05 / 02 | Cultura, Mundo, Sociedad

OBREROS Y POLICÍAS

Mariano Schuster @schusmariano Jefe de redacción de lavanguardiadigital.com.ar

Yo soy una fuerza del pasado

Solo en la tradición está mi amor

 Pier Paolo Pasolini, de Poesía en forma de Rosa


Pier Paolo Pasolini tenía razón. Quiero decir que, en general, la tenía. Por su condición de poeta y polemista o, simplemente, porque se atrevía a afirmar con vehemencia lo que los otros callaban por cobardía o por pudor.  La razón, se sabe, no es más que una de las formas de la verdad, aunque Pasolini, como todo poeta, confundiera sabiamente la una con la otra.

Durante más treinta años construyó una obra magistral. En Teorema, probablemente su película  y novela más famosa abordó la decadencia de la familia pequeño burguesa; en Uccellacci e uccellini desarrolló su mejor humor, y en Medea y Edipo Rey resignificó para siempre la tragedia griega.  Enamorado del mundo lumpen de los bajofondos, escribió las novelas Pibes de la vida y Una vida violenta, aunque la temática de los miserables atravesó toda su obra. Su Trilogía de la vida: El Decamerón, Los cuentos de Canterbury y Las mil y una noches, no es otra cosa que la exaltación de la vida amorosa y salvaje que siempre creyó encontrar en los lumpenes. No hace falta hablar de su poesía. Cualquier persona de bien debería abandonar ya mismo este artículo y buscar sus mejores obras: Transhumanar y organizar, Las cenizas de Gramsci y Poesía en forma de rosa.

Hijo de un solado que salvó la vida de Mussolini y de una maestra de escuela, Pasolini fue homosexual en una sociedad retrógrada y comunista con carnet en el mismo Partido que había asesinado a su hermano Guidalberto. Marxista convencido, no dudó en declararse cristiano, lo que causó escándalo a un buen número de ortodoxos de ambas Iglesias. Su transgresión tuvo costos: en 1949 fue expulsado del Partido Comunista por “indignidad moral” bajo una falsa acusación de corrupción de menores. En Cuba, país al que admiraba, se le negó viajar con su “actor predilecto” – como llamaba a su amante Ninneto Davoli – a las fiestas del 26 de Julio. Su oposición al aborto desde una posición de izquierda – consideraba que era el capitalismo el que incitaba a la muerte y que los revolucionarios no podían perder el valor de la vida – fue censurada por sus compañeros de ruta. La derecha, claro, nunca lo perdonó y lo cargó de querellas – 60 durante toda su vida -. Fue absuelto de todas.

Pasolini

De todas sus transgresiones, sin embargo, hay una que alcanza la cumbre de la herejía. Fue, como dice el periodista catalán Enric González, “su instante supremo”. Sucedió en 1968, en pleno auge del movimiento estudiantil. Pasolini, aliado natural de los jóvenes rebeldes, decidió colocarse del otro lado de la barricada. Valoró que los revoltosos estudiantes que copaban las calles de Europa tenían la fuerza de la razón pero que eran burgueses, mientras que los uniformados, que estaban del lado de la barbarie, eran los pobres. El 2 de enero de ese año, tras la batalla de Valle Giulia – prolegómeno italiano del Mayo Francés – publicó en L´Espresso un poema titulado ¡El PCI a los jóvenes! y se despachó a gusto.

Tienen caras de hijos de papá.// (…).// Son miedosos, ambiguos, desesperados // (¡muy bien!) pero también saben como ser // prepotentes, vengativos y seguros: prerrogativas pequeño-burguesas, amigos.// Cuando ayer en Valle Giulia se cagaron a trompadas con los policías, // ¡yo simpatizaba con los policías!/ Porque los policías son hijos de pobres. (…)

Ayer, en Valle Giulia se produjo un episodio de lucha de clases: // y ustedes, amigos (aunque de la parte de la razón) eran los ricos,// mientras que los policías (que estaban de la parte equivocada) eran los pobres.

