31 / 03 | Mundo, Uncategorized

SYRIZA: LA ILUSIÓN HERIDA

La clave política del gobierno de Alexis Tsipras se convirtió en algo indescifrable. La convocatoria a un referéndum en rechazo a las imposiciones de la Unión Europa, el acuerdo unos días después, la fractura del partido y la renovación de la confianza en las elecciones de septiembre pasado, marcan la velocidad del proceso político en marcha. Entre sus filas varios jóvenes siguen apostando a la posibilidad de cambio en Grecia ¿Cómo vivieron los acuerdos con la Unión Europea? ¿Qué esperan para este año? ¿Por qué eligen seguir siendo parte de Syriza?
A. Oliva @ayelenoliva Politóloga. Periodista.


 

En el primer piso de la sede central de Syriza, a unas cuadras de la céntrica plaza de Omonia, en Atenas, funciona la rama juvenil del partido. La oficina está equipada con lo mínimo como para poder funcionar: una mesa grande de reunión en la entrada, dos o tres computadoras viejas pegadas a las ventanas y en las paredes grisáceas, casi peladas, sólo cuelga una bandera gigante de Venezuela con unos globos morados de Podemos en los extremos. Hay que acercarse a una de las esquinas de la sala y extender un trapo plegado, para así reconocer que es una bandera de Syriza, tres veces más pequeña que aquella de la tierra de Bolívar, junto a otra de igual tamaño de Synaspismos, organización política de la que vienen la mayoría de sus miembros incluso el primer ministro Alexis Tsipras.

 

La ilusión de cambio llegó a Grecia con el triunfo de la nueva coalición de izquierda en las elecciones generales de enero del año pasado y fue adoptada rápidamente por muchas organizaciones políticas del sur de Europa que buscaban alternativas a las políticas de austeridad impuestas desde Bruselas.

 

A pocas horas de su asunción, los nuevos ministros anunciaron un conjunto de medidas  que llegaban para aliviar el ahogo que imponía la crisis. El gobierno pasó a incrementar el salario mínimo en un 128 por ciento, incluyó a la salud pública a tres millones de personas que habían sido expulsados del sistema sanitario, frenó algunas de las privatizaciones en marcha como la de su mayor puerta comercial, el puerto del Pireo, o la empresa nacional de energía eléctrica. También creyó urgente revisar las condiciones en las que se había firmado el primer plan de rescate, en 2010, para determinar las causas del incremento brutal de su deuda pública. Grecia parecía haber logrado escurrirse de la disciplina impuesta por la Unión Europea.


 

En la cafetería del último piso del edificio, Petros Markopoulos, de 25 años, responsable de las relaciones internacionales de la juventud del partido, cuenta como vivió la llegada de Syriza al gobierno. “Por primera vez un gobierno estaba decidido a resistir las presiones de los acreedores y a oponerse a las medidas de austeridad, la sociedad griega experimentó una situación diferente a todo lo que habíamos vivido antes. Grecia pasó a ser el centro de atención de la izquierda en muchas partes del mundo y por supuesto de toda la Unión Europea”.

 

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Hace siete años, en diciembre de 2008, el asesinato del estudiante Alexis Grigoropulos, de 15 años, marcó el inicio de un ciclo de protestas que comenzaron con la denuncia del gatillo fácil en Grecia y terminaron con el rechazo a las políticas de ajuste. Petros y también Youla Limperaki se amontonaron entre los cientos de estudiantes que se manifestaban en las calles de Atenas detrás de la cortina de piedras y granadas que marcaba los límites entre los efectivos antidisturbios y la primera línea de manifestantes, en su mayoría anarquistas del barrio de Exarchia, que protestaban contra el asesinato del estudiante griego haciendo estallar una decena de bombas molotov caseras. Sin embargo, fue recién al año siguiente cuando se conocieron en los pasillos de la Universidad de Atenas.

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A ese diciembre negro le siguieron durante todo el año siguiente, y el siguiente, manifestaciones contra la entrada de Grecia al FMI, los recortes salariales, la falta de inversión en la salud pública, los despidos masivos, también en rechazo a la degradación de la educación y los casos de corrupción de la dirigencia política. Comenzaba a quedar en evidencia el agotamiento del sistema político que alternaba en el poder desde 1974 a los conservadores de la Nueva Democracia y los socialdemócratas Movimiento Socialista Panhelénico (Pasok), un bipartidismo que se mostraba incapaz de acertar con las respuestas a los problemas que debía resolver Grecia con urgencia.

