25 / 01 | Mundo, Política

UN PARTIDO, DOS CABEZAS

A. Oliva @ayelenoliva Politóloga. Periodista.


Si alguien, en algún momento, pensó que los diez meses de vacío de poder en España iban a ser gratuitos para los partidos políticos, ya puede confirmar su error. Las derrotas electorales dejan heridos, la incertidumbre tensiona, los años largos de campaña erosionan a cualquier organización.

En el caso del PSOE quedaron selladas a fuego las consecuencias más duras. El ala conservadora, encabezada por su principal dirigente en Andalucía, Susana Díaz, quien coquetea actualmente con la idea de presentarse a la secretaría general, logró llevarse puesto a su propio candidato a presidente. El primero –y hasta ahora, único- en ser electo directamente por sus militantes. Entre los conservadores del PP, si bien presumen cierto grado unidad ante las tensiones evidentes de los socialdemócratas, el reclamo de una mayor democratización en el mecanismo de selección de su presidente también logró escaparse del alambrado de las discusiones íntimas.

En este contexto, la interna de Podemos no resulta excepcional, aunque cuenta con dos particularidades. Una, el exhibicionismo brutal de sus discusiones que descoloca a sus seguidores y hace relamer los labios de sus adversarios. Otra, sus cortos años de vida que dejan al partido bastante más propenso al impacto de las balas que cualquier otra organización.


"Las derrotas electorales dejan heridos, la incertidumbre tensiona, los años largos de campaña erosionan a cualquier organización"

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Una foto más entre tantas

No hizo falta más que unas horas desde la destitución del diputado José Manuel López como vocero de Podemos en la Asamblea de Madrid, para que se hiciera sentir una nueva réplica del terremoto político que atraviesa la organización.

En el momento en que el secretario general del partido en la capital, Ramón Espinar, cercano a Pablo Iglesias, desplazó a uno de los principales apoyos de Iñigo Errejón como es López en Madrid, las respuestas desde del sector errejonista no se hicieron esperar. El diputado autonómico tildó la decisión de su propio partido de “vieja política”, mientras Errejón sostuvo que “ese no era el camino”.

Faltando unas horas para Navidad, el choque se amplificó desde las cuentas de Twitter de sus principales dirigentes, como Irene Montero o Pablo Echenique, desde la consigna #IñigoAsíNo dándole al tema un rebote público impresionante. Una vez más, los efectos del combate interno aparecieron como síntomas visibles en las redes sociales y en los principales medios, desorientando cada vez más a sus seguidores sobre el futuro del espacio.

"los efectos del combate interno aparecieron como síntomas visibles en las redes sociales y en los principales medios"

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La decisión de correr a López, unas horas antes de Nochebuena y tan sólo unas horas después de que se conociera el resultado de la consulta entre las bases del partido sobre el sistema de votación del próximo congreso estatal respondía, entre otras cosas, a la ajustadísima victoria electoral que había alcanzado Pablo Iglesias. Había que dejar limpio el terreno antes de que avance el fuego. La diferencia de tan sólo dos puntos sobre la iniciativa de Errejón, le había permitido a este último ensanchar la espalda puertas adentro de cara al próximo congreso interno.

Y como todo tiene que ver con todo, la dimisión de López se dio un mes y medio después de que Ramón Espinar le ganara las primarias madrileñas a Rita Maestre, vocera del Ayuntamiento de Madrid y mano derecha de Íñigo. Punto para un lado, punto para el otro y algún empujón ingrato.

Esta secuencia es una más entre otras tantas que proyecta la interna caliente en Podemos y que deja en evidencia que cualquiera puede ser fácilmente desplazado de su responsabilidad en el caso que la dirigencia del partido lo consideren necesario.

En España, ese país que suele burlarse de esta obsesión argentina de enlatarse cualquier facción política con un –ismo, actualmente resulta imposible entender la política sin marcar terreno entre el pablismo y el errejonismo.

"España, ese país que suele burlarse de esta obsesión argentina de enlatarse cualquier facción política con un -ismo"

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Cavar trincheras o desplegar las velas

Si queremos entender lo que pasa al interior de Podemos, debemos tener en cuenta, en primer lugar, que no son dos sino tres las corrientes que coexisten actualmente dentro del partido. A las dos anteriores, se le suma una tercera minoritaria, la llamada izquierda anticapitalista, con el eurodiputado Miguel Urbán y Teresa Rodríguez de Andalucía a la cabeza. Esta corriente consiguió en la consulta de diciembre sobre el sistema de votación un 10 por ciento del respaldo de sus bases, porcentaje nada despreciable que podría convertirla en el árbitro de la partida que tendrá lugar en febrero.

