27 / 02 | Mundo, Política

TENEMOS QUE DEJAR DE HABLAR DE PODEMOS POR DOS AÑOS


Cuando concluya el siglo XXI la mayoría de la gente será innecesaria en términos productivos. Vivimos en un planeta sobrepoblado de gente que el sistema no necesitará, mientras al mismo tiempo una urgencia ecológica amenaza con ejecutar la purga.

Durante la mayor parte de la historia las masas han sido insignificantes para las élites. Pero hace 3 siglos llegaron los valores humanistas bajo el paradigma liberal, y el panorama cambió. En los últimos 200 años la mortalidad infantil disminuyó de un 33% a menos de un 5% y la especie se multiplicó por 7.

Actualmente, las muertes por guerras o crímenes violentos representan el 1,5% de las 56 millones de muertes anuales. La violencia internacional ha caído a los niveles más bajos de todos los tiempos. Cuesta aceptarlo, pero desde el final de la Segunda Guerra la humanidad atraviesa el período más pacífico de la historia, y con diferencia.


¿De qué muere el humano promedio en 2017? Casi el 70% de enfermedades no transmisibles (cardiovasculares, cáncer, diabetes y neumopatías crónicas). En los países pobres la causa predominante son las enfermedades infecciosas. Para que entendamos el momento histórico: mueren más personas en accidentes automovilísticos, por enfermedades vinculadas a la obesidad o por suicidio que de hambre.

"mueren más personas en accidentes automovilísticos, por enfermedades vinculadas a la obesidad o por suicidio que de hambre"

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La democracia liberal prometió redención a través de la globalización y la liberalización, hasta que tocó techo. Estimado lector, usted se encuentra en el 90% de la población mundial que no experimenta pobreza extrema, entonces quizás pueda hacer una lectura optimista de la historia. En 1990 esta situación afectaba al 37%. Empero, si fuera el lector una de las 700 millones de personas que viven en la pobreza extrema es posible que a la lectura optimista me la quiera usted introducir por el ano.

Los derechos adquiridos bajo el modelo humanista no pueden ser entendidos meramente como victorias políticas. El surgimiento y la existencia del Estado de Bienestar se explican en la necesidad por parte del sistema de trabajadores sanos y aptos. Las masas se tornaron útiles. El Estado Social como generador de consenso y legitimación. Cohesión social, disciplina y armonía: el marco regulatorio del capitalismo.

Hasta que llegó el siglo XXI. Los trabajos conocidos se acaban. El sistema de pensiones tambalea. La especulación financiera colapsa. Atravesamos un plotpoint de la historia. Si la igualdad fue la obsesión del siglo XX, en el comienzo del siglo XXI recupera terreno el “sálvese quien pueda”. ¿Es la crisis de la socialdemocracia producto de que ésta ha dejado de ser útil?

Los partidos de centro derecha y centro izquierda tradicionales son caras de una misma moneda. Socialdemócratas, conservadoresy liberales, la clase política moderada de Occidente se encolumna bajo el gran paraguas de la democracia liberal.Un consenso que en Europa se extiende de izquierda a derecha. El bienestar propio depende del bienestar del otro. Ojo, un otro entendido como un otro ciudadano, no cualquier otro.

"El surgimiento y la existencia del Estado de Bienestar se explican en la necesidad por parte del sistema de trabajadores sanos y aptos"

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En el otro barco están los Trump, los Farage, los Le Pen, los Iglesias. Los antiglobalización. Más o menos reaccionarios, más o menos progresistas, responden todos al mismo fenómeno: una buena parte del electorado percibe que está perdiendo poder y reacciona votando antiestablishment. El divorcio de la ética liberal y la economía capitalista. Mientras la clase política tradicional une fuerzas ante un cambio que puede llevarse puesto al sistema, Trump alcanzó la presidencia con un discurso proteccionista, nacionalista y xenófobo; el Brexit venció alimentado por la misma épica, y Le Pen es favorita para la primera vuelta en Francia. El nuevo eje es Globalización o Estados-nación.

Podemos, sin embargo, se fue quedando sin relato. “Estado vs. Corporaciones” como narrativa insuficiente para hacerse con el poder.

