02 / 11 | Prensa y democracia

TXT: PERIODISMO Y PROGRESISMO EN EL CAMBIO DE ÉPOCA

Panamá Revista presenta una serie de textos sobre la prensa durante la aún breve pero intensa historia de la democracia argentina. Una relación simbiótica y competitiva que unió por el amor y por el espanto al sistema que los argentinos elegimos para vivir, para obedecer y para ordenarnos con el de las empresas que vivieron de relatarlo. Hoy, que los cambios en las condiciones políticas y de mercado indican un cambio de etapa con alcances aún desconocidos, es oportuno recorrer la historia de la prensa y la democracia a través de los proyectos periodísticos nacidos y criados en ella.


Ese mundo que declinaba como impostura se iba elevando como una onda de luz para revestirse de realidad, para penetrarla y transfigurarla.

LEONARDO SCIASCIA, El Consejo de Egipto 

The Times They Are A-Changing


“Soy Carmen Sevilla y quiero recomendarles la revista de Castelo”. El spot televisivo, protagonizado por Joaquín Sabina, parecía sintetizar el cúmulo de malentendidos que constituyeron la serpenteante y breve trayectoria de la Revista Textual, más conocida como TXT. “Cógela en el kiosko”, remataba en el anuncio el cantautor español, haciendo gala de un enfanterribilismo ya un poco demodé que sería una de las marcas identitarias de la publicación. Y sin embargo, también hubo otras, más valiosas, que contribuyeron a hacer de la revista un producto original y recordable. Aun en sus contradicciones, que acaso fueran las de una época.

Marzo de 2003 todavía no parecía el mejor momento para sacar una publicación al mercado. La breve presidencia de Eduardo Duhalde llegaba a su fin y —aunque la economía había iniciado una lenta recuperación— el país todavía se veía conmocionado por los efectos de la crisis. El mercado de publicaciones no escapaba a esa situación. Según la Asociación Argentina de Editores de Revistas, la tirada nacional de ejemplares, que en 1973 alcanzaba los 233,8 millones, en 2002, había tocado un piso de histórico de 49,7 millones. Internet comenzaba a expandirse y los medios de comunicación sobrevivían como podían en el contexto enrarecido de la posdevaluación. Además, para muchos potenciales lectores, todavía resultaba dificultoso reunir los $4,90 necesarios para acceder a la sucesora de 3 puntos , ya en declive definitivo. Y sin embargo, el panorama no impidió la salida de TXT. Se trataba de la nueva apuesta editorial de Capital Intelectual, la empresa de Hugo Sigman, quien, junto con su socio Ariel Granica, editaba en Argentina la versión cono sur de Le Monde Diplomatique, y producía Mirá lo que te digo, el exitoso ciclo radial de Adolfo Castelo.

"Un cambio de tono que parecía augurar un cambio de época: lo peor de la crisis había quedado atrás."

Compartir:

Días antes de salir al mercado, Castelo presentó su producto en los medios como “una revista progredivertida y no dramática”, que contrastaría con el acartonamiento que adjudicaba a su antecesora. La iniciativa intentaba combinar el rigor periodístico con el clásico registro humorístico centrado en la ironía, que había caracterizado a los proyectos en los que había participado el famoso conductor y humorista, desde Semanario Insólito hasta La noticia Rebelde. Un cambio de tono que parecía augurar un cambio de época: lo peor de la crisis había quedado atrás. Cógela en el kiosco.

Un Comienzo Difícil

Para que las cosas quedaran claras desde el comienzo, en el número lanzamiento se introdujo un disclosure que aclaraba quiénes eran los accionistas que financiaban la revista y cuáles eran sus negocios, y se especificaba la intención del medio de no verse condicionado en su libertad e independencia.

