26 / 06 | Cultura, Política

PERONISMO LIBERTARIO


Lo libertario conjuga una pluridad de significados, un exceso de reminiscencias, lo que hace que esa confusión y reguero semántico genere múltiples ideas contradictorias. Cuando un término refiere sentidos de izquierda a derecha hay dos opciones: o padece de inflación conceptual o bien se liberó de su referencia unívoca y disciplinaria. Ese es el caso de lo libertario, acuñado por anarquistas en el siglo XIX, apropiado por liberales estadounidenses a fines del siglo XX y presente en la tradición de la izquierda libertaria no marxista. Un anarquista, un liberal y un socialista son libertarios en diferentes acepciones. ¿Y un peronista? Que muchísimos anarquistas se hicieron peronistas no es novedad, pensar la densidad de ese término tal vez ayude: una pugna por la mayor libertad individual posible al interior de una tradición como la peronista parece hacer mella en el Estado como elemento vertebrador de su diseño. Lo libertario le tiene fobia al Estado pero el pragmatismo puede amigar ambas tendencias para cohabitar en paz.

En Historia y pasión, su libro de diálogos con José Pablo Feinmann, Horacio González emplea en numerosas ocasiones el vocablo “libertario”. González reivindica la tradición libertaria como portavoz de sus ideas desde el marco peronista: “Yo preferí creer en un Perón libertario. Aun ahora veo en el peronismo elementos libertarios muy desvanecidos, pero existen, no podría permanecer sin ellos. Cada vez que se ataca esos elementos libertarios se burocratiza más o se apresura más el final trágico del peronismo, pero a mí siempre me pareció que Perón mismo había dicho, yo soy un anarquista; en broma, claro. Está toda la tradición anarquista que invierte la figura del rey, anarquista coronado. Perón dijo varias veces, y en las cartas con Cooke: hay que conducir el desorden. Como amante del desorden, me parecía que había un filamento libertario interesante. Por eso decidí acompañar a ver si ese filamento cada vez más dormido podía salir a la luz nuevamente”.

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El “Perón libertario” gonzaliano reposa en un filamento. Me interesa ese filamento. La resistencia y el contrapeso a lo burocrático del aparato del Estado: el filamento como esbozo contracultural o incluso como peronismo contracultural. Pensarlo así: Perón como un Heliogábalo artaudiano. El conductor del desorden es una figura de potencia estética y en términos fácticos, de poder, no está lejos de cierta realidad. Otros peronólogos, por derecha, como Jorge Castro, también plantean un peronismo anti-estatista que propició la descentralización y la distribución del poder en manos del pueblo. El sindicalismo mismo puede ser leído en ese contexto: como un arma libertaria más. El modelo de La comunidad organizada estructura un equilibrio muy sutil entre el individuo, que tiene su lugar justo, y lo social, donde se inserta. En ese sentido, para Castro entre Perón y Menem –del que fue funcionario– habría una continuidad en la vocación estratégica-táctica por sobre la ideológica pero también en el afán no estatizante.


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Quizá lo que González plantea como peronismo libertario es una suerte de posanarquismo, una interacción con la esfera estatal, un modo de ser libre en el marco institucional, incluso admitiendo cargos y puestos, algo que amplía también en este pasaje: “Si pudiera decir que debemos reconstruir hoy, sería un pensamiento libertario, pero no porque entre varias ideologías, peronismo, radicalismo, socialismo, libertario, elegí esto último, sino porque me parece que lo libertario es la trama interna de cualquier pensamiento. El contrapeso necesario al hecho de que también es inevitable que se genere una autoridad, todo pensamiento político ronda sobre el tema de la libertad, de la libertad y de la autoridad. El tema de la autoridad tiene que ser una forma novedosa de libertad”.

Esa reconstrucción de lo libertario al interior de todas las tradiciones políticas me parece de una gran lucidez, de algún modo puede explicar ese afán semántico e identitario en liberales y socialistas que se llaman libertarios. El rizoma deleuziano es de una poética conceptual atractiva pero el falo arborescente aparece erecto en medio de la multitud: acá en su momento fue Kirchner. La activación de lo libertario quizá sea incluso la posibilidad de pensar esa marca sin dejar de lado la autoridad. Parece algo contraintuitivo y arriesgado, por ende, hay que considerarlo.

