14 / 03 | A 10 años de la 125

PLUTÓN EN CAPRICORNIO

Se cumplen diez años del conflicto de la 125. Panamá ofrece una serie de textos de análisis y memoria. La política cambió y no volvió a ser la misma, para bien o para mal. Aquí, un texto de la casa: Pablo Touzon analiza ese quiebre, el punto de inflexión de las formas de hacer política, el pasaje de electores a militantes, la hora jacobina que puso fin al sueño duhaldista de que en una crisis todos tienen razón.


El 2008, el año de la crisis financiera mundial y la elección de Barack Obama,  fue también el año en el que Plutón entró en Capricornio. Para los astrólogos, una señal inequívoca de cambios profundos en las estructuras políticas, económicas y sociales a nivel mundial. Una larga era de Brexits, Trumps, presidentes negros y papas sudamericanos. Un ciclo de muertes y resurrecciones, pero sobre todo, de transformaciones en el Poder, en la manera que este opera y actúa. En la Argentina también se consigue.

El llamado “Conflicto con el Campo” modificó los parámetros de la acción política de manera tan radical como la crisis de 2001. En tanto evento histórico parte la década en dos, porque transforma de manera sustancial el ethos profundo del credo kirchnerista. Básicamente, invierte por completo, en un giro de 180 grados, su relación con el conflicto social. Hasta ese 2008, el kirchnerismo actuaba frente al conflicto procesándolo, en un juego de presiones y seducciones, de zanahorias y garrotes que empezaba por otorgar a piori legitimidad a toda protesta, por mas minoritaria y marginal que esta fuese. Los medios de la época reproducían sin parar las imágenes de un grupo de travestis prendiendo fuego a la puerta de la Legislatura Porteña como un ejemplo cabal de esta metodología permisiva. El famoso “no reprimir la protesta social” implicaba muchísimo mas que una mera estrategia de seguridad callejera: era una forma de gobierno, que partía de aceptar la dudosa y débil legitimidad del Estado argentino y de sus políticos. Un mantra no escrito: el Gobierno nunca debía quedar en off side frente a la protesta social. Era aún demasiado débil para permitírselo, y podía deducirse que en la educación política del kirchnerismo pesaban de igual manera el 20 de diciembre que los cacerolazos más “ciudadanos” realizados contra RodriguezSaa. Los famosos sectores medios urbanos, los capitalinos, como gustaba llamar a los porteños Néstor Kirchner, movilizados y en armas contra un presidente peronista. No ha lugar. Los gobiernos post 2001 deberían ser sí o sí gobiernos de la opinión pública, una cabeza progresista en un cuerpo peronista, y si bien el primer kirchnerismo formateó agenda, diseñó y planteó rumbos, siempre se ocupó que ese vanguardismo congénito, tal vez generacional, no le impidiese su objetivo de contener a todos, tal vez con la sola excepción de la defensora de genocidas, Cecilia Pando, y sus melancólicos jubilados de la represión. Incluso el modo de procesar a Juan Carlos Blumberg, el padre de un chico asesinado vilmente por una banda de secuestradores del Gran Buenos Aires, y que movilizó a la sociedad en el reclamo de leyes más duras, fue procesado con el reflejo de “dar la razón”. Kirchner atendió las demandas, impulsó las leyes que le proponía el padre dolido y puso la foto de Axel Blumberg en la serie de portarretratos acumulados de su escritorio. En el caso del conflicto entre Uruguay y la Argentina por las papeleras, el gobierno directamente se puso a la cabeza del reclamo asambleísta en Gualeguaychú. El rol del Estado en relación al conflicto era procesarlo y neutralizarlo: el necesario Estado pacificador que tenía que venir luego del Estado represor y confiscador del 2001. Un Estado peacemaker, que tenía como objeto fundamental el de producir Orden. Orden y Progresismo eran vistos como pares sincrónicos, los superávits gemelos de la política.

"Hasta ese 2008, el kirchnerismo actuaba frente al conflicto procesándolo, en un juego de presiones y seducciones, de zanahorias y garrotes que empezaba por otorgar a piori legitimidad a toda protesta, por mas minoritaria y marginal que esta fuese"

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Es posible pensar que cuando las centrales patronales y los sindicatos del campo llamaron al paro y a las rutas lo hicieron de manera casi rutinaria, como tantos otros sectores lo habían hecho sistemáticamente durante aquellos años calientes. Business as usual en la gimnasia jacobina de la sociedad movilizada argentina. Algo de gimnasia revolucionaria para entonar mejor la negociación “paritaria”. Es probable que no supiesen, porque nadie hasta ese momento lo sabía a ciencia cierta, que la puja redistributiva se había súbitamente penalizado, y que el gobierno iba a hacer de ese conflicto uno de vida o muerte.


