16 / 03 | Cultura

UN SALVAJE FRENTE AL ESPEJO


Charly García es un salvaje en un túnel de espejos. Podía romperlos todos y seguir en el ostracismo, pero salió de la cueva y sacó un disco, Random: la obra que lo enfrenta con su pesada herencia y con la complacencia destructiva de los fieles. El reflejo devuelve la imagen del músico que goza de buena salud y emerge con un disco que es bueno por el peso propio de una decena de lindas canciones con rigurosidad musical.

Para empezar hay que recordar que Random aparece después de décadas en las que Charly siguió de largo más noches que las que puso la cabeza en la almohada, y tras siete de años de silencio terapéutico, en el que se sumergió después de Kill Gil, ese disco fantasma que ya era viejo cuando salió a la venta. El paso del tiempo alimentó conjeturas carroñeras sobre la vigencia del músico ausente. Pero Randon no lleva la marca del retorno, sino de la continuidad.

Se trata de un disco corto, con diez temas y una duración total que no alcanza los 35 minutos. Como Piano Bar, como Parte de la Religión o como Clics modernos. Como todos esos, pero distinto. Éste, su decimotercer disco solista, fusiona los distintos Charly: letras y guiños muy Say no more y música ecléctica que recuerda sus etapas de pop, rock, funk  y folk.


"Random: la obra que lo enfrenta con su pesada herencia y con la complacencia destructiva de los fieles"

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La placa tiene reminiscencias de Parte de la religión, Cómo conseguir chicas y del Sui Géneris versión 2000 y su Sinfonía para adolescentes; y las influencias de los de siempre: The Byrds, The Who y The Beatles. Están todos, hasta Chopin. El revisionismo de su obra arrancó por él.

Para hacer Random, Charly apenas se valió de la ayuda de Rosario Ortega, que hace las veces de corista y de refuerzo vocal; del sobreviviente Fernando Samalea en batería, de la guitarra del chileno Kiuge Hayashida Soiza y de una pequeña participación de Antonio Toño Silva en la batería de uno de los temas. En las voces, pianos, teclados, guitarras eléctricas y acústicas, bajos, Ipads, batería electrónica, samplers y loops los créditos se los lleva él. Entonces Random es, tal vez, su disco más solista.

Pero su influencia no abarca sólo lo musical, el artista, además de componer todas las letras, se metió en el arte de tapa, con un estética Rock and Roll yo. Pero esta vez con ese desconcertante críptico Ichthus que hizo pensar en un García ex adicto que se acercaba a la fe como un proceso místico de redención. Nada de eso: García vuelve a la elegir el camino de la rebeldía.

"Random es, tal vez, su disco más solista"

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Random comenzó a venderse el 6 de febrero con La máquina de ser feliz, el primer corte que sirvió de anzuelo para ir como presas detrás de la obra, pero que de ninguna manera compone la mejor pieza del disco. La máquina es un single lindo, pegadizo y lavado por los coros. Cuidado al detalle para que la voz ajada de García no se empardara tanto con la de Ozzy Osbourne. Un tema que alude al último Sui, en el que Charly es Charly hacIa el final cuando presume de su influencia: “La máquina de ser feliz la tiene el Papa, la tengo yo”.

El segundo corte es tal vez uno de los temas más flojos del disco: Ella es tan Kubrick, un tiro por elevación a las chicas Almodóvar. Charly retoma su fanatismo por el director estadounidense al que ya le rindió tributo varias veces, especialmente en La hija de la lágrima, esa ópera-rock inspirada, en parte, en la película 2001: Odisea en el Espacio. La inspiración de este rock menor no parece rebasar las citas de películas como Lolita, Full Metal Jacket y El resplandor.

En la lista aparece Primavera, uno de los temas más celebrados del disco, en el que retoma la crítica a los vínculos mediados por las nuevas tecnologías en épocas en las que todavía no se creó la máquina de ser feliz. Con una guitarra con sonido banjo, García se pone ácido y advierte: “Ahora que estoy rehabilitado/ saldré de gira y otra vez / me encerrarán cuando se acabe / y robarán lo que yo gané”.  Cuatro minutos, treinta y seis segundos de irreverencia Say no more, en uno de los tracks más inspirados a nivel musical.

