21 / 10 | Política

TROSKOS DE MIERDA

Mariano Ferreyra fue asesinado hace seis años por una patota de la burocracia sindical. Era militante trosko. Pertenecía, por ende, a una tradición insultada y burlada. La de esos seres extraños que parecen dispuestos a todo por la revolución. Son rojos acostumbrados a perder y a luchar.
Mariano Schuster @schusmariano Jefe de redacción de La Vanguardia. Editor en Nueva Sociedad.

A Esteban Sargiotto y Lucas Malaspina

Parece que algunas generaciones de trabajadores no verán otros tiempos. Ellos van, principalmente, a luchar. No es poco lo que les corresponderá demoler y sufrir: de lo que se trata es de rehacer el mundo.

Victor Serge. Humanismo socialista contra totalitarismo.


Yo soy el camino, la verdad y la vida

Jesús. Evangelio según Juan 14, 1-6

 

Son obstinados y trágicos. Suelen tomarse en serio lo que dicen y lo que hacen. A veces, demasiado en serio. Si no están con los suyos, pueden ponerse a la defensiva. Desde hace casi cien años, parecen francamente hinchapelotas. Tienen esperanzas. Aunque el mundo se obstina en no darles la razón, ellos creen estar en posesión de la verdad. Parecen exóticos y delirantes. Muchas veces… son exóticos y delirantes. Hablan de la revolución social. Alzan los puños y las banderas rojas. Marchan por y con los obreros. Algunos, claro, son obreros. La palabra “burgués” los enloquece. La palabra “proletario” los emociona. Aunque parezcan raras avis, no son distintos a usted y a mí. Ellos también sonríen y aman. Bailan y beben. En definitiva, viven. Ellos quieren creer y creen.

Cuentan con una fe inquebrantable en León Trotsky, revolucionario soviético de barba chiva. Judío cosmopolita y elegante. Lo dicen con orgullo: “Es el hombre que hubiese podido fundar un mundo nuevo”. Tienen sobre sus espaldas el peso de su derrota. De todas las derrotas.

"La palabra “proletario” los emociona. La palabra “burgués” los enloquece"

Compartir:

Fue asesinado por el estalinismo por decir la verdad – gritan, ante ciudadanos que apenas saben quién fue Stalin y quien fue Trotsky. No olvidan que un día, en el exilio en México, un esbirro del régimen soviético golpeó la cabeza más rebelde con un picahielo para aniquilar la revolución. Pero tampoco olvidan que la revolución no depende de un hombre y que no pudieron aniquilar nada.

A diferencia de otras izquierdas, ellos son internacionalistas. Así haya dos o tres de ellos en el rincón más lejano del mundo, lo considerarán un compañero. En sus casas suele haber un colchón para el forastero que pretenda alzarse contra el poder.

Mientras otros juegan un picado o se besan furiosamente en la plaza, ellos hacen su “plenario” un día domingo. Discuten como será el mundo nuevo. Discuten como lo crearán de las entrañas del viejo. Discuten, discuten, y discuten. Son troskos.

Ilustracion 1

A veces, son incluso más emocionantes que su héroe. Trotsky, que pretendía fundar el socialismo, no tuvo piedad con los obreros anarquistas de Krondstadt y los fusiló  en plena revolución rusa. Ellos, en cambio, no fusilaron a nadie. Aun así, lo defienden con uñas y dientes. Pegan su foto en las paredes de las universidades. Pegan su foto sobre las publicidades de la vía pública. Pegan su foto en las paredes de la ciudad. Cuando les preguntan ¿Ustedes también pegan todos estos carteles en sus casas? Ellos contestan: Sí, también.

Sus enemigos se cuentan a millones: estalinistas, capitalistas, reformistas y pequeño-burgueses. Los han acusado de ser un invento de la CIA, de formar parte del lobby judío, de dividir al movimiento popular. No importa de quien se trate: el trosko es el enemigo. Ellos, simplemente, resisten.

En sus bibliotecas no faltan Marx y Lenin. Los sacan a relucir en cada discusión y en cada debate. Tienen una posición crítica para cada intelectual. Reformista, desviacionista, revisionista, pequeñoburgués, cientificista. Ellos van con sus verdades a cuestas. Con su dogmatismo y sus esquemas. No importa: son suyos.

" Sus detractores suelen decir: Con esos troskos de mierda no se puede construir nada."

Compartir:

Los troskos son objeto de burla constante. Están locos. Son unos dementes. No ganan una elección. Sus burladores están a la derecha y a la izquierda. Un trosko funda cuatro partidos. Un trosko es divisible por tres. Estos no hacen la revolución si no tienen wi-fi. Si van a la selva se vuelven porque les pican los mosquitos. Con mayor o menor gracia, los chistes hablan más de quien los hace que de quien los recibe.

