea transversal la misma épica para dos movimientos que articulan el discurso público: el fútbol y la política.

Con todo este proceso aparece una masa de gente pidiendo a gritos una religión que defender, un algo que nos cure la angustia del porqué estamos en el mundo. Identidad le dicen, pertenencia, un motivo. Un cuento que nos haga creer que aguantando el mundo tiene más lógica. Está bien, sirve y es lógico. Un relato esperanzador. Se puede esperar que un adolescente se abrigue en esta lógica, de hecho es casi como un reflejo, pero sino se procesa y se madura este tipo de actitud empieza a trabajar en un adulto casi como una afectación psicópata.


Es casi imposible que lo de la violencia en el fútbol se resuelva; hasta que no blanqueen que el fútbol es verdaderamente un negocio, que no son clubes u organizaciones civiles, sino que son empresas, esto no va a cambiar. Lo mejor que puede pasar es que se profesionalice; el desencadenamiento lógico que implica, fútbol- negocio-empresas, en seguida nos hace pensar en la pérdida de un valor que es la pasión: esa que nos hace aguantar, el los más machos y los más fuertes. Otro verso más. Preguntale a un hincha de los Dallas Cowboys si no le pasa nada cuando su equipo gana o pierde. Le pasan todas las cosas que pueden pasar y seguramente las viva con dolor y emoción. Para qué queremos más, para qué sirve y qué construye el altruismo de un hincha de fútbol que hace todo por sus colores. Para tener una sociedad menos violenta parece que no sirve, claramente no.

Somos herederos de una simbología de la pasión y el aguante y no se sabe bien qué es. Esa construcción es la que impide que se profesionalice el fútbol aún más, que los clubes sigan siendo clubes y valores. El paso lógico de cualquier iniciativa que crece es profesionalizarse. Esto también obligaría a ser más prolijos y transparentes con la plata que hay circulando. Tampoco hay que esperar que el fútbol sea lo que no somos como sociedad, pero si no hay un tema más importante que el fútbol en este país por qué no volverlo algo rentable, claro transparente, lógico y algo para imitar para bien. No se entiende bien a qué tradición tributa este juego que no puede ni siquiera resolver el tema dela violencia, de las mafias que viven del fútbol y los dirigentes que en vez de optimizar la cantera de jugadores y recursos que es el producto fútbol, se pierden en la mirada chiquita de tramitar el lindo bisnes sin darse cuenta de que es a costo de que explote todo mañana.


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