21 / 06 | Mundo, Política

ODEBRECHT: MÁS “MULTI” QUE “LATINA”

Esteban Actis @actis_esteban Dr en Relaciones Internacionales (UNR-Conicet)


La primera década del siglo XXI trajo consigo la consolidación -y en mucho casos emergencia- de la internacionalización de empresas de origen latinoamericano en la economía global. La realización de inversiones más allá de los mercados nacionales por parte de muchas firmas de capitales brasileños, mexicanos, chilenos (entre otros países) conllevó la aparición del concepto de multilatina en alusión a la irrupción con fuerza de un novedoso actor en la economía internacional: multinacionales de origen latinoamericanas.

Para muchos empresarios, dirigentes y políticos de nuestra región, las multilatinas representaban un indicador central de las mutaciones que atravesaba la globalización máxime aún en un contexto de crisis sistémica con epicentro en los países centrales (2008-2010). Que empresas regionales conquistasen terceros mercados era todo un síntoma del lema “democratizar la globalización” o de la “democratización de las relaciones internacionales”. En aquellos “años dorados” para América Latina con precios internacionales de las materias primas por las nubes y de elevadas tasas de crecimiento reinaba el optimismo en relación a la emergencia de un “nuevo mundo” más justo, simétrico y democrático en donde la región tendría voz y voto.

"Que empresas regionales conquistasen terceros mercados era todo un síntoma del lema “democratizar la globalización” o de la “democratización de las relaciones internacionales”"

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Para países como Argentina, Ecuador o Bolivia en donde el proceso inversor llevado a cabo en los años noventa por multinacionales norteamericanas o europeas estuvo plagado de múltiples controversias e irregularidades, la posibilidad de que multilatinas sean protagonistas del proceso de IED en la propia región, antes concentrado casi exclusivamente por las “clásicas multinacionales”, parecía traer importantes vientos de cambios. Cabe recordar simplemente episodios como el de IBM-Banco Nación en Argentina, el largo conflicto del Estado ecuatoriano con Chevron o las denuncias de corrupción de Repsol en Bolivia para entender el porqué de aquel malestar. En ese contexto, en la contracción gramatical “multilatina” la noción de “latina” tenía un mayor peso relativo en cuanto a lo simbólico y novedoso. El énfasis estaba puesto en las bondades de lo “local” sobre lo “global”


En ese contexto, que el holding brasileño Odebrecht y otras empresas brasileñas como Petrobras, Camargo Correa, OAS, Queiroz Galvão (entre otras) estuviesen llevando adelante desde el inicio del siglo XXI gran parte de la infraestructura regional -muchas veces con financiamiento brasileño o de organismos multilaterales de crédito- era valorado positivamente como signo de las transformaciones del orden internacional y de una mayor autonomía relativa frente a los poderes hegemónicos.

Sin embargo, después de una década de expansión y desarrollo de las multilatinas en los mercados globales y regionales, es dable reflexionar que su accionar no ha sido muy distinto al de las “tradicionales” empresas multinacionales. El destape de la corrupción sistémica de Odebrecht a la hora de ejecutar las obras -salpica a más de 12 países de la región- ha mostrado con nitidez aspectos importantes a destacar. El primero –algo sobre lo que se ha remarcado en estos días- que la corrupción tiene dos componentes indisociables, los actores del Estado y del mercado, estos últimos no siempre visibles a la hora de la demanda ciudadana por una mayor transparencia de los recursos públicos. En segundo lugar, aquí mi argumento, ha puesto sobre el relieve que la nación de origen de una firma multinacional no modifica prácticas y conductas que están en el corazón de la expansión del capital en la búsqueda y conquista de negocios. Desde la segunda mitad del siglo XX, las firmas multinacionales han sido denunciadas y juzgadas por todo tipo de irregularidades (evasión fiscal, contaminación ambiental, sobornos, incumplimiento de contrato, etc.) que inclusive el moderno y “altruista” concepto de Responsabilidad Social Empresarial no ha podido revertir.

"las prácticas asociadas a cualquier empresa global -así como fue en el caso de IBM, Chevron o Repsol- no desaparecen ni se diluyen por su origen “periférico” o “sureño”."

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El punto que merece ser destacado en el caso Odebrecht es que las prácticas asociadas a cualquier empresa global -así como fue en el caso de IBM, Chevron o Repsol- no desaparecen ni se diluyen por su origen “periférico” o “sureño”. Odebrecht muestra con claridad aquella vieja frase: el capital no tiene bandera, o dicho de otro modo, el lugar de su sede es un dato irrelevante. Lo sucedido con la empresa brasileña fortalece la tesis de que la “globalización se ha democratizado”, pero no desde la evocación deseada. Las externalidades negativas de las multinacionales son intrínsecas a su desarrollo y expansión, sean estas “latinas”, “africanas” o “asiáticas”. En síntesis, el “caso Odebrecht” ha mostrado que las compañías internacionalizadas de nuestra región son más “multi” que “latinas”.


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