03 / 06 | Política

SCIOLI Y LA JERARQUÍA DE LA IGLESIA ADHIEREN AUNQUE LA DESIGUALDAD LES RE CABE


Hace un algo más de un mes Francisco criticó “los excesos del machismo” porque como es el Papa piensa que un poquito está bien pero hay que moderarse, viejo. Dijo que estos supuestos excesos partían de la idea de que la mujer es una persona de segunda clase y que la violencia sexista se explica porque Dios deposita en el hombre y en la mujer una confianza plena, pero “el maligno” pone en su corazón la sombra de la sospecha y la desconfianza, llevándoles a la desobediencia a Dios y a destruir la armonía entre ellos. Por lo tanto los casos de femicidio perpetrados por los compañeros íntimos de las mujeres se explicarían a partir de una falta de armonía y no a partir de una distribución desigual de poder.

“Bueno, pero es el Papa, ¿Qué querés, que salga a quemar corpiños? ¿Que llame a la destrucción total del patriarcado?” podría decir uno. Pero el problema no es el Papa sí o el Papa no, el problema es la legitimidad que tienen algunos discursos –provenientes de algunos catolicismos pero también de otras creencias y filosofías– aún hasta el día de hoy para reforzar miradas del mundo que creen que existe una forma humana de oprimir y explotar y una forma inhumana a la que presentan en general como excesiva. Según este punto de vista, todo se trata de una cuestión de armonía. Si falta armonía está mal. Si hay armonía, está bien. De más está aclarar que si gran parte de la Iglesia no sostuviera que hay una desigualdad con la que sí se puede convivir, las mujeres podrían ordenarse para ejercer el sacerdocio y dispensar la gracia y la salvación, como dispensan todos los demás bienes y servicios en todo el mundo. Pero como esa gran parte de la Iglesia sigue considerando que las mujeres somos seres inacabados, esta desigualdad se mantiene vigente.

El abordaje de la violencia sexista como algo que está mal por lo excesivo ya es un motivo suficiente para pensar un poquito en la marcha de hoy a la luz de esta perspectiva, pero hay más. El gobernador de la provincia y candidato a Presidente Daniel Scioli dijo el lunes que cuando se ataca a la mujer se ataca “al pilar de la sociedad que es la familia”. Bueno, Daniel, lo lamento pero esa afirmación tiene más problemas que un libro de matemática.


Primero, considera que las mujeres son un medio para alcanzar un fin inmediato que es la familia y un fin menos inmediato que es una sociedad pacificada o algo así. En última instancia, la mujer es un medio para alcanzar el orden. Esto está mal. Lo digo yo, lo dijo Kant, lo dicen todas las declaraciones sobre los derechos humanos desde la revolución francesa para adelante: las personas somos un fin, no somos un medio para nada y menos que menos para concretar ese modelo fascista de sociedad  según el cual las mujeres deberíamos convertirnos en máquinas de parir. Segundo, es  discriminatorio porque si “la mujer” es la base de “la familia” y eso es lo que hace que la tengamos que respetar y el mismo tiempo hay mujeres que no tienen familia, hacé la cuenta, una resta simple, y te va a dar que hay mujeres a las que podés matar tranquilo. Tercero, es una definición que va en el mismo sentido que la de Francisco porque parte de la base de que hay una opresión que está bien: una desigual asignación de recursos y roles que exige a la mujer que se encargue sobre todo de la reproducción de la vida cotidiana y a los varones que se encarguen de la vida pública. El problema se da cuando esa desigualdad no se lleva con “armonía”.

Un día después de las declaraciones de Scioli, la Comisión Episcopal de Apostolado Laico y Pastoral Familiar (Celaf) expresó en un comunicado que “en la voz del Papa, la Iglesia argentina adhiere a la propuesta de rechazo al femicidio compartiendo la consigna de ‘Ni una menos’. En ese comunicado los voceros de la Pastoral Familiar citan un discurso de Francisco según el cual el cuerpo femenino, a pesar de ser el “símbolo de la vida”, es “agredido y desfigurado incluso por quienes deberían ser sus custodios y compañeros de vida”. En el mismo sentido, el Consejo Nacional de la Acción Católica sacó un comunicado en el que citan el mismo discurso del Papa y que cierra con la consigna “¡Ni una menos! ¡Valoremos y respetemos la vida siempre, de punta a punta!”, como aclarando por si alguien no lo entendió que no adhieren a una marcha feminista sino a una marcha por la vida, de punta a punta, entendiendo que una de las puntas es la concepción y la otra la muerte, y que a las mujeres no hay que matarlas porque son cruciales sobre todo en la primera punta porque se pueden embarazar.

Hace unos días leí un texto de Diana Russell, una investigadora que instaló –desde su posición académica pero también como activista— la categoría de femicidio para definir el asesinato de una mujer por el hecho de ser mujer. El texto se llama “Femicide: Politizicing the killing of females” y si lo googlean lo van a encontrar como archivo .doc y se lo pueden bajar gratis. En este texto Russell resume cómo fue trabajando y definiendo esta categoría a lo largo de varios años y recuerda que la primera vez que usó el término fue cuando dio testimonio en el Tribunal sobre Crímenes contra las Mujeres que se llevó adelante en Bruselas en 1976. Este Tribunal llevó ese nombre no porque se tratara de un tribunal ad hoc de la justicia internacional sino porque lo organizaron mujeres de todo el mundo para hacer visible un padecimiento que hasta ese momento era invisible y no había ni siquiera palabras para nombrarlo. Fue un hecho político y no punitivo. En las conclusiones, la investigadora convoca a las activistas y organizaciones a seguir organizando estos tribunales para recabar datos, hacerlos públicos, e instalar el tema en la agenda, es decir, para repolitizar el término.

En Argentina, el femicidio existe como tipo penal porque ante el reclamo de la sociedad civil, el Estado –que como todo Estado nacional moderno capitalista es patriarcal y tiene como primera respuesta a todos los problemas el castigo– dio la respuesta que tenía a mano y que se sabía de memoria: la respuesta punitiva.

Estoy segura de que la marcha de hoy no va a ir en un sentido de reforzar este tipo de respuesta sino que va a abrir el campo para que las mujeres nos empoderemos, sí apoyándonos en un Estado que nos garantice legalmente la capacidad de disputar en todos los ámbitos en pie de igualdad con los varones, pero no esperando que ese estado que es patriarcal, burgués y puntivo nos haga mágicamente iguales. Porque esa igualdad la tenemos que conquistar nosotras plantándonos aunque sea doloroso para mandar a la mierda a las instituciones, las relaciones, y las personas que nos quieren sujetar y controlar. Y ayudándonos. Y saliendo a la calle. Pero ojo, ¡no nos equivoquemos! No se trata del valor abstracto de la vida, no se trata del valor abstracto de la justicia. Se trata de construir la igualdad con nuestras manos.


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1 Comentario

  • Ignacio says: 3 junio, 2015 at 15:24

    Muy buena nota Sol Prieto!

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