Sin embargo, el año 2003 había sido pródigo en operaciones de prensa y una de ellas, lanzada desde el pasquín sensacionalista El Guardián —de Raúl Moneta—, había involucrado el nombre de Hugo Sigman. Al decir de María Fernanda Villosio, redactora de política de TXT, El Guardián era “una publicación semanal de tono escandaloso y escasa tirada, que no daba a conocer quién era su editor responsable, ni especificaba a los integrantes de su staff”. “La tapa era la careta de Castelo y la cara de Hugo Sigman. Era un apriete de alguna clase y al empresario le dio pánico”, cuenta al respecto Edi Zunino, actual jefe de redacción de Noticias, y por entonces editor de política en TXT. En ese contexto atribulado, los debates sobre la nota de tapa del número 1 generaron las primeras tensiones de importancia. Granica, el socio de Sigman, comenzó a reclamar que las notas de la revista afectaran lo menos posible los intereses de políticos y empresarios, y prefirió una tapa sobre cuestiones internacionales. La invasión norteamericana a Irak se producía en el momento propicio. María y Santiago O´Donnell, subdirectora y editor general de la publicación, tenían en cambio la idea de que había que pisar fuerte de entrada con una nota de investigación periodística dura. En consecuencia, defendieron la tapa que vinculaba con el narcotráfico a la familia de Juan Carlos Romero, el candidato a vicepresidente elegido por Menem para competir contra Kirchner y López Murphy. La investigación de Rafael Saralegui (h) incluía documentos de la DEA y afectaba directamente la imagen pública del gobernador salteño en plena campaña. El 21 de marzo de 2003, finalmente, la revista salió a la calle. El título de tapa fue “¡Qué hijo de Bush!”. La nota sobre Romero quedó relegada al interior de ese número y los O´Donnell perdieron su primera disputa al interior de la redacción. Pronto llegarían más.

IRAK OK

Pero no era todo. En ese número lanzamiento, el enviado especial a Bagdad, Jorge Zicolillo, contribuyó con dos notas centrales para el tema de tapa: “Hijos de Saddam” y “Resistir por Alá”. En la primera, abundaban los testimonios pormenorizados de la situación local y las descripciones de la ciudad y su gente: “Hashim sonríe con gesto de triunfo. ´Hicimos zanjas alrededor de la ciudad. Vamos a llenarlas de petróleo, y las prenderemos fuego cuando comiencen los ataques´”, comenzaba la crónica. Aunque detrás de la prosa atractiva de Zicolillo se encubría un secreto: contra lo que suponían los editores de la revista, aquel viaje jamás se realizó. Descubierta la impostura, el hombre que nunca estuvo debió enfrentar una demanda por estafa por parte de Granica, editor responsable de TXT. Pionero de la posverdad o simple falsificador, no era la primera vez que Zicolillo incurría en prácticas que reñían con la ética de la profesión. En su libro La voz de la revolución, publicado en 1998, había copiado personajes y pasajes textuales de la famosísima novela La revolución es un sueño eterno, de Andrés Rivera.

"detrás de la prosa atractiva de Zicolillo se encubría un secreto: aquel viaje jamás se realizó"

Compartir:

Pero a pesar de las reservas de la empresa, durante su etapa inicial la revista no solo investigó a Menem y su círculo: “Nuestra idea era pegarles a todos por igual”, manifiesta al respecto Santiago O´Donnell. También en el primer número, Gonzalo Álvarez Guerrero presentaba la campaña de López Murphy como la primera totalmente coucheada de la política argentina, y revelaba de qué manera operaban los publicistas para mejorar la imagen pública del bulldog. Y en el número siguiente les tocó a Kirchner y a Carrió. Desde Chaco, Marta Dillon indagaba sobre los orígenes conservadores de Lilita, y tematizaba su personalismo y los esbozos de un inminente giro a la derecha por parte de la entonces dirigente del ARI. Por su parte, una investigación de Martín Sivak informaba que Crónica TV había cobrado $134.310 a la provincia de Santa Cruz por transmitir actos de campaña y discursos del gobernador y candidato del Frente Para la Victoria. El canal, que facturaba ese servicio como “cobertura de actos” y “publicidad”, no informaba a los televidentes que las emisiones no constituían noticias, sino espacios publicitarios orientados a promover la figura del futuro presidente. Aunque esa nota era la apuesta fuerte de la segunda semana, la nota de tapa del número 2 hablaba sobre la CNN y “la guerra que no se muestra”. La historia se repetía; las tensiones internas también.

