19 / 06 | Política

¿TIENE PROYECTO VIDAL?


A 18 meses de gobierno cambiemista, lo novedoso devino acostumbramiento y llegamos al primer turno electoral del statu quo inaugurado el 10 de diciembre de 2015. El cierre de alianzas comienza a prefigurar la disputa electoral venidera, con un oficialismo sin sobresaltos, un intento de transversalidad massista y con los segmentos, ciudadanos o pejotistas, de un peronismo conurbanizado. El carro va haciendo su camino y hay melones que se van a ir acomodando. Otros parece que no van a hacerlo, al menos hasta 2019. Si el dato del año pasado fueron los éxitos del oficialismo en la política, mientras la economía “no acompañó”, en lo que va de este parecen ser los indicios de una buena performance electoral de Cambiemos. ¿Por el peronismo? Quizás. Sin conducción ni liderazgo nacional, sus versiones se miden para ver quién de ellas prevalecerá, haciendo del tacticismo un fetiche. Puede probarse, entonces, con pensar esta relatividad al interior de la propia coalición oficialista, de las versiones que cohabitan. De si esta idea de consolidación del cambio se hace carne en la sociedad o se queda en una mera entelequia.

Si lo anterior es un mandato, su laboratorio a cielo abierto será el comicio que se va a nacionalizar. La provincia de Buenos Aires, desde la reforma constitucional del ‘94, resulta ser la elección a tener en cuenta. No interesa adentrarse en el run run electoral, que viene escasamente intenso a excepción de la endogamia postkirchnerista. Probablemente es más útil hacer otras preguntas, que implican mirar más allá de lo dado. Que María Eugenia Vidal sea el principal activo del PRO no agrega nada nuevo. Modifiquemos el ángulo del interrogante: ¿tiene un proyecto para la provincia?

"si esta idea de consolidación del cambio se hace carne en la sociedad o se queda en una mera entelequia"

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Spoiler: esto es un análisis con dosis de opinión. La pregunta no es arbitraria, la produjo la narrativa vidalista: las “batallas” con las mafias de la bonaerense y el servicio penitenciario, y con los gremios docentes; o el plan de obra pública que pretende demostrar que la gestión será otro eje fuerte de campaña. Las respuestas fueron brindadas por intendentes, legisladores y funcionarios del espectro de fuerzas relevantes, en términos de influencia sobre 16 millones de personas: macristas, vidalistas, radicales del interior -¡en cada pago hay una parroquia y un comité!-, cristinistas, randazzistas, massistas.


Una Vidal política, ¿una Vidal postmacista?

Llamó la atención una coincidencia entre todos los consultados: Vidal le devolvió volumen a la figura del gobernador. Un jefe comunal peronista reconoció que se recuperó lo que se había perdido al dejar Felipe Solá el sillón de Dardo Rocha: un rol político que nunca le validaron a Scioli. Tal es así que la foto que se iba a buscar a la Rosada se va a buscar ahora a La Plata o a las oficinas porteñas del Bapro. Desde el Frente Renovador, dadores de gobernabilidad durante 2016, marcan que ella ha tenido suerte con sus enemigos y una impronta propia. Digamos que tuvo la “fortuna” y la “virtú” maquiavélicas. Perlita: a poco de asumir se separó de su marido, intendente de Morón, cuya gestión parece deslucida. “Hizo lo mismo que Menem con Zulema y a partir de ahí empezamos a tomarla en serio”, remarcó un massista.

Existen continuidades con el sciolismo que van más allá del plantel de funcionarios -el ministro de Justicia Gustavo Ferrari es testimonio de ello- y tienen que ver con “surfear” los conflictos. Se sabe: sobre todo en el Gran Buenos Aires, los reclamos van al intendente o a la Nación y eso invisibiliza, en cierta medida, errores que pueda tener un mandatario provincial. Los suyos salen al cruce de esto. La imagen de Vidal, dicen, es consecuencia en primer lugar de su trabajo. “Se terminó la campaña permanente que sufrimos los bonaerenses”, aseguran, dado que existe la percepción, luego de mucho tiempo, de que presidente y gobernadora son del mismo partido.

"Un jefe comunal peronista reconoció que se recuperó lo que se había perdido al dejar Felipe Solá el sillón de Dardo Rocha: un rol político que nunca le validaron a Scioli"

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Pero volvamos a este rol político que Vidal recuperó antes que el Fondo del Conurbano. Si es cierto que esto es capital propio, ¿será motivo de enfrentamiento con el entorno de Macri? Las diferencias están a la vista, y la primera es su popularidad más, diríamos, “plebeya”, que genera empatía en la gente. El vidalismo, además, se revela como un dispositivo más abierto que el del presidente. En los anales de un salto generacional que en el juego pendular de la política argentina se ubica más hacia el centro, el PRO encuentra una figura de recambio que podría brindar realismo y sustentabilidad a su proyecto. Si esto provocase tensiones, ¿aflorarían cuando se acerque 2019? Otra perlita: no pocos intendentes peronistas ven compatible compartir boleta en aquel año. Para este, lo más probable es que apuesten al corte de boleta.

¿Hay equipo?

