03 / 07 | Cultura

SOVIET ROCK

En la segunda mitad de la década de 1980, en pleno proceso de perestroika y glasnost’, la música rock se hizo sentir de manera notable en la Unión Soviética. Proliferación de grupos, discos grabados por el sello oficial, recitales al aire libre y festivales con bandas extranjeras aparecieron de golpe como un melancólico farewell de la última generación soviética. Sin embargo, detrás de esta explosiva aparición hubo una larga historia de devenir creativo, en gran parte ignorado y clandestino, que derivó en la transformación política de la URSS y de la cual simultáneamente se benefició y apoyó. Un fragmento de esa historia es la que se cuenta muy brevemente aquí.


El rock en la URSS

La información que llegaba desde fuera de las fronteras de la URSS estuvo siempre bastante controlada por las autoridades del régimen. El rock, una música que se originaba y se hacía fuerte en Europa y los EEUU, no fue la excepción. Su difusión y circulación, pues, estuvieron reguladas desde sus inicios. Esto no fue obstáculo, sin embargo, para que los jóvenes soviéticos buscaran formas de entrar en contacto con esa cultura que se percibía como una generosa paleta de colores ante tanta uniformidad. Es tal vez por esa razón que el rock ingresó en la URSS no tanto por su música sino por su estética. A fines de la década de 1940 y durante todos los ’50 un grupo de jóvenes llamados stiliagy reforzó el contacto europeo -que se había reabierto a partir de la Segunda guerra mundial- y buscó emular algunas de sus ropas, sus músicas y sus costumbres. De este modo, un stiliaga se distinguía por usar ropas ajustadas y de colores llamativos, zapatos con plataformas, estampados de tweed y lentes de marco grueso. Hoy los llamaríamos hipsters, pero también escuchaban a Glenn Miller, Benny Goodman y veneraban películas como Sun Valley Serenade. Se hacían llamar “Bob” y “Peter”, el baile era la razón de su existencia y solían reunirse en la calle Gorky en Moscú, a la cual gustaban en llamar “Broadway”. Con sus modas y actitudes, desafiaban a la idea del hombre nuevo soviético y a la multitud gris de la Guerra fría. Movimiento pop pequeño pero potente, se vio en gran parte disuelto cuando la muerte de Stalin y el deshielo promovido por Nikita Khrushchov de los ’60 prometieron aires de renovación cultural y política. Si el autoritarismo en la URSS se relajaba, sus provocativas actitudes ya no tenían razón de ser.

"Rock around the clock se convirtió en un himno de los jóvenes que asistieron al Sexto Festival Mundial de la Juventud de 1957"

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El Sexto Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, celebrado en Moscú en 1957, parecía darles la razón a los retirados stiliagy. Organizado por la propia dirigencia soviética, dio lugar a que viajaran a la URSS miles de jóvenes de más de cien países. Durante los meses que duró el evento se pudieron ver obras de Pablo Picasso, piernas cubiertas por jeans y, sobre todo, se pudo escuchar mucho rock a través de los grupos de las delegaciones extranjeras. Rock around the clock se convirtió casi en un himno de los jóvenes soviéticos que asistieron a las jornadas y que creían en lo genuino de las reformas promovidas por una dirigencia todavía manchada de sangre. Pero el festival también hizo entrar en razones a la elite gobernante y la alertó de que la apertura debía tener un límite claro y que los cambios debían ser precisos y acotados para que su posición de clase no se viera amenazada. La inclusión del rock, claramente, no tenía lugar dentro de la liberalización prometida.