No obstante, aún en sus contradicciones, en sus primeros números la revista resultó interesante, ya desde la estética innovadora y minimalista del diseño, —a cargo de Martín Marotta— y la fotografía —con nombres como Diego Levy, Santiago Porter, Patricio Pidal y Martín Felipe—, ya desde sus investigaciones, o bien en virtud del lugar que otorgaba a las crónicas de Cristian Alarcón y a las de colaboradores recurrentes, como Daniel Riera y Juan Pablo Meneses. Para los lectores más adictos, también resultaban atractivos los guiños entre Castelo y quienes buscaban en el producto la reproducción de Mirá lo que te digo en formato revista. Secciones como “El desafío TXT” —en el que el director de la publicación ofrecía devolver el importe que figuraba en tapa al lector defraudado que demostrase mejores argumentos que él—, o el “Contrasumario”, que enunciaba los temas trillados de la farándula, la política y el espectáculo que el lector no encontraría en cada edición de la revista. En ese mismo espíritu funcionaban las columnas de Gillespi y Carlos Barragán, y la sección rotativa “Amigos”, en la que firmaron nombres como los de Bobby Flores, Lalo Mir, Fernando Peña, Juan Castro, Fabiana Cantilo, Horacio Fontova o Virginia Innocenti. Hasta qué punto aquel material más liviano podía convivir armónicamente con las investigaciones de fondo impulsadas por los O´Donnell, es materia de controversia. “Había una discusión sobre si queríamos hacer periodismo de investigación más dura o algo más cool”, dice María O´Donnell al respecto. Por su parte, Martín Sivak afirma: “Los O´Donnell tenían en mente la idea de llevar a un formato semanal el modelo del Washington Post y el New York Times, muy en la tradición anglosajona del periodismo. Y Castelo iba a hacer las gracias, aunque a la mayoría de los que entramos no nos hacía reír Castelo. Él era el popular y los O´Donnell los que se proponían hacer algo más de fondo, con elementos de periodismo narrativo”. La tensión entre dos modelos alternativos también es mencionada por Carla Castelo. En Diario de un ironista, la biografía sobre su padre, la periodista manifestó: “Se jugaban dos modelos diferentes de periodismo. Uno político, conservador, retrógrado, otro mucho más innovador y absurdo”.

En todo caso, aquella combinación daba cuenta de una amplitud y heterogeneidad que anticipaba futuras disputas. Donde 3 puntos había elegido mostrar sus charlas-debate y sus ciclos de conferencias, TXT apuntaba a la galería fotográfica de la zapada nocturna y los tragos con amigos, como en la producción fotográfica sobre la fiesta con la que se celebró el inicio del proyecto. Allí coincidían personajes del rock —García, Aznar, Juanse y un Andrés Ciro al que todavía no le habían robado la tostadora—, con periodistas que aún no podían sospechar sus derivas de la década que se iniciaba: Lanata, Bonasso, Tognetti, Caparrós, Montenegro, Sietecase. Los tiempos estaban cambiando.

Excursus: una tournée mediática

A finales de 2003, Néstor y Cristina Kirchner aparecieron en la foto anual de los Personajes del Año de revista Gente. Los ubicaron en el centro de la escena, al lado de un avejentado Raúl Alfonsín, y flanqueados por Mirtha y Susana, las sempiternas divas de la televisión argentina. Los rodeaba el elenco perenne de rigor, un staff variopinto en el que cabían Charly García, Araceli González y el inevitable Tinelli. En el número siguiente, la publicación anunciaba el primer reportaje a la esposa del presidente desde que aquel resultara electo. La foto y la entrevista motivaron una airada crítica de José Pablo Feinmann, quien escribió en Página 12: “Cuando uno habla en Gente es Gente la que habla. Diga uno lo que diga”. Al decir de Feinmann, en el semanario de Atlántida, Cristina devenía chica de tapa, incluso aunque fuera un cuadro político valioso. El reclamo del conocido polígrafo anticipaba una deriva del kirchnerismo que no existía en su momento de gestación, y que tenía mucho de épica del encierro: hablar para los propios y desde el espacio propio.

