24 / 09 | Política

UN MILAGRO PARA MARGARITA


 

Las últimas PASO fueron marcadas por el bajo desempeño electoral del centroizquierda no kirchnerista. Si Hermes Binner había quedado en un lejano segundo lugar –pero segundo lugar al fin– en  las presidenciales de 2011, Margarita Stolbizer apenas obtuvo un 3,5% y no es evidente que en octubre mejore ese resultado. Sumado a esto, el socialismo ganó por muy poco su apretada disputa provincial con Miguel del Sel y en las PASO Binner quedó cuatro en la categoría senador. Apelando a las omnipresentes imágenes psi que priman en nuestro país, La Nación tituló tras las PASO “La centroizquierda, en el diván tras la caída electoral”, e incluyó en el artículo varias explicaciones de analistas que van desde el (no) armado nacional hasta el discurso y la campaña. Sin duda, ambas cosas influyeron: ni el vice de Stolbizer –el desconocido Miguel Ángel Olaviaga– ni su candidato a gobernador –Jaime Linares– suman nada a la candidata que, hay que decirlo, agarró un espacio en crisis tras el fin de Unen, dinamitado por la estrategia de Carrió y Sanz de armar un frente de salvación nacional republicana con el macrismo. Ni siquiera en Santa Fe le fue bien, ya que los socialistas  llevaron boleta corta para mantener su alianza con los radicales, que están en Cambiemos.

Como suele ocurrir, no sabemos qué habría pasado si Margarita hubiera hecho otra cosa, pero dada la escasa cosecha de votos parece difícil que le hubiera ido mucho peor. Beatriz Sarlo, que apoya públicamente al frente Progresistas, era partidaria de instalar “grandes ideas”, como la igualdad, y desarrollar propuestas alejadas de esas trilladas ideas atrapa todo (como tener mejor educación o reducir la pobreza, así en general, en línea con el sentido común) y plantear, por ejemplo, qué hacer con el Estado, su administración pública y con una educación generadora de desigualdad. El lema “Igualdad y decencia” iba en se sentido, pero para la ex directora de Punto de Vista, la meta debía ser apostar con mayor énfasis a construir un espacio socialdemócrata en la Argentina, con una mirada de largo aliento. Sin duda, no es la primera vez que existe tal apuesta. Intelectuales como De Ípola y Portantiero apostaron a esa vía con Alfonsín, luego la propia Beatriz lo hizo con el Frepaso, otros –ya con menos entusiasmo–, apostaron al Frente Progresista en 2011 y, sin duda, existe una minoría intectualmente activa partidaria de una izquierda moderna capaz de instalar en la agenda del país temas relevantes que combinen igualdad e institucionalidad aunque esa alternativa no pueda ganar una elección nacional.

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¿Por qué no hay socialismo en la Argentina?


El debate sobre por qué no hay socialdemocracia en la Argentina podría ser muy largo y siempre contrafáctico. Dos textos interesantes al respecto, para alimentar el debate, son La hipótesis de Justo, de Aricó (donde reconstruye el imaginario de socialismo de Juan B. Justo y su optimismo en el avance del socialismo junto con la modernización del país) y “¿Por qué no existió un fuerte movimiento obrero socialista en la Argentina?” de Juan Carlos Torre (donde resuena explícitamente el texto Por qué no hay socialismo en Estados Unidos, de Sombart). Algunos responderían hoy que eso pasa porque sí tenemos peronismo, pero eso oculta que los problemas del socialismo para conquistar a las masas y que antes del peronismo hubo radicalismo (e yrigoyenismo). Claro que, en el fondo, este tipo de preguntas pueden conducir a pensar el problema como una anomalía, como si, en efecto, debiera haber habido socialismo en la Argentina, o un movimiento socialista fuerte, porque así fue en Europa, y ahora un partido socialdemócrata. Pero también se puede pensar, no en término de necesidad sino de deseabilidad.  ¿Sería deseable y productiva una fuerza socialdemócrata en la Argentina? Yo creo que sí.

Pero todos estos debates no interesan a Stolbizer ni a la centroizquierda actual. Margarita, además, no proviene de la tradición socialista sino que su sensibilidad socialdemócrata viene del radicalismo storanista (es decir, se trata de una socialdemocracia que jamás usaría el término socialismo democrático para definirse). De hecho, ella es quizás la última storanista, cuando Storani ya no lo es y apoya la alianza con el Pro. Y sin duda, apeló al voto radical progresista donde creyó tener potenciales electores. El problema es que el kirchnerismo fue más eficaz que Progresistas para reinventar un Alfonsín casi antisistémico –que luchaba contra las corporaciones– para usarlo en su favor.