 

Youla, de 24 años, estudiante de Educación, conoció a Petros en las primeras reuniones de la agrupación Unidad de Izquierda (Ar.En), una organización de estudiantes con autonomía partidaria que luego decidió converger en la coalición de la Izquierda Radical conocida como Syriza. “La primera actividad política en la que participé siendo parte de una organización fue en la protesta de rechazo al ingreso del FMI en Grecia”, recuerda.  Petros repasa ese momento como una bisagra en la historia política de su país, “esos fueron los primeros estallidos de los excluidos contra el proyecto de desarrollo neoliberal. Fue un aviso inequívoco de lo que estaba por venir. Más tarde decidí participar en la juventud de Syriza porque comprendí que teníamos que darle una perspectiva política a toda esa rabia ciega de la juventud”.

 

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Medio año bastó para que las decisiones de Tsipras se volvieran confusas. La vuelta de página llevó tan sólo unas horas desde el rechazo masivo en referéndum a las condiciones económicas impuestas por Europa al acuerdo en condiciones aún peores a las anteriores firmado con sordina en los pasillos de su sede en Bruselas. “Para todos nosotros fue una gran decepción, pero sinceramente creo que el gobierno no tenía alternativa en ese momento”, justifica Youla mientras rocía el papel de fumar con tabaco.

 

Para Petros, “mucha gente de izquierda en nuestro país lo vivió como un momento decepcionante, muy triste. Sin embargo creo que desgraciadamente fue el resultado inevitable de una derrota política del gobierno frente una política económica neoliberal, sumamente agresiva y autoritaria de la Unión Europea. Para nosotros fue difícil entenderlo pero era evidente que no había otra opción en ese momento”.

 

Esa misma semana, como respuesta, varios de sus ministros renunciaron. Yanis Varoufakis, ministro de Finanzas, encabezó la lista junto al economista y fundador de Syriza Costas Lapavitsas, para quienes las opciones estaban entre exigir una reforma estructural de la eurozona o avanzar en una salida del bloque y así volver a su moneda local, el dracma. Ni una ni la otra aparecieran como medidas posibles para el primer ministro Tsipras.

 

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Otros eligieron quedarse y entre las justificaciones que encontraron está que al menos pueden hacer menos dolorosos los efectos de la austeridad. “La diferencia entre los anteriores gobiernos y nosotros es que ellos creen que ésta es la salida, nosotros reconocemos que tenemos que aplicar los ajustes pero no creemos que la crisis se resuelva de este modo”, cuenta Petros. Están convencidos de que a Grecia no le quedaba otro camino que acordar con la Unión Europea para garantizar la liquidez bancaria y la solvencia del sistema financiero local, con la mirada puesta en golpear lo menos posible a la mayoría para luego sí, y de una vez por todas, ir por su propia agenda política.

 

Ese momento todavía no llegó pero la presión impuesta por el bloque a un país que cuenta con la cosecha de aceitunas como una de sus principales fuentes de riqueza, consiguió la lección política que buscaba: herir la ilusión de cambio al interior de la sociedad griega y entre los países del sur de Europea. Había triunfado la idea que repetía como mantra que adentro de la eurozona el camino de cambio es el ajuste y afuera el desierto. “Los prestamistas decidieron extorsionar a nuestro país y al gobierno con el plan de austeridad que fue aplicado a través de un nuevo memorándum, había que definir si estábamos dentro o fuera de la UE, si quedábamos afuera habrían quebrado los cuatro mayores bancos y los efe9ctos hubieran sido terrible para la sociedad griega”, cuenta Petros.

 

Pero no lo sintieron sólo como una extorción sino un “golpe de estado” porque, desde su punto de vista, lo que buscaban era terminar con el nuevo gobierno de Tsipras. “A pesar de estas presiones nuestro rol siempre fue luchar para hacer menos duros los efectos sociales del ajuste” y asegura que las cosas serían mucho peor para la clase trabajadora si los que estuvieran al frente fueran alguno de los partidos tradicionales u otros actores que pisan fuerte como el neonazi Amanecer Dorado.

 

Una vez disciplinada la rebeldía del gobierno griego no tardaron en llagar los rescates financieros por miles de millones de euros. Recibieron las felicitaciones del presidente de la Comisión Europea Jean-Claude Juncker y una caricia de Christine Lagarde.