Sin embargo, en los momentos iniciales de su gobierno, Néstor Kirchner solía aparecer en los medios mainstream a los que más tarde combatiría. El “¿sabe que dice la gente? Se viene el zurdaje”, que perdura en la memoria colectiva como símbolo de un encuentro televisivo tenso con Mirtha Legrand, fue más bien un momento excepcional de una transmisión que tuvo poco de extraordinario y funcionó dentro de los cánones de cordialidad esperables para un programa de esas características.

CFK OK

Pero Kirchner sabía que precisaba encontrar pronto un enemigo en la prensa, rol que recayó casi inmediatamente en el diario La Nación. Luego del discurso de asunción de Kirchner y la editorial alarmada que le dedicó como respuesta Claudio Escribano, el diario de los Mitre se había constituido en el antagonista ideológico ideal. Clarín, en cambio, fue un aliado de la primera hora. En los canales del multimedio se hablaba positivamente del descontracturado y campechano estilo K, que hacía caso omiso de las rigideces del protocolo. Santo Biasatti y María Laura Santillán presentaban a Kirchner como a un hombre común puesto ante una situación extraordinaria: el héroe inesperado de la frente ensangrentada por la cámara, el que tomaba con torpeza el bastón presidencial, el que firmaba documentos importantes con una bic. Un tipo común, acaso un lector de Clarín. En las habituales reuniones que mantenía en Olivos o en Casa Rosada con Héctor Magnetto, coincidían en temas como la continuidad con el programa de Duhalde, la dirección económica sostenida por Lavagna, la renovación de la Corte Suprema o el congelamiento de las tarifas de los servicios públicos. El trato era amable y hasta de cierta camaradería, y los medios del grupo Clarín obtenían de primera mano todas las primicias sobre el rumbo de la gestión. En una de las radios del grupo se transmitía Mirá lo que te digo, el programa de Adolfo Castelo que serviría como plataforma para el lanzamiento de TXT.

El Tigre y el Delfin

En los años en los que Kirchner estuvo al frente del gobierno santacruceño existió una verdadera política de medios; o bien, según la versión que escuchemos, la voluntad de crear una prensa adicta. Lo cierto es que, a través de la pauta oficial, el gobierno provincial condicionaba a los medios locales, en los que las críticas a la larga gestión del futuro presidente brillaban por su ausencia. Como ha señalado Graciela Mochkofsky en Pecado Original, “los periodistas vivían en la abulia”. Kirchner, que adjudicaba a los medios de comunicación un poder enorme, siempre creyó que el periodismo independiente era un mito. Para el santacruceño, los escribas de la hora eran meros portavoces de los empresarios que los contrataban, que jamás daban puntada sin hilo. Así, si la prensa era buena, vigilada era mejor.

Las ideas sobre la inexistencia de la independencia periodística que profesaba Kirchner, primero en privado y más tarde públicamente, no diferían mucho de las que habían manifestado sus antecesores, aunque aquellos solo se habían expresado de esa manera en sus círculos íntimos. Tampoco distaban tanto de lo que muchos periodistas suelen manifestar en sus charlas laborales cotidianas, en las que afloran cuestiones que atañen a temas como la censura y la autocensura. En 2002, Roberto Caballero se expresaba al respecto en estos términos: “el único periodista independiente es el periodista desocupado. (…) El nuestro es un dilema cotidiano entre la verdad del medio en el que trabajamos y nuestra propia verdad”.