El disco alcanza su climax con Lluvia, un tema impecable, con un Charly reflexivo que dice: “Me escapé por ahí / y el colchón me chupó la angustia / y vas a estar bien / cuando el sol no nos vuelva locos”. Una balada mid tempo, armónica y delicada con destino de hit.  Pegadito viene Belive, rock en inglés que acaricia las formas de los Byrds o los Kinks.  Un rock sin formas que invita al coro y a mover un poco la cabeza.

Entre los puntos más altos del disco también está Rivalidad, en el que el músico pone a la grieta en su lugar y grita que viva la rivalidad de los que son incapaces de distinguir la música del ruido. A este groove movedizo le sigue Otro, un rock corto y macizo que nos transporta al García de principios de los 80. Un Charly en rehabilitación que pena “en la primera hora me dieron el papel / la concha de la lora / ahora lo tiene él”.

En Amigos de Dios, no le habla a sus afectos sino a los pastores que aparecen en pantalla después de la medianoche. De estribillo pegadizo y aproximación psicodélica hacia el final, Charly hizo de este tema un manifiesto lúcido y vigente contra la banalidad televisada: “Loco, cambio de canal pero sigue el recital / ¿con qué mierda drogan a la gente? / El cojo avanza, el mudo tiene voz / todos se esconden bajo de un telón”.

"el músico pone a la grieta en su lugar y grita que viva la rivalidad"

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En la antesala del final viene Spector, homenaje a  Phil Spector, el creador de Wall of sound y uno de los compositores de Be my baby, el tema que Charly toma de base, y que se hizo popular por The Ronettes, en los 60. Con sintetizadores y un piano al frente que es un viaje directo a la versión Sui de “Afuera de la Ciudad”, tema de Nito Mestre, arranca Mundo B. Para los fanáticos, este tema de ritmo ecléctico no es una novedad: ya lo había tocado en vivo varias veces hace más de una década, pero sin embargo no lo incluyó en Kill Gil, como muchos esperábamos. Para un disco redondo, un buen cierre en el que Charly, una vez más, mete referencia a los Beatles con ese final a puro “she loves you yeah yeah yeah”.

Alguna vez el flaco Spinetta dijo que el ego era la parte más débil de García. Ese mismo que Charly puso en juego con la edición de Random, el disco que podía profundizar el declive creativo en el que se había sumergido el músico en los últimos años. Para decepción de los profetas del sentido común, resultó una obra lúcida y detallista  que entra en conversación con el resto de su discografía.

El éxito de una obra tiene tres patas: forma, contenido y contexto. Charly no sólo reafirmó con Random la calidad músico-mito que comenzó a tocar el piano a los 4 años y escribió sus mejores letras en 15 minutos, sino que puso de relieve la inteligencia del artista que sabe cuándo dar el golpe. El golpe que le dio a los talones de la democracia cuando en noviembre de 83 sacó Clics modernos, con Los dinosaurios adentro; el mismo que asestó cuando editó Parte de la religión en plena efervescencia por la segunda visita del papa Juan Pablo II al país; o el que dio en el 94, con el menemismo reloaded, al publicar su obra más conceptual, La Hija de la lágrima.

"Spinetta dijo que el ego era la parte más débil de García"

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Charly lo hizo otra vez: reaparece con un disco que se revaloriza en cada escucha, cuando la imagen que se estaba perpetuando de él era la del músico encorvado sobre una silla de ruedas, con los huesos de sus manos ondulantes y el halo de morbo que acechaba. Por supuesto que Random no es el disco para empezar a escuchar a García. Mejor encerrate en tu cuarto. Apagá la luz.  Poné Clics modernos, Tango y Parte de la religión, uno atrás del otro. Cuando termines vas a conocer al artista y hasta quizás creas, como muchos de nosotros, que Charly es tu padre.



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