 

— Si la situación no se pueden cambiar siendo gobierno ¿Por qué siguen apoyando a Alexis Tsipras? ¿Por qué eligen seguir siendo parte de Syriza?

 

— Porque el gobierno sigue siendo una potencial amenaza para los planes neoliberales de la élite europea que sabe muy bien que todavía estamos luchando para cambiar la agenda, para formar nuevas coaliciones con otros países como España, Portugal e Irlanda, para abrir una batalla contra la austeridad. El hecho de que siga siendo Syriza, una fuerza radical y antiausteridad, la que está al frente del gobierno incluso después del golpe de estado del verano [sic] significa que la ventana contra las políticas de ajuste que se abrió en enero del año pasado todavía se puede mantenerse abierta— sostiene Petros.

 

— Sigo en Syriza porque entiendo que el gobierno no cree en las medidas que debe imponer y que además tiene la voluntad política de hacer cambios. Desafortunadamente, estos cambios no se pueden hacer de un día para el otro pero sigo convencida de que Syriza es nuestra única oportunidad de salir de la crisis— dice Youla— la juventud de Syriza tiene la obligación de organizar a toda esa gente que dijo que No en el referéndum y debe llevar la iniciativa en la agenda social sancionando nuevas leyes en el Parlamento.

 

A pesar de las presiones, varias son las exigencias sociales que han sido escuchadas por el gobierno y traducidas en medidas concretas como la ley de quiebra para las fábricas recuperadas que, según Petros, fue tomada de la ley de quiebras de Argentina aprobada por el Congreso en 2011, también avanzaron en garantizar la cobertura social para los trabajadores en situación de precariedad laboral y la mejora de las condiciones de los presos en las cárceles.

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Cuando hablan de las proyecciones para este año saben que el gobierno la tiene difícil pero confían fundamentalmente en la capacidad de Tsipras de dar respuesta humanitaria a problemas que afectan a todo Europa como la crisis migratoria. “En esta época de la crisis humanitaria donde miles de migrantes mueren en el mar soy muy optimista en que aún en ese contexto, en una parte de Europa, hay un gobierno de izquierda que tiene un proyecto político diferente” a las deportaciones masivas y al maltrato europeo, dice Youla mientras frena con su pelo un hilo de sol de invierno que le apunta directo a la frente.

 

También esperan que continúe siendo Syriza el principal actor capaz de organizar a todos aquellos que luchan contra las políticas de austeridad. “Syriza debe tener este año como principal objetivo recrear la dinámica social en la lucha contra los planes de austeridad, una lucha que fue muy fuerte en los últimos cinco años y que encontró su punto máximo con la firma del memorando. Las organizaciones políticas y los movimientos sociales deben formar un único frente social en la lucha por el cambio, a nivel nacional pero también a escala europea”, sostiene Petros que es consciente de que necesitan “recuperar el sentido de la democracia, de la solidaridad y la justicia social algo que sólo se puede lograr si los que más tienen pagan una mayor proporción de la crisis, si aumentamos la carga fiscal sobre la riqueza, si combatimos la evasión de impuestos”. Petros, está convencido que todas estas medidas pueden “renovar las esperanzas de la juventud para continuar con la lucha por la justicia social y el socialismo del siglo XXI” en Grecia.

 

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Syriza sobrevive en Grecia como ilusión herida. El gobierno de Tsipras no hace otra cosa que esperar. Acepta lo inaceptable para no dejar de existir, para perdurar y al mismo tiempo para contener los efectos más duros de la crisis. Espera un cambio en la relaciones de fuerza entre los países europeos que no llega. Necesita del triunfo de Podemos en España, del Bloque de Izquierda en Portugal y del Sinn Fein en Irlanda pero entra en tiempo de descuento. A cambio, los países que digitan los lineamientos de la Unión Europea responden con el cierre de la frontera entre Grecia y Macedonia y la empujan al suicidio inducido con el estallido de la crisis migratoria fronteras adentro. En Syriza tienen en claro que de esta situación no se sale con esta Europa pero mucho menos fuera de ella, mientras tanto siguen confiando en la voluntad de cambio del primer ministro aunque sabemos que de las buenas intenciones no vive la política. El tiempo determinará si los cortes cicatrizan, si los deseos se materializan y si finalmente termina de nacer en Europa una nueva política.



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