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Progresismo sin trabajadores y anticorrupción

En verdad, hoy ese votante radical supuestamente molesto por el acuerdo por Macri parece existir más en la cabeza de los líderes del centroizquierda que en la realidad electoral. Y, pese a levantar las banderas del progresismo, el énfasis de Stolbizer en la corrupción kirchnerista (recién ahora, con el Niembrogate , comenzó a denunciar al Pro) la colocó como una suerte de ala izquierda del antikirchnerismo, como el ala progresista de la oposición liberal-republicana (en ocho provincias, el GEN va en alianzas grandes con el pro y el massismo). Como invitada de honor del programa de Leuco en lugar de proponer una visión más transversal que pudiera captar a quienes ven en Scioli a un candidato peronista tout court, alejado de visiones progresistas y un menemista convencido hasta… 1999.

Es cierto que ser progresista cuando el peronismo toma esas banderas es casi un imposible. Si el menemismo en los 90 liquidó, vía cooptación, al centroderecha (la UCeDé de Alsogaray), el kircherismo, en tanto versión de centroizquierda del peronismo, contribuyó al debilitamiento del progresismo no peronista por una doble vía: atrayendo a algunas de sus expresiones más permeables a lo nacional-popular (ex frepasistas, sabbatellismo, etc.) que se terminaron por disolver en el magma peronista y empujando al resto hacia posiciones republicanas liberales que a la postre llevaron a un sector a la convergencia de Cambiemos en nombre de la salvación de la República.

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Le Monde Diplomatique identificó temas tabúes en esta campaña: entre ellos, el extractivismo y la despenalización del aborto, además de la reforma impositiva. En ambos casos, Progresistas podría marcar la diferencia, pero el énfasis en la corrupción (un tema sin duda fundamental, pero que no puede ocupar todo el discurso) anula casi todos los demás. No sé si eso da votos pero al menos permitiría construir un proyecto (al final, ahora no hay ni votos ni proyecto). Sin carisma ni un discurso que atraiga al público, el énfasis de Margarita en las denuncias de corrupción la aleja de un perfil presidencialista y la colocan como una buena parlamentaria, precisamente cuando debe disputar en desventaja la presidencia con tres figuras ya instaladas desde antes que ella se lanzara a tratar de ocupar el espacio vacío dejado por la renuncia de Binner tras la crisis de Unen.

Por otro lado, el discurso y la campaña de Progresistas parecen rechazar cualquier esfuerzo por vincularse –política, cultural y estéticamente– con los sectores populares y los trabajadores (ningún conflicto atrae su atención), y se concentran en una porción de las clases medias satisfechas materialmente. Parafraseando libremente a Andrew Camble, un progresismo que no haga referencia a las clases sociales –ni a los de arriba y los de abajo– deviene rápidamente un liberalismo adscripto a un consensualismo republicano que no pone nervioso a nadie (y en política a veces es bueno hacerlo).  No es casual que haya sido el kirchnerismo, y no el progresismo, quien salió a mostrar su entusiasmo con la reciente victoria de Jeremy Corbyn en las elecciones laboristas británicas. Tampoco que este espacio piense la política en una lógica tan localista, precisamente en un momento en el que el poder de las finanzas genera una serie de indignaciones y protestas globales, y numerosos debates en torno a crisis como la de Grecia e incluso al capitalismo actual como tal… en todas esas discusiones el progresismo argentino está ausente, ninguna palabra sale de su boca, sumado a que carece de mística política (la que le sobra al peronismo) y en ese sentido, no es sorprendente que entusiasme tan poco incluso cuando el kirchnerismo lleva a un exmenemista como candidato (y no hablamos de ganar sino de ocupar un espacio, digamos, del 10%).

Si el stock de imágenes del progresismo argentino se limita al alfonsinismo, a la Alianza (incluso la experiencia rosarina no ha podido ser procesada, por varias razones, en esta clave) y predomina la inercia por sobre la capacidad de reinventarse con creatividad, el milagro de un 10% resulta un imposible (valga la redundancia).

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2 Comentarios

  • Un curioso says: 25 septiembre, 2015 at 13:00

    Me encanta que este sea el mismo autor que “Voto Trotsko” explicado a un finlandes a partir de Weinfeld, y me gusta más todavía que le hayan dado pasto al PTS para poder escribir luego. Hay cosas que en la vida uno no se las puede perder. Stefanoni, seguramente vos estás pensando en hacer una especie de carrera a lo Jorge Alemán o Ricardo Forster, la nada nadea.