Dicen que todos son lo mismo y ven complots mundiales para destruir su causa. Hacen actos delirantes. Se movilizan por cada guerra y anuncian la inminente caída del capitalismo. Publican libros de autores rusos. Acusan a sus enemigos de antiobreros. Se pelean entre ellos. Tachan de tibios a los izquierdistas rosados. A veces, parecen soberbios. Otras, poéticos.

Defendieron causas perdidas cuando lo único perdido era la realidad. Mientras las izquierdas estalinistas y nacional-populares callaban los crímenes de la burocracias – fueran estas soviéticas, cubanas o chinas – ellos levantaban su voz para denunciar, a la vez, los males del capitalismo y la degeneración de los comunistas.

Las izquierdas moderadas o nacionalistas los acusan de “hacerle el juego a la derecha”. Y ellos les responden: La derecha también son ustedes. Lo hacen desde sus periódicos, cuyos nombres ya lo dicen todo: Prensa obrera, Voz proletaria, La izquierda diario,  El Militante, Palabra obrera, Avanzada socialista. En la vida no hay que andar con eufemismos.

Ilustracion 2

Sus detractores suelen esconderse detrás de la realpolitik. Tienen razón pero es imposible. Si con esos troskos de mierda no se puede construir nada. Cuando sus enemigos moderados llegan al gobierno no nacionalizan la banca ni expropian tierras. No hay reforma agraria ni democracia sindical. Los que decían que no se puede, ni siquiera lo intentan.

Se presentan a las elecciones y, aunque tienen momentos de auge, no suelen ganar. Sus consignas suenan a otro planeta: Nacionalización de la banca. Estatización de los recursos bajo control obrero. Expropiación de todos los capitalistas. En general se los acusa de tener un casete en la boca. Ellos contestan con una parte de la cinta: Ya lo decía Marx: Los comunistas no ocultan sus ideas e intenciones.

Entre otros países, Argentina fue su casa. Por estas pampas desfilaron tribus de troskos de diverso pelaje. Intelectuales como Héctor Raurich y Antonio Gallo, delirantes como Homero Cristalli (J.Posadas) que creía haber descubierto que en Marte ya había socialismo, hombres de letras y pensamiento como Silvio Frondizi y Milcíades Peña, y dirigentes como Nahuel Moreno y Jorge Altamira. Detrás de ellos, hubo militantes obstinados y valientes. Enfrentaron dictaduras y terrorismos de Estado.

Los troskos argentinos son especiales. Especialmente hinchapelotas. Están siempre ahí, alertando que todos los males provienen del sistema. Que no se puede luchar contra una parte si no se combate el todo.

Integran sindicatos y ganan comisiones internas. Movilizan a sus bases y se caracterizan por la radicalidad. Toman las Facultades, hacen asambleas y gritan por la revolución frente al estudiantado. En sus filas hay psicólogos, abogados, torneros, masajistas y lustrabotas. Cada cual cree en lo suyo: Psicología y lucha de clases, abogacía y lucha de clases, tornos y lucha de clases, masajes californianos y lucha de clases, lustrabotas y lucha de clases. Para ellos hay una lucha y hay que posicionarse: tienen claro su lugar.

Quienes pasamos por la Universidad de Buenos Aires, no podemos imaginar un mundo sin troskos. Sería tan utópico como uno sin animales o plantas. La entrada de los compañeros pidiendo unas monedas “para el fondo de lucha de los presos políticos de no sé dónde” se queda grabada para siempre. Pueden reírse si quieren. Pero detrás de esas monedas para el fondo de lucha, hay presos políticos reales.

"Los troskos están para cambiar el mundo. No quieren parar hasta conseguirlo."

Compartir:

No transigen ni tranzan. Si reprime Cristina, alzan su voz. Si reprime Macri, también. Los más honestos la alzan incluso contra las represiones del propio Trotsky. Están para cambiar el mundo, y no parecen querer parar hasta conseguirlo.

Mariano Ferreyra era uno de ellos. Militaba en el Partido Obrero. El 20 de Octubre de 2010 marchó junto a sus compañeros para solidarizarse con los trabajadores tercerizados del ferrocarril y fue asesinado salvajemente por la patota de la burocracia sindical de la Unión Ferroviaria. Aunque el poder político intentó evitarlo, su líder, José Pedraza, está preso. Las componendas político-judiciales le granjearon, sin embargo, una apacible prisión domiciliaria.

Mariano Ferreyra iba por el mundo con su desprecio a las burocracias y a los representantes del capital. Con su odio de clase y sus pasión a cuestas. Con sus banderas rojas y su algarabía. Con su obstinación y su fe. Con sus ganas de creer y sus derrotas.

Mariano Ferreyra era trosko. Si no lo hubiesen asesinado, algún idiota se estaría burlando de él.

Ultima ilustracion

 

La foto del padre besando al hijo es del usuario Maga Zulu en Flickr

La foto con los carteles de Trotsky y Marx es de Belén Gonzalo

 


You Might Also Like

Comentarios

Dejanos tu comentario