Supongamos que un proyecto se puede inferir de un plan y de los intérpretes que lo llevan a cabo. En ese sentido, es marcado el énfasis que ponen, tanto el oficialismo nacional como el bonaerense, en ejes puntuales: educación, seguridad, salud y obras. La pelea por “la calidad educativa” o aquellas contra las mafias, las reformas en la Policía y el Servicio Penitenciario; o la inversión en obras y rutas provinciales. Salvo en esta última cuestión -coinciden en que se ven obras que no se hicieron en 30 años, como las de hidráulica- sus detractores ven otra cosa.

Es insistente la comparación entre Vidal y Scioli. “En lugar de pintar de naranja pintan de verde”, “el SAME y los chalecos son los UPA de Vidal”, o “sus batallas son como los decomisos de drogas de Scioli”, se oye en algunos de los sesenta y pico palacios municipales opositores. Para otros, esto tiene que ver con las restricciones del staff. O directamente, con la ausencia de un equipo con capacidad de gestión. Sin embargo esto se puede relativizar. Un dato no menor es el hecho de tener resueltas algunas cuestiones en la Justicia, como la procuración. Y antes que Macri. Digresión: durante el año pasado, la tirria con el monzoísmo reverdecía cada vez que los últimos recordaban el origen del elenco gobernante: “estos son porteños como los que estaban antes, atienden en las oficinas del Bapro en el centro”, se quejaban.

"'En lugar de pintar de naranja pintan de verde'"

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Un intendente peronista sintetizó: “en términos de gestión no existe un solo indicador que permita decir ‘Vidal es esto’, aunque los ministros hablen algo de todos los temas. Hay áreas que no tienen una cabeza y otras en las que sólo hay un relato”. En un distrito contiguo y gobernado por Cambiemos, su alcalde retruca que lo que buscan es “realmente” modificar la realidad de todos los bonaerenses a través de cambios estructurales. Para él, esto es algo progresista. “Sin duda que con el déficit en obras y recursos no veremos la solución inmediata. ¿Para qué queremos inaugurar más hospitales si, por ejemplo, heredamos dos en La Matanza sin funcionar? Necesitamos pensar a mediano y largo plazo mientras resolvemos la coyuntura”, fue su respuesta a una repregunta.

Dar vuelta la taba o seguir surfeando

La trampa de la afirmación de este mandamás es anteponer lo coyuntural a lo que puede considerarse estratégico, digamos. Visto desde la óptica de un intendente es lógico: son el primer mostrador del estado. Aunque suene menos lógico, para un gobernador bonaerense se vuelve inevitable. María Eugenia Vidal demuestra vocación de gestión y de gobierno. Cafiero, Duhalde y Solá dejaron legados. ¿Ella piensa qué provincia quiere dejarle a su sucesor? ¿O el cortoplacismo es la jaula de hierro bonaerense?

En el despacho de otro intendente se elaboró otra hipótesis. Hasta 2015 el PRO tenía restricciones, administrativas y financieras, para desarrollar una política sobre terrenos del Estado Nacional para producir una transformación de la Ciudad. Resuelto esto, comienzan a volcarse recursos en obras como el soterramiento del FF.CC. Sarmiento, o la elevación del San Martín, el Mitre y el Belgrano Sur. El estado nacional comenzó a colaborar en obras que la Ciudad no podía realizar por sí sola, como la Autopista Ribereña o la urbanización de la Villa 31.

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Por otro lado, se avanza en proyectos urbanos que implican valorizaciones inmobiliarias: Santa María del Buen Aire e Isla Demarchi, los terrenos linderos al Sarmiento en Caballito, la venta del predio de Tiro Federal, el desarrollo de la Villa Olímpica en Lugano, o la ampliación de Catalinas Norte. En contrapartida, en aquel palacio municipal no advierten políticas en ese sentido para el desarrollo del Gran Buenos Aires, a excepción de un tramo del Metrobús en la Ruta 8, en San Miguel y Tres de Febrero. Si bien hay más obras, vienen del gobierno anterior, como el Metrobús de la Ruta 3, la Autopista Luján-Mercedes o la Juan Perón, y la electrificación del FF.CC. Roca a La Plata.

La conclusión de esta hipótesis es que, si a lo antedicho se le suma una política económica que castiga a la industria y una política en seguridad que –como reclaman todos los intendentes- deja a los municipios librados al azar, Cambiemos viene a profundizar un escenario de desarrollo de desigualdad creciente entre la Ciudad y el conurbano.

"¿Existe otra manera de transitar sus 135 municipios que no sea 'flotando' por sobre sus problemas?"

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¿Se puede hacer algo distinto?

Retomemos, para cerrar, esta idea de la herencia que puede dejarle Vidal a su sucesor, de si está pensando en ello o efectivamente gobernar el suelo bonaerense es ser prisionero de una jaula de hierro. Imaginemos que la provincia de Buenos Aires, que es como un país que no maneja su economía, tiene un sesgo estructural que hace que haya que afrontar cada situación conforme se va presentando. A favor de la gobernadora, no hay que olvidar que hubo ocho años de Daniel Scioli.

Descartemos divisiones territoriales que, como las duhaldistas en los ’90 o la más reciente escisión de Lezama, no han dado demasiados frutos. Pongamos el énfasis en la incuestionable vocación de gobierno vidalista y en la demanda de “dar vuelta” la PBA, en términos positivos y de gestión. ¿Existe otra manera de transitar sus 135 municipios que no sea “flotando” por sobre sus problemas?


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