Ese anarco-peronismo que tiene portavoces como González también posee su expresión liberal en Jorge Castro y en el joven Sebreli a través de su libro maldito y brillante, del cual hoy reniega: Eva Perón ¿aventurera o militante? Allí la bastardía como categoría política lleva a esa seducción de lo lumpen en la que derivó usualmente Sebreli, tal vez el más consecuente de todos los contornistas, hoy Ciudadano Ilustre porteño. González, Castro y Sebreli generan peronismos libertarios o bien exponen un peronismo que me seduce: el Perón libertario conductor del desorden, el libertarismo riojano del anarco-capitalismo menemista y la bastardía del divismo de Evita. Sumaría en ese derrotero las lecturas de Osvaldo Lamborghini, Néstor Perlongher y Copi que agregan carne –cual Armando Bó. En esa dirección, dijo Tomás Eloy Martínez en Santa Evita: “La literatura ha visto a Evita de un modo precisamente opuesto a como ella quería verse. Del sexo jamás habló en público y quizá tampoco en privado. Tal vez se habría librado del sexo si hubiera podido. Eva nada tenía que ver con la hetaira desenfrenada de la que habla el enfático Martínez Estrada ni con la puta de arrabal a la que calumnió Borges. Evita quería borrar el sexo de su imagen histórica. Solo las locas de la literatura la inflaman, la desnudan, la menean. Se la apropian, la palpan, se la entregan”.

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Hago propio ese peronismo libertario que por persistencia noventista en mi matrizada subjetividad cuarentona lo lee anarco-liberal, pro mercado, reticente al Estado, hedonista y anti-moralista. Peronismo libertario que en mi mejunje personal tiene, a saber: el filamento resistente a la autoridad que señala González, la versión gaucha del Estado mínimo nozickiano de Menem y el elemento pornográfico de Osvaldo Lamborghini y las locas –Sebreli, Perlongher, Copi– que refiere Tomás Eloy. También hay que pensar en esa línea el tono amarilista con que cierta prensa tomó el supuesto goce de Cristina, eso que mantiene firme a “La Jefa”, como estrella porno de la política local que mete y saca a compañeros y adversarios.

Ese lodazal me gusta, pongo las patas y la cabeza ahí. Me siento adscripto a la tradición libertaria y soy argentino. Lo trifuncional me abraza: el diálogo liberal y anarquista me place en lo conceptual y la fracción de lisergia peronista anida desde mi infancia en Lanús.


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3 Comentarios

  • Seb Astian says: 29 junio, 2015 at 16:33

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  • Torombolo Domingo Bickert says: 14 julio, 2015 at 11:57

    Una masturbación sin orgasmo. Ni un sólo concepto preciso.

    Nuevamente las interpretaciones absurdas del pensamiento de Perón, realizadas en el afán intelectualista, deformante, de sujetos que viven de un salario estatal o de las regalías de un par de libros intrascendentes, quienes jamás han tenido la responsabilidad de proponer un modo de producción, un tipo de organización de la jerarquía social.

    Individuos obnubilados por el perfume de las bibliotecas, inconscientes del aroma nauseabundo de los suburbios fabriles llenos de desechos tóxicos, donde deben hacer sus miserables vidas los excluídos de toda instrucción y de los placeres del intelecto.

    “Libertarios”…
    Payasos sin gracia bailando al son de las grandes editoriales y tratando de ponerse al calor del movimiento popular que les dá de comer y una chapa que mostrar.
    Ignorantes absolutos de la escencia gregaria humana que desechó toda libertad y estableció el contrato social para desarrollar su evolución.

    Ellos no nos llevaron al fracaso, sin duda.
    Fue la pura codicia de los individualistas, tanto o más libertarios en la práctica que estos teóricos de la nada conceptual.
    Mas, sin duda, ellos les dieron una gran mano.

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  • libertarioplus says: 17 agosto, 2015 at 17:52

    Reblogueó esto en libertarioplusy comentado:
    Un novel filósofo ha descubierto tramas en las que algunos venimos viviendo al menos de 1968. Ya Raimundo Ongaro se definía (en aquel tiempo) como anarco-peronista. Hubo diálogos pero nunca pudo llegarse más que a tareas comunes, facilitadas pro la convivencia sindicalista de unos y otros… pero aquí estamos, a las puertas de un nuevo tiempo que nos encontrará unidos o transformados.

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