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Ryobra: rock alrededor de las costillas

Así fue que durante los ’60 el rock entró en una fase clandestina que se mantuvo hasta bien entrada la década de 1980. Todos aquellos que quisieran escuchar y hacer esta música debían resguardarse de los informantes y evitar hacer públicos sus gustos y actividades. Es por ello que, respecto de la escucha, proliferó un modo casero de difusión que consistía en hacer copias de discos traídos del extranjero a través de placas radiográficas. Los audaces jóvenes iban a los hospitales, se traían las radiografías descartadas, las cortaban con la forma del vinilo, hacían las copias y luego las vendían clandestinamente por centavos de rublo. A estos discos caseros se los llamó ryobra (“costillas” en ruso) precisamente porque mientras se escuchaban a los Beatles, por ejemplo, se veían dando vueltas en el tocadisco las imágenes de las costillas, pero también de cráneos, húmeros y peronés. Por su calidad no duraban más de cinco o seis meses, pero entre ryobra y ryobra surgieron los primeros solistas y grupos locales. Entre los primeros se destacaron Bulat Okudzhava y Vladimir Vysotsky. Más cercanos a la tradición del bardo, en sus canciones se resaltaban más las letras satíricas y cotidianas que la música más monocorde basada en la guitarra acústica. Entre los segundos, se destacaron a comienzos de los ‘70 grupos como Guitarras Cantantes, Máquina del Tiempo y el legendario Aquarium, liderado por el todavía vigente Boris Grebenshchikov. Muchos de ellos componían influenciados por el rock psicodélico de los ’70 y todavía tenían que actuar en los llamados kvartirniki, es decir, en los conciertos de departamento. Se convocaban en el departamento de uno o de otro, tocaban a bajo volumen, en modo acústico, y los asistentes debían hacer un silencio perfecto no sólo para disfrutar del recital sino también para que se pudieran grabar y así hacer que las canciones circularan y se difundieran más allá (y en contra del) Estado.

A pesar de apariciones más masivas a cuentagotas (como el famoso concierto no autorizado de Aquarium en Leningrado en 1979 que terminó con represión y detenidos acusados de vandalismo), el rock era clandestino y todavía en 1985 había listas prohibidas respecto de lo que se podía escuchar y de lo que no. Los Sex Pistols eran acusados de promover la violencia y Julio Iglesias de neofascista. Los pocos grupos que estaban autorizados por el gobierno para tocar y grabar eran llamados ensambles vocales-instrumentales, y no bandas de rock, para combatir la influencia extranjera. En 1977 se habían editado algunos temas de Paul McCartney (pero no de Los Beatles) y hasta se le permitió a Elton John que actuara en varias ciudades de la URSS en 1979 con la condición de que no incluyera su cover de Back to the URSS. Pero quien quisiera escuchar y hacer rock en la URSS debía hacerlo dentro de un panorama hostil.

Kinó: el pop de la perestroika

El cambio fundamental recién se pudo ver hacia mediados de la década de 1980, cuando la dirigencia soviética inició los procesos de perestroika (reconstrucción) y glasnost’ (apertura). Este último, sobre todo, supuso una notable apertura política que derivó en una intensa y creativa actividad cultural. El rock, clandestino hasta entonces, pudo salir a la superficie casi de un día para el otro. Así, luego de casi quince años de carrera, Aquarium pudo grabar por Melodya, el sello oficial, su primer disco. En 1986, ese mismo sello editaba por primera vez en la URSS un disco de los Beatles, A Hard Day’s Night. Si bien ya existían bandas, grabaciones y conciertos, fue una época en donde todos estos elementos proliferaron y se multiplicaron hasta niveles que los convirtieron en un fenómeno de notable injerencia en los sucesos políticos posteriores. Aquí se destacó una banda que se convirtió, a fuerza de pop y talento, en ícono de la juventud soviética: Kinó. Las letras críticas, la música moderna y el carisma de su frontman, Viktor Tsoi, hicieron de Kinó la banda de sonido privilegiada de la perestroika y la glasnost’. Como lo anunciaban en el tema Cambios: “Tiempos de cambios /demandan nuestros corazones/ tiempos de cambios/ esperamos por el cambio”. Todavía no imaginaban que en esos cambios se encontraba el mismísimo final de la URSS. Tan sólo buscaban, como muchos miembros de una intelligentsia desmembrada, el refuerzo de un espíritu que todavía no renunciaba al ideal emancipatorio.



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1 Comentario

  • MÚSICA PARA LAS MASAS | Panamá Revista says: 4 febrero, 2016 at 13:38

    […] El efecto de sentido de tal representación estaba asociado a una celebración victoriosa de un nuevo orden que se intenta construir precisamente a partir de la reversión de las reglas que habían gobernado […]

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