DELFÍN OK

El 9 de mayo de 2003, días antes de aquella segunda vuelta electoral que jamás se realizaría, TXT dedicó a Kirchner su nota de tapa. El título, que presentaba a Kirchner como “El delfín de Duhalde”, condensaba una idea arraigada en buena parte del progresismo de la época. Desde “Te avisa”, su columna habitual, Castelo anunciaba: “una disección desde Santa Cruz para entender cómo gobierna, y estar prevenidos”. Y remataba: “Porque es mejor estarlo: se vienen los muchachos peronistas”. Carlos Barragán, por su parte, tituló “Robar con onda” a su columna de esa edición, en la que aludía al santacruceño como el Nestorgénito del mandatario saliente. En la nota de fondo, Jorge Camarasa describía a Kirchner como: “ni muy progre ni tan transparente, y poco afecto a la división de poderes”, y le atribuía un vínculo viciado con la Justicia local en el que Carlos Zannini jugaba el rol de malo de la película. La nota incluía una breve entrevista:

  • Está convencido de que será presidente…
  • Sí, estoy seguro —sonríe.
  • ¿Usted es progresista? ¿Cómo se puede serlo y estar aliado con el PJ bonaerense?
  • Lo que pasa es ésta es una etapa de refundación y yo quiero construir política en base a consensos, a acuerdos, frentes. Lo que tenemos que hacer es cualificar el sistema institucional. No hay instituciones respetadas. Hemos quebrado moralmente…
  • Pero, ¿frentes con quiénes?
  • Le digo con quiénes no: los que no pueden volver son María Julia, Kohan, Kammerath. Ni los nihilistas fundamentalistas, ni los ladrones.

Pero en junio algo había cambiado. TXT publicó un apartado con la firma de Martin Solmesky en el que anunciaba que se desmentía a sí misma: “En el número 8, la revista ilustró con un pescado su tapa titulada ´El delfín de Duhalde´. En el 10, el título ´Hoy, cordero patagónico´ fue acompañado por una ovejita de peluche. Pero el presidente Néstor Kirchner no es nada de eso. Es un tigre´”. Y aunque la nota alude al signo del mandatario en el horóscopo chino e incluye testimonios de la astróloga Ludovica Squirru, también oficia indirectamente como guiño sobre un cambio de percepción hacia el presidente.

"Para el santacruceño, los escribas de la hora eran meros portavoces de los empresarios que los contrataban"

Compartir:

Dos meses después, la revista le dedicó la nota de tapa a Cristina Kirchner y le atribuyó el rol de pieza clave de la nueva configuración de poder. Es más, la publicación afirmaba que la futura mandataria había decidido bajar su perfil para no entorpecer la construcción de su marido: “En ella radica el ADN de esa incógnita llamada kirchnerismo”, dice al comienzo de la nota María Fernanda Villosio. Más allá de posibles exageraciones, la publicación se constituía en pionera de la valorización de la importancia de la entonces senadora y primera dama, como anticipándose a la impugnación de la idea del doble comando proclamada por Joaquín Morales Solá desde La Nación en los años iniciales de la segunda presidencia del Frente Para la Victoria.

Me arrepiento de este amor

En diciembre de 2003, TXT cerró el año con una nota de tapa de alto impacto. La periodista María Fernanda Villosio consiguió una entrevista con el ex secretario parlamentario del Senado durante el gobierno de De la Rúa, Mario Pontaquarto, en la que confesaba haber entregado coimas a varios senadores justicialistas para que aprobaran la ley de reforma laboral que había impulsado el entonces presidente. El asunto, que en su momento había provocado la renuncia de Chacho Alvarez, precipitó la primera crisis institucional del gobierno de la Alianza. A cambio de la entrevista, en la que Pontaquarto daba información pormenorizada sobre el origen y destino del dinero y detallaba el modus operandi del pago, la revista pagó 18 mil dólares para que la familia del declarante pudiera salir del país, además de ofrecerle los servicios legales del estudio de abogados Wortman Jofré-Isola.

