15 / 08 | Mundo, Política

LOBO SUELTO, CORDERO ATADO


Alguna vez, quizás, se te va la mano…

Desde los días posteriores a los atentados fundamentalistas en distintas ciudades europeas, redunda un axioma acerca de la alarma que provocan los denominados “lobos solitarios”, aunque la mayoría de los atacantes no lo sea. El concepto de “lobo solitario” implica que el atacante actuó solo o, por lo menos,  sin vínculos formales con un grupo terrorista, que él mismo desarrolló las ideas que impulsaron sus acciones, sin cómplices y sin compartir con nadie sus planes; por eso el apelativo contiene problemas desde su génesis. “Lobo solitario” es un término popularizado en la década del 90 por los supremacistas blancos Tom Metzger y Alex Curtis, con el cual intentaron que personas con su misma ideología cometieran acciones terroristas sin ningún tipo de coordinación. Algunos estudiosos que han analizado el fenómeno argumentan que, técnicamente, el único lobo solitario en la historia del terrorismo estadounidense y europeo que cumplía con todos los requisitos descriptos fue Ted Kaczynsk, famosamente conocido como “Unambomber”, quien, con sus cartas bombas, asesinó a tres personas e hirió a otras 23 durante 17 años. Una cifra bastante menor en comparación con los estándares actuales.

Durante el último mes y medio europeo se han sucedido y divulgado ataques terroristas perpetrados por individuos solitarios y reivindicados en nombre del Estado Islámico: el atentado con un camión de carga en Niza (en la acaudalada zona de la Costa Azul francesa), la toma de rehenes y asesinato de un cura anciano en Saint-Etienne-du-Rouvra (Normandía, Francia), el ataque con un hacha de un refugiado afgano que hirió a cinco personas en un tren que iba desde Treuchtlingen a Wurzburgo (Alemania), el fallido intento de detonar una bomba por parte de un refugiado sirio en un concierto en Baviera (Alemania), y el ataque a machetazos en Charleroi (Bélgica) contra dos mujeres policías. A todo esto, habría que sumar, fuera de Europa, la masacre de Orlando perpetrada por Omar Matten, donde fueron asesinadas 49 personas en el tiroteo en masa  más mortífero -y el mayor acto de violencia asesina contra el colectivo LGTBB- en la historia de Estados Unidos.


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Y las almas en pena invaden tu cuerpo…

El uso de la figura de “lobo solitario”, entonces,  no es un accidente. Las autoridades de los respectivos países atacados han contribuido en extender esta teoría puesto que favorece a una desarrollada narrativa que pretende, en cierto modo, excusarlos (y excusarse) por la propia imposibilidad de los Estados de prevenir este tipo de ataques. Es más fácil representar a las agresiones como lo que no puede advertirse (y por lo tanto, detenerse) en lugar de aceptar que estas personas no están solas -no se radicalizaron por arte de magia- y que las fuerzas de inteligencia o seguridad han fallado al no poder prevenirlas a tiempo. Durante los primeros días posteriores a un ataque, cuando la cobertura mediática es más intensa y los funcionarios se ven presionados a entregar un panorama inmediato de los hechos -propio de los tiempos y estándares comunicacionales actuales- es casi imposible evaluar la actividad precisa de los teléfonos o computadoras de los atacantes; mucho menos trazar un itinerario acertado de sus últimos movimientos. Vale como ejemplo la urgencia con la que los investigadores alemanes comunicaron que los atentados acontecidos en Baviera -el del tren y el recital- habían sido obra de lobos solitarios: no habían transcurrido siquiera 24 horas y políticos y policías ya hablaban de esta figura. Fue interesante notar cómo, días después, cuando la inmediatez periodística y los hashtags en Twitter numeralizaban otros temas, fue posible confirmar lo que en un principio había sido negado: el órgano oficial de comunicación del Estado Islámico, Amaq, difundió los dos videos de lealtad de los atacantes al líder Abu Bakr Al Bagdadi. Esto clarificó no sólo un alto grado de conocimiento de la estructura de alianzas a la organización por parte de los atacantes sino que logró demostrar que, si los terroristas habían logrado enviar sus