Las relaciones internacionales se están reconfigurando de forma desconocida. No resulta descabellado vislumbrar una Europa fragmentada en bloques. La globalización desnacionalizó al poder político mientras los problemas cada vez son menos locales y más globales. El miedo, la desilusión, la ira, están provocando una marcha atrás. Y como describe el historiador Yuval Noah Harari, “la era Trump es un burlesque nihilista”.

Las dos elecciones generales de España en los últimos 14 meses, las primeras de ésta índole para Podemos, han determinado el punto de partida a nivel estatal. El partido logró capitalizar la indignación, rompió el bipartidismo y alcanzó un nada despreciable 20%. Pero la singularidad de los problemas españoles no permite usufructuar mucho más la vía del hartazgo. La crisis ya no es la del 2008 y la indignación se apaga. Del 15M ya no queda ni una celebración aniversario. La corrupción preocupa al electorado, pero no lo suficiente. Faltan respuestas y apertura. Y con el 20% no se gobierna.

Podemos dirimió sus asuntos pendientes, es decir, definió su identidad y estrategia de partido, mediante una extremadamente prolongada interna caníbal entre los bandos liderados por Pablo Iglesias e Iñigo Errejón.

"Estado vs. Corporaciones como narrativa insuficiente para hacerse con el poder"

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Iglesias había anticipado que o lo ganaba todo o se retiraba. Y las bases cerraron filas con él. Cuesta entender la estrategia de Errejón, aún coincidiendo con su tesis de un Podemos transversal: desafió al líder hasta el límite aún a sabiendas de que perdería. Si buscaba marcar la cancha, ¿no evaluó que le estaba saliendo muy caro, tanto a él como al partido? No es que la sangría haya provenido exclusivamente de su sector, pero cuesta mucho entender por qué no la frenó antes.

La votación interna concluyó en la previsible y contundente victoria del Pablismo, pero ésta no resuelve el asunto de la convivencia. Probablemente el futuro inmediato estará más vinculado al férreo control interno que al diálogo con el exterior. Así, la agrupación continuará distraída en estos menesteres y no en la disputa real de poder. De cuestionar al sistema a cuestionarse a sí mismos. Podemos ha pasado, parafraseando a Les Luthiers, de cantautor a “autocantor”. Desde hace un año todo es onanismo. Y las tramas de egos, conspiraciones, novias y exnovias en Podemos configuran el sumun del paroxismo Beverly Hills 90210 en política.

Afortunadamente para el partido, los períodos electorales de España dan respiro. El país no vuelve a votar nada hasta el 2019. Y aún resta que el PSOE resuelva su incertidumbre y acefalía, cuestión determinante para pensar el futuro mapa político.

"De cuestionar al sistema a cuestionarse a sí mismos"

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Quienes justifican la feroz pugna interna argumentan que Podemos dirimió sus asuntos democráticamente, que lo joven de la agrupación ha forzado un crecimiento a los tumbos y que para parir cuestiones constitutivas no queda otra que el ring. La explicación sería: definir quién uno es, duele.

En tal caso, lo más grave no es que se haya discutido tanto y tan duro por la estrategia. Lo preocupante es que no haya tenido nada más importante que decir en este último año. El partido dejó de plantear respuestas para concentrarse en autodefinirse. Dejó de hablarle a los que no lo votan para auto masacrarse. Y esto mientras la imagen negativa de Iglesias ya no puede ser más alta. La discusión sobre si se es una fuerza de izquierda o transversal pierde sentido cuando se hace pública y se alarga tanto.

Podemos ha llevado hasta el hartazgo a propios y ajenos. A niveles insospechados. Cada vez que alguien habla de Podemos en España un gatito muere.

Observemos por un momento el espejo más parecido que tiene la agrupación en Europa: Syriza. Tras su salida del gobierno, Varoufakis pasó de líder máximo del progresismo europeo a divulgador científico. De Robespierre a Carl Sagan, sin escalas. Se pasea por el continente teorizando sobre un plan alternativo al ‘internacional nacionalismo‘, pero de momento, nada. Mientras tanto en Atenas, Tsipras congeló buena parte de sus ideales en pos de conservar aquello que es lo más importante en política: el poder.

pablo iñigo niños


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