Scan0002

La nota sería una bomba y salpicaría a gran parte del arco político, por lo que el editor de política, Edi Zunino, le comentó a Ariel Granica lo que tenía entre las manos. El asunto no fue fácil: “hubo que convencer a la empresa de que había que hacerlo, porque era una primicia que hasta fue tapa del New York Times y El País”, cuenta Zunino, que solo logró su objetivo a condición de “avisarles a Cristina Fernández y Alberto Fernández que esa nota se iba a publicar”. “Fue una formalidad, como para decirles, ´esto tiene una trascendencia institucional muy importante, va a sacudir a dos poderes del Estado´. Pero ya estaba todo cerrado. La nota estaba hecha, no fuimos a pedir permiso”, agrega Villosio. En ella, se presentaba a Pontaquarto como el “primer arrepentido político de la Argentina” y el primero que se había animado a romper un “código de silencio”. Fue un boom. Las ventas de TXT, para entonces alicaídas, repuntaron en forma repentina, y la publicación pareció recuperarse. Pero duró poco.

La Fractura Interior

Para entonces, el breve periplo de TXT ya había atravesado tensiones irremontables. A las discusiones sobre el tono de la revista se sumaron los reposicionamientos configurados durante los meses iniciales del gobierno de Kirchner. La situación era particularmente delicada, porque ponía en el centro de la escena la cuestión de la tensión entre ética profesional y adscripciones ideológicas o simpatías políticas. “El progresismo estaba medio fascinado con Kirchner (…). Era un proyecto que enamoraba mucho a los que venían de 3 puntos”, cuenta María O´Donnell. Y agrega: “Pero nosotros no, yo no me fascino. A mí el manejo de los fondos de Santa Cruz me preocupaba. La guita en Suiza, me preocupaba. (…) Queríamos que nuestro lenguaje fuera el periodismo”. En el mismo sentido Santiago expresaba: “Al principio la idea era pegarles parejo a todos (…) pero seis meses después prácticamente al único que se le podía pegar en la revista era a Macri”. Y, lógicamente, también al menemismo residual. Las tensiones internas se extremaron. Al respecto, Martín Sivak, manifiesta que “estaba muy molesto, porque me habían prometido una cosa y estaba pasando otra”. Luego de una reunión de redaccion, en la que el periodista mantuvo fuertes discusiones con Granica, parecía no haber retorno: “Eran demasiados los lugares que no se podían tocar. Sigman quería una revista humorística montada sobre el éxito comercial de Castelo. Potenciar la Marca Castelo y hacer periodismo sin tener problemas”, dice al respecto. La situación precipitó la salida de los hermanos O´Donnell y de Sivak, futuro autor de Clarín. Una historia. Carla Castelo, en cambio, considera que: “Sigman y Granica no se metían (…) ni en el debate que había adentro de la revista ni en el contenido”. Para la hija del director de la publicación, la revista era de su padre: “él era el que ponía el nombre y la cara”.

leb OK

Lo cierto es que la segunda etapa de la TXT tocó coordenadas políticas cada vez menos sensibles. Al igual que otros medios de la época, buscó incorporar cada vez más temas vendedores y levemente transgresores, como el consumo de marihuana y otras drogas recreativas, y las “tendencias” en el ámbito de la sexualidad, la noche y la urbanidad. La estrategia era habitual entre las publicaciones progres de esos años, que se diferenciaban discursivamente de Gente y otras revistas frívolas, pero apelaban a prácticas comerciales similares para atraer al lector: mostrar piel o incluir a personajes famosos. En su último año, las notas de tapa abordaron temas como el sadomasoquismo (Tirame el cuerito), el inminente final de la telenovela Resistiré (A punto de acabar), el tratamiento del sexo en la televisión (El lado porno del corazón, con María Ritó desnuda en la tapa), la consolidación de Buenos Aires como “nueva meca del turismo sexual” (Esto es un quilombo), o bien recurrían a figuras mediáticas como Roberto Pettinato, Sandro, Juan Castro y hasta los hermanos Pimpinela, reivindicados desde una gestualidad pop.