Ahora, ¿cuáles son los motivos por los que enfrentan las distintas facciones? En su cara más visible, lo que se está discutiendo es el modelo organizativo y el camino a seguir. Las diferencias comenzaron a hacerse sentir con más fuerza después de las elecciones de diciembre del 2015. Esa fecha fue un punto de bifurcación para Podemos porque “por primera vez de forma más clara, se plantearon diferencias estratégicas en el interior del partido”, según describe el documento político presentado por Errejón, hace unas semanas, que lleva el título de Desplegar las velas.

Los debates internos acerca de los pactos en el Parlamento que podrían haber facilitado o impedido la formación de gobierno, así como la alianza electoral con la Izquierda Unida que terminó por llevarlos juntos en las elecciones del 26 de junio aunque perdiendo votos, generaron tensiones, muchas críticas y una fisura entre las partes que hace cada vez más difícil tender puentes.

"En su cara más visible, lo que se está discutiendo es el modelo organizativo y el camino a seguir"

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Por estos días, los programas políticos presentados por separado funcionan como cimiento para el próximo congreso del partido, conocido como Vistalegre II, que tendrá lugar el segundo fin de semana de febrero, en el mismo momento en que los conservadores del Partido Popular estén revisando su propia estrategia política. En esa instancia, los militantes de Podemos podrán elegir los documentos (políticos, organizativos, éticos y de igualdad) que prefieran y la listas de candidatos a la formación del Consejo Ciudadano.

Pero en definitiva, Vistalegre II se ha convertido en una especie de plebiscito sobre la figura de Iglesias y una balanza capaz de medir el peso de Errejón puertas adentro, más que en un auténtico debate sobre el proyecto. No tanto porque Errejón busque ocupar el rol de Iglesias como secretario general sino por la necesidad de demostración de fuerza que le permita negociar y no ser absorbido (ni su figura, ni su modo de entender la política) por la lógica actual del partido.

En definitiva, lo que se está discutiendo es la supervivencia o no del monstruo político de dos cabezas en un momento de bifurcación de las estrategias. ¿Es momento de resistencia y consolidación de los 5 millones de votos o de ensanche y ampliación de una nueva mayoría social? ¿De qué modo se va construir poder popular en las calles? ¿Es momento de torcer la política del PP desde el Parlamento o mejor concentrarse en organizar la militancia para el 2018 en base a la convicción del rol estéril que envuelve al Congreso? ¿Estas estrategias son complementarias o excluyentes? ¿El debate “parlamento vs calles” es tramposo o necesario? ¿Es hora de hablar de izquierda o de continuar pensando la política desde un modelo de construcción agonista?

"¿Es momento de resistencia y consolidación de los 5 millones de votos o de ensanche y ampliación de una nueva mayoría social?"

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“Las élites siempre quieren parlamentarizar los conflictos como una manera de desactivarlos, mientras que si el pueblo está, habla, debate y participa, se consiguen los cambios”, argumenta el documento político de Iglesias que se debatirá en el próximo congreso del partido, que lleva el nombre Plan 2020. El poco interés que Iglesias parece darle al trabajo parlamentario es una de las diferencias fundamentales con Errejón.

Pero, a su vez, en Podemos actualmente forcejean tres lógicas de hacer política que intentan complementarse aunque por momentos parezca imposible. De un lado la participativa, herencia de los acampes del 15M, que exigen mayor descentralización y un ejercicio de consulta permanente a sus bases a través de referéndums digitales o votación en encuentros estatales. Otra, es la lógica transversal que busca crear un gran espacio de confluencia de las distintas fuerzas territoriales, incluso de aquellas preexistentes a la formación del partido, con características, historias y demandas bien diferentes. La tercera, es la tradicional lógica verticalista que facilita la conducción ejecutiva de una organización popular que busca ser cada vez más ancha.

Tanto Pablo como Iñigo saben que para hacer andar al monstruo político que implica una organización de masas se necesitan liderazgos fuertes. Lo atípico del caso está en que éste cuenta con dos cabezas, por tanto, si lo que buscan es continuar con la misma estructura organizativa el desafío será que el más grande no devore al más chico, sino deberán modificar la lógica de construcción del partido.

"Tanto Pablo como Iñigo saben que para hacer andar al monstruo político que implica una organización de masas se necesitan liderazgos fuertes"

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Iñigo aclaró varias veces que no disputa el lugar de Pablo como secretario general. Pablo, por su parte, comentó que si pierde el apoyo a su documento político abandonaría el cargo.

Vistalegre II llega entonces como corolario de estas tensiones. El mejor escenario para evitar la fractura pero que, a su vez, permita a las distintas corrientes ser oídas, sería repetir el ajustado resultado electoral de las internas de diciembre pasado: un triunfo apretado para Pablo, un segundo lugar fuerte para Iñigo y un tercer actor con peso capaz de inclinar la balanza, en el caso de ser necesario, para los anticapitalistas. Hay mucho puesto en juego en cada lado. Los efectos letales de tensar cada vez más la cuerda pueden ser inmediatos. Veremos qué pasa.


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