    Por eso te pido encarecidamente que cuando te hagas las preguntitas sobre dios te la jugués un poco más. Fijate que el fiasco de Marga muestra otras realidades, ya que Panama es bien filo K, pese a que vos podes despacharte con estas cositas al menos no pecar de ingenuidad. Yo sé que es un club de amigos y que carroñeaste todo lo que pudiste con el juicio que hiciste del Trostkismo típico de revisionista y oportunista por eso veo que siempre seguís por la misma senda y uno se pregunta si al final tan bella carrera puede terminar así sin prisa y sin pausa. Como tu lector, me da un poco de “Risa” siquiera que plantees que lo de Marga realmente pueda ser es socialismo.

    Como estudiante de historia que parece que sos tus apreciaciones sobre Sarlo, Ipola y cía, deberían por lo menos decir la verdad, “La socialdemocracia radicheta” estaba tan atada de pies y manos como la soberanía política de la mano de Cristina Fernandez de Kirchner. Son Mitterand no la Segunda Internacional, son Tony Blair, no los espartaquistas No usen el realismo político berreta onda Pagina 12 para todo porque al final de la vida hace mal.

    Hay algo que me divierte de ustedes. Me divierte que estés velando el cadáver de Stolbizer, espero que poses tus ojitos en la pagina de facebook de la misma Panamá dónde los improperios contra líder del movimiento son mayores.

    Acordate que Sarlo que es una delirante a esta altura del partido-para ella Duhalde salvó el país en 2002, un reflejo maoista y loperreguista- y parece más interesada en escribir para Fonteveccia que en tener una ideología, ya dijo que su esperanza era una especie de PT, y su progresismo, es justamente arruinar propuestas de izquierda un poquito más potables y vos sabes qué está pasando con el PT ahora ¿no? Dejen de currar con todo este cuento de la socialdemocracia que si podría haber existido debería haber sido con Juan B Justo pero nunca ocurrió.

    Si el stock de imágenes del progresismo argentino se limita al alfonsinismo, a la Alianza (incluso la experiencia rosarina no ha podido ser procesada, por varias razones, en esta clave) y predomina la inercia por sobre la capacidad de reinventarse con creatividad, el milagro de un 10% resulta un imposible (valga la redundancia).

    Tu derrotismo, tu seguidismo, y tu filo kirchnerismo, yo que vos me la juego y le hago una entrevista a Leopoldo Moreau, sólo van a mostrar que si bien el Milagro para Altamira fue grotesco y el futuro del FIT es bastante “incierto” por decirlo de una manera amable, los intelectuales canapé que sólo sirven para dónde hay un ingreso lo suficientemente importante para perderse en estas delicadezas terminan de ser un testimonio maravilloso de cómo “NO HACER UN ANALISIS POLÏTICO”.

    Y borralo cuando quieras.

    Por otro lado, el discurso y la campaña de Progresistas parecen rechazar cualquier esfuerzo por vincularse –política, cultural y estéticamente– con los sectores populares y los trabajadores (ningún conflicto atrae su atención), y se concentran en una porción de las clases medias satisfechas materialmente. Parafraseando libremente a Andrew Camble, un progresismo que no haga referencia a las clases sociales –ni a los de arriba y los de abajo– deviene rápidamente un liberalismo adscripto a un consensualismo republicano que no pone nervioso a nadie (y en política a veces es bueno hacerlo). No es casual que haya sido el kirchnerismo, y no el progresismo, quien salió a mostrar su entusiasmo con la reciente victoria de Jeremy Corbyn en las elecciones laboristas británicas.

    Acá casi que necesitas un poquito de Jauretche, ¿no te diste cuenta cuál es la corrección política de los socialistas impotentes por siempre que además le piden la escupidera a Scioli para poder sobrevivir en Santa Fe? Te falto el análisis de que el PS la estructura de ese movimiento está bien limada por los narcos, y sobre todo que Perotti que muerto Obeid es por poner a Santa Fe dentro de la tranquera del peronismo.

    Jeremy Corbiy lo apoyen porque es lo fácil, Maduro y Dilma, lo díficil lo vamos viendo.

    Sacando eso. Me gusta que se insista pero “tantos pases mágicos” para decir que Marga es una candidata poco menos que irrelevante no da.

    Y hay un tema que tenes mucha razón, debería haber empezado por ahí, “Clase media satisfecha materialmente”, con eso tenías todo, analiza por qué hay tan poca gente clase media conformista y café con leche y tener la tarea bien hecha.

    Espero otra de tus perlas pronto.

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  • Lucio Geller says: 25 septiembre, 2015 at 19:26

    No deberían permitirse comentarios como el del curioso anónimo. Los leés y te da pena esa actitud tan enferma de algunos ¿izquierdistas?. Los comentaristas debieran identificarse con nombre, apellido y documento. No vale eso de ampararse en las sombras y tirar piedras.

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