¿Qué cambió? O, como se preguntaba Ernesto Tenembaum en su libro de época: “¿Qué les pasó?”. La realidad es que el conflicto con el campo cristalizó un cambio radical en el gobierno, que supuso a la vez un cambio radical en toda la política argentina, en un país donde el peso del Estado da la “pauta” del comportamiento social. El Estado kirchnerista pasó entonces de procesar a producir conflicto, como si se hubiese pasado a otra rama de la industria, y a cifrar en esta producción la matriz de su acumulación política. Del Partido del Orden del 2003-2008 al Partido de la Revolución 2008-2015, el Gobierno y el Estado se pondrían a la vanguardia de su propia sociedad movilizada, siempre “yendo por más”. De un gobierno que corría de atrás a la sociedad a una sociedad que corre de atrás a un gobierno. La caída del poderoso jefe de gabinete Alberto Fernández y la Guerra con el grupo Clarín nacen en aquellos días. Es sintomático como en cada crónica de época, las distintas negociaciones por el conflicto avanzaban hasta llegar a la Casa Rosada, para luego terminar derribadas en el maximalista “los quiero de rodillas”. Un gobierno lleno de palomas con un solo Halcón: Néstor Kirchner.

"Es posible pensar que cuando las centrales patronales y los sindicatos del campo llamaron al paro y a las rutas lo hicieron de manera casi rutinaria, como tantos otros sectores lo habían hecho sistemáticamente durante aquellos años calientes"

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Estuve en todas las plazas kirchneristas de aquellos meses. La primera, armada de raje, fue en realidad una respuesta precaria a al gran cacerolazo opositor: unos 400 militantes autoconvocados contra una marea humana en la Plaza de Mayo. Un ejemplo empírico de la invalidez de las tesis sobre un plan “chavista” kirchnerista planificado desde el 25 de mayo de 2003. No habían, no existían hasta ese momento las herramientas propias de movilización social para contrarrestar a tamaño desafio. Y una de las ultimas, aquella del discurso del ex Presidente sobre los “comandos civiles”: recuerdo estar rodeado de compañeros con los cuales militábamos en el kirchnerismo y sorprendernos auténticamente por la radicalidad del discurso. Fue como estar en un recital de Alice Cooper, donde alguien que le dobla a uno en edad es a la vez dos veces mas rocker que uno mismo. El sino del Edipo de los hijos del 2001 eclipsados por la épica de sus padres setentistas (en este sentido, la generación cambiemista la tiene mas fácil: es mas fácil matar al padre cuando se lo admira menos). En cualquier caso, también invalida la tesis central del “nestorismo”, según la cual todos los problemas comenzaron con su muerte. Néstor Kirchner es a la vez el héroe y el villano de su propia película.

Nace aquí el “pueblo kirchnerista”. Los franceses tienen en su cultura política el concepto de “peuple de gauche”, que engloba la práctica política pero también los usos y costumbres de su población de izquierda. Sus diarios, su noche, sus consumos, sus ritos, su estética y su ética. Etnografía urgente del país que inventó la Grieta. En el año de la resolución 125 el kirchnerismo adopta una faz identitaria que hasta ese momento le era esquiva: pasa de tener electores a tener militantes. Se empiezan a plantar ya no solo en la política sino en la sociedad civil las mil flores que florecerían poco después. La izquierda kirchnerista se enamoró de esta derrota política, y la convirtió en su año cero. Pero este fenómeno no viene sin su contraparte. El 2008 es también el año del nacimiento del antikirchnerismo de masas, y de la (otra) calle militante.

"El sino del Edipo de los hijos del 2001 eclipsados por la épica de sus padres setentistas (en este sentido, la generación cambiemista la tiene mas fácil: es mas fácil matar al padre cuando se lo admira menos)"

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“¿Qué hiciste tu durante la Guerra, Padre?” es la pregunta que podrían formularle en clave argentina sus ahora votantes a Mauricio Macri: “¿Qué hiciste tú durante el conflicto con el Campo?”. Lejos estaba entonces de convertirse en el referente institucional de la protesta. El matrimonio entre Macri y la sociedad antikirchnerista, la misma que llenó el Monumento a los Españoles y el Monumento a la Bandera en Rosario (y tal vez, años después, la Plaza de Mayo en el 1A) estaba lejos de ser definitivo aun.  Cambiemos existió en la calle mucho antes que en la política o las instituciones, lo cual es natural en una formación política que se asume como “seguidista” de la sociedad que gobierna. El PRO como anti PC: Un Partido de Retaguardia

En la Argentina,  el 2008 fue el año que cambió para siempre al kirchnerismo. Y donde nació, para bien o para mal, la que seria su versión definitiva.


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