08 / 06 | Cultura, Política

TORCUATO, LABORISTA INGLÉS

Mariano Schuster @schusmariano Jefe de redacción de lavanguardiadigital.com


Jocoso, altivo, vestido con un tweed de estilo británico, el hombre solía pasearse por las inmediaciones de las calles Lafinur, República Árabe Siria, Cerviño y Ugarteche, en aquel barrio al que ya algunos empezaban a llamar Palermo Zoo y en el que presumiblemente vivía. Lo hacía, al menos en el recuerdo del cronista, durante aquellos años infames de helicópteros y recambios presidenciales en la Pink House en los que nosotros, imberbes guevaristas enmarañados de un sovietismo tardío, creíamos estar asistiendo al espectáculo de las asambleas revolucionarias de las que saldría algún Vladimir Ilich a indicarnos el camino hacia una nueva era que, llevaría a los obreros al poder y colocaría una bandera roja a flamear en cada esquina. Porque, si algo estaba claro, era que aquel infantilismo de las cacerolas y los piedrazos a las instituciones bancarias, debía corporizarse en un liderazgo que emergiera de nuestros clasemedieros soviets.

El tipejo, supuse, no simpatizaría con mi idea. Porque, esto lo dictaminaba con el desfachatado ojeo de alguno de sus artículos, se trataba de un evidente enemigo de clase. Un socialdemócrata peronizado o algo similar: un frepasista chachista que no vería con malos ojos a Eduardo Duhalde, jefe de la transición a quien, como afirmó Doña Beatriz, jefa espiritual del movimiento socialdemócrata, todavía le debemos su 18 Brumario.

Sin embargo, haciendo gala de una adolescente y exasperante incontinencia, el cronista de unos dieciocho se le animó en plena calle, uno de esos revolucionarios días de 2002.


Disculpe Don Torcuato – lanzó el púber que, aunque defendiera el marxismo leninismo no estaba dispuesto a perder las formas – ¿no le parece que estamos ante un momento de estallidos revolucionarios y que llegará definitivamente la revolución socialista con un líder nacido de la lucha asamblearia?

El Ingeniero Di Tella, que rajaba a algún sitio de manera presurosa, se frenó en seco, me dirigió una jocosa sonrisa y contestó tres palabras que el cronista recuerda hoy con cierta ternura: No. Está equivocado. Aquel confirmó, entonces, que aquel no era un socialista revolucionario. El problema es que, luego, también lo confirmaría para sí mismo.

"Torcuato Di Tella fue el único miembro Argentino de la Fabian Society"

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Torcuato Di Tella era un problema para unos y otros, un batifondo intelectual que ayudaba a mover las aletargadas mentes de una Argentina que siempre eligió dormir mientras los Estados Unidos preferían soñar. American Dream, Argentine Sleeps – dijo alguna vez el poeta Mario Trejo. Pero él, Don Torcuato, era un producto típicamente argentino: hijo de un emprendedor italiano – antifascista, socialista liberal de la estirpe de los Carlo Roselli y la muchachada garibaldiana del Partito d’Azione- que, con el discreto laburo de la fabricación de heladeras, había conseguido el mote único e irrepetible de “burgués nacional”.

Quizás, como aquel aspirante a revolucionario o a cronista en los albores de la juventud, fueron muchos los que nunca consiguieron identificar a Torcuato Di Tella de un lado o del otro de las ideologías nacionales (y aquí la palabra se apunta en el concepto marxista en stricto sensu). ¿Era de izquierda o de derecha? El hombre lo decía con claridad: Soy un marxista de extrema derecha. Es decir, un socialista moderadísimo, con la irreverente distinción – frente al resto del almidonado mundo socialdemócrata – de considerar la fortaleza de los sindicatos y de los trabajadores.

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Lo descubrió, claro, en el único país en el que su alternativa política se desarrolló alguna vez. La Inglaterra que forjaron -mal que le pese al querido Winston Churchill- los Fabianos, esos socialistas liberales y modernos auspiciados por Sydney y Beatrice Webb. Allí se inscribió, siempre, la tradición de Di Tella. El laborismo original era un peronismo civilizado, que contaba con sindicatos y obreros, para establecer un socialismo rosadito, cuyas espadas intelectuales no podían ser sino dandys que aspirarían, finalmente, a Lores. Di Tella, que buscó verdades en Yugoslavia – donde descubrió que la autogestión de Tito era poco menos que una chantada-, en Suecia, y en Israel – “el único lugar en el que trabajé…en el kibbutz, porque enseñar sociología no es trabajar” – encontró sus armas en Londres, donde nunca finalizó el ansiado doctorado en la London School of Economics porque se dedicaba a participar más asiduamente de las reuniones del Partido Laborista.