Como era evidente, la mayoría de la izquierda italiana reprobó la posición de Pasolini.  Aunque, como recuerda Juan Forn en su artículo Seré tu Espejo hubo quienes, fuera de las fronteras de su país, secundaron la postura del poeta. Entre ellos, el cineasta francés François Truffaut, quien se negó a boicotear el Festival de Avignon a pedido de Godard. “Cuando Godard propuso continuar con la estrategia dinamitadora boicoteando el Festival de Avignon, Truffaut contestó que no le interesaba ponerse del lado de los hijos de la burguesía (los estudiantes radicalizados) contra los hijos del proletariado (la policía)”.

"En 1968 Pasolini valoró que los estudiantes revoltosos eran burgueses, mientras que los pobres eran los policías"

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Hace una semana volví a recordar esos versos de Pasolini. En Génova, más de mil obreros del Grupo Ilva – dedicado a productos del acero – se manifestaban por temor a perder sus puestos de trabajo. Los huelguistas, que se dirigían hasta la sede del gobierno comunal, hicieron explotar algunos petardos por el camino y la policía antidisturbios acabó bloqueando la protesta. En medio de una tensión creciente sucedió algo hermoso. Maria Teresa Canessa, una oficial de 41 años, se quitó su casco y le estrechó el brazo a uno de los trabajadores. En menos de treinta segundos, toda la plaza se quedó muda. Y al instante los huelguistas rompieron en aplausos a la policía.

Fabiano Sterone, el trabajador de 40 años al que Maria Teresa le estrechó la mano, comentó emocionado que “era la única mujer en medio de tantos hombres, policías y trabajadores. Es toda una señora. Correcta desde el inicio hasta el final de la manifestación”. Antes había intentado explicarle a un funcionario la situación que vivían las familias. “Le comenté que tengo una esposa y una hija de quince años, que tengo cuentas que pagar como todos mis colegas y que nuestro objetivo no era llegar a la batalla. Queríamos una respuesta. Pero la policía es la única que nos escuchó”.

Asediada por los medios de comunicación, Maria Teresa, de 41 años, casada con otro policía y Licencia por la Universidad de la Sapienza de Roma, explicó con solo tres palabras porque decidió quitarse el casco y apoyar a los huelguistas. “Porque somos todos trabajadores”.

La foto lo dice todo. Igual que Pasolini. Recuérdenlo cuando estén delante de los policías.

Foto manifestacion


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2 Comentarios

  • Francisco Manuel Rico Lesta says: 6 febrero, 2016 at 12:43

    Los que deben acordarse que son trabajadores también, so los policías.

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  • Luca says: 7 febrero, 2016 at 17:21

    Gran artículo, realmente interesante y que denota tu sentido de análisis crítico socio-politico, amigo Mariano.
    Creo que, a pesar de lo que había escrito en el muy criticado “Il PCI ai giovani”, la verdad es que Pasolini siguió siendo en contra de la policía y la policía siguió siendo en contra de Pasolini. El mensaje que él quería comunicar en realidad no era de verdadera simpatía con los policías, sino de crítica provocatoria y estaba dirigido a los estudiantes de izquierda. Esta paradoja le servía para remachar que la verdadera revolución nunca habría podido nascer de los estudiantes, porque ellos son hijos de la burguesía! Como mucho habían el poder de provocar una ‘guerra civil’ y generacional en el seno de la burguesía. La revolución, decía Pasolini, pueden hacerla sólo los obreros, a los cuales la gran prensa burgués nunca habría lamido el culo, como en cambio siempre ha hecho con los estudiantes. Eso porque sólo los obreros representan un verdadero peligro para el capitalismo, y si los estudiantes quieren luchar en ese sentido, tienen que hacerlo a sus lados.
    Quiero cerrar mi comentario pidiendo en préstamo las palabras de Roberto Chiesi: “Se guardate tra le terribili foto del ritrovamento del cadavere di Pasolini, ce n’è una, forse la più terribile, che mostra il corpo rovesciato e martoriato, con intorno alcuni inquirenti e poliziotti seduti sulle ginocchia. In particolare c’è un poliziotto seduto accanto al cadavere di Pasolini, che sorride. La foto lo mostra in maniera inequivocabile: è un sorriso di scherno, di disprezzo. Questa immagine può essere presa a campione di tutta un’Italia deteriore, da rifiutare, condensata in quell’immagine in bianco e nero, apparsa sulle prime pagine di tanti giornali dell’epoca.”

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