"Lo cierto es que la segunda etapa de la TXT tocó coordenadas políticas cada vez menos sensibles."

Compartir:

La enfermedad de Castelo, afectado por un cáncer que espació cada vez más su presencia en la redacción, dejó el producto en manos de su hija Carla, el diseñador Martín Marotta y el secretario de redacción Javier Calvo, preocupado por garantizar la continuidad de la publicación. Las ventas, sin embargo estaban en baja, incluso pese a que la revista venía acompañada por la más satírica Barcelona desde el número 25. La muerte de Castelo, que generó una de las tapas más tristes de las que se tenga memoria, precipitó el final de una publicación acaso demasiado apegada a la figura de su director.

El fin de la inocencia

A fines de 2004, el mundo del periodismo se vio sacudido por un episodio que tenía a Julio Nudler en el centro de la escena. El periodista manifestó púbicamente que el habitual panorama económico que publicaba en Página 12 había sido censurado por presiones del gobierno. Algunos miembros de la asociación Periodistas, conformada para luchar por la defensa de la transparencia periodística durante el gobierno de Carlos Menem, se hicieron eco de la denuncia, pero el director de Página, Ernesto Tiffenberg, negó que se tratara de un caso de censura y llamó a que la organización no se convirtiera en una “Conadep de los medios de comunicación”. Su defensa no cayó bien en el seno de la institución y afloraron las diferencias. Cuatro de sus miembros, incluso, decidieron renunciar: Uki Goñi, Claudia Selser, Tomás Eloy Martínez y Claudia Acuña. La fundadora de Trespuntos, la antecesora de TXT, envío una airada carta a la institución en la que manifestaba: “Nudler habló del suicidio de Página. Yo consagro aquí el de Periodistas”. No se equivocaba: la lista de renunciantes pronto sumó otros nombres: Norma Morandini, Silvia Naishtat, Carlos Gabetta y Jorge Lanata. Contra Menem habían estado mejor.

"Los tiempos habían cambiado y comenzaba a esbozarse una época de alineamientos,"

Compartir:

Periodistas, tal como había sido concebida, había dejado de existir. Corría el mes de noviembre. Días después falleció Adolfo Castelo. En diciembre TXT dejó de salir.

Los tiempos habían cambiado y comenzaba a esbozarse una época de alineamientos, en la que se generalizarían conceptos antes ceñidos al ámbito de los especialistas, como “construcción de la realidad” o “relato”. Batalla contra los medios hegemónicos o periodismo de guerra. Quizás exagerado, pero, en todo caso, una era en la que pareció cada vez más difícil posicionarse al margen de los tirios y los troyanos. Un tiempo para el periodismo que seguramente haya que volver a revisar, sobre todo para mejorarlo. Acaso estas palabras no hayan sido más que una invitación.

muerte castelo

Bibliografía mencionada en este artículo

BLAUSTEIN, Eduardo, Años de Rabia. El periodismo, los medios y las batallas del kirchnerismo, Buenos Aires, Ediciones B, 2013.

CASTELO, Carla y CASTELO, Daniela, Castelo. Diarios de un ironista, Buenos Aires, Sudamericana, 2011.

MOCHKOFSKY, Graciela, Pecado Original: Clarín, los Kirchner y la lucha por el poder, Buenos Aires, Planeta, 2011.

AGRADECIMIENTOS: Los autores agradecen la buena disposición de todos los entrevistados para esta nota y la colaboración de los jóvenes periodistas Pablo Barragán Grondona y Carla Pérsico. Como siempre, la ayuda del personal del Archivo Roberto Santoro de TEA (@archivotea) ha sido inestimable.


You Might Also Like

Comentarios

Dejanos tu comentario