Fue -al menos este cronista no tiene datos que comprueben lo contrario- el único miembro Argentino de la Fabian Society. Ni siquiera Nicolás Repetto y Enrique Dickmann, socialistas argentinos que participaron en los Congresos de la Internacional en la Inglaterra de Attlee de 1946, llegaron a la membresía. Tampoco Dardo Cuneo, quien intentó crear una organización similar en Buenos Aires. Promediando el 55, brindó una charla para aquellos laboristas ingleses que escuchaban con atención su verba socialista pero antiperonista.

Expliqué cómo veía a la Argentina, y dije que yo apoyaba los cambios porque el anterior gobierno había sido dictatorial, y que como cosa temporaria, estaba bien que algunos socialistas, como José Luis Romero –que era Interventor en la Universidad– o gente progre o de izquierda, como Gino Germani o Risieri Frondizi, estuvieran apoyando al régimen, críticamente o no tan críticamente. En la conferencia había mucha gente, como sesenta personas, entre ellos un periodista inglés, que trabajaba en el Economist, y que me dijo “usted se equivoca, porque los socialistas en los países del Tercer Mundo tienen que apoyar a los movimientos nacionalistas populares, aunque éstos sean dictatoriales, como el de Nasser”.Pero yo le contesté que la Argentina no era parte del Tercer Mundo, que tenía una tradición liberal y democrática, floja, pero de casi cincuenta años, que en cambio Egipto nunca tuvo. Este laborista inglés fue la primera voz socialista que escuché diciendo que había que apoyar al peronismo, y fue en la Sociedad Fabiana de Londres. – dijo en una entrevista magistral.

Su posición posterior, la del socialismo liberal pero algo peronizado y con potencia obrera ¿se explica por ese encuentro? No lo sabemos, pero concluimos que fue nuestro laborista fabiano. Lo fue, además, porque su espíritu era el de George Bernard Shaw, con quien compartía el gusto por la polémica y la frase hilarante. Shaw, con su barba casi rabínica, sus arrebatos irónicos, su racionalismo ilustrado y también sus tentaciones por el socialismo práctico, fue el hombre que concilió socialismo con sentido del humor. Lean su Pigmalión y no se pierdan su Manual de socialismo y capitalismo para mujeres inteligentes, obra decididamente feminista. Pero yo no me atrevería a afirmar que “Los ingleses tienen tres cosas importantes y ninguna de las tres es inglesa. El whisky es escocés, el té es ceilandés y yo soy irlandés” sea mejor que “Mi relación con el gobierno nacional es muy buena; desgraciadamente no me da más que el 0,7% del presupuesto nacional.”

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Ahora, cuando releemos sus frases descubrimos a nuestro George Bernard Shaw. No sé si hay que rebuscar en toda su obra – algunos de sus trabajos fueron definidos por él mismo como delirantes (y eran geniales) – pero confío en que él mismo era su obra. Lo sabe, de primera mano, Gabriel Puricelli, socialdemócrata de otra estirpe indefinida e indefinible, a quien secuestró en Roma durante un día para narrarle su anecdotario laborista inglés e invitarle vinos a los que les hacía colocar etiquetas de Gramsci y Marx.

"Para los izquierdistas era demasiado de derecha. Para los derechistas era más progresista de lo que creían"

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Recuerden, amigos: le afanaron en la Isla Maciel mientras caminaba, ya como Secretario de Cultura de Kirchner, junto a sus hijos. No le importaba ir vestido como un dandy, con un buen reloj –alguien dijo que llevaba un rolex– y unos zapatos lustrados al uso nostro. No hizo la denuncia. Fue otro de sus gestos culturales.

Algún día, nuestro Bernard Shaw afirmó que a él “verdaderamente no le importaba demasiado la cultura”, dijo “Kirchner nunca me decepcionó porque nunca me entusiasmé demasiado”, definió a los radicales como “charlatanes de café incapaces de ser socialdemócratas porque no tienen trabajadores” y se lamentó por la posición neoliberal de su hermano Guido como “una involución”.  No quiso rebajarse a discutir el curro de Nacha Guevara en el Fondo Nacional de las Artes y hoy, en nuestra políticamente correcta sociedad, es bueno recordar que dijo que no podía dedicarse a definir “quién es la pelotuda o la puta que va a dirigir el Fondo de las Artes”.

Torcuato di Tella, nuestro polemista y nuestro problema. Para los izquierdistas era demasiado de derecha. Para los derechistas era más progresista de lo que esperaban. En el fondo, solo él, el hombre que en 1983 votó por el socialista gaucho Estévez Boero – que en el fondo apoyaba  a Luder – representó el peronismo british. Nuestro socialista liberal y peronista falleció ayer en la Ciudad de Buenos Aires. El cronista que lo abordó en la adolescencia también ha muerto. Ahora sabe que todos lo vamos a extrañar.

 


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1 Comentario

  • Mauricio says: 8 junio, 2016 at 22:19

    Me encantó tu relato. Me generaba un enorme interés Don Torcuato. Era eso, un peronista british, un socialista de derecha…un bicho de los que hay pocos, y con el que me hubiera encantado tomarme un whisky y hablar de Europa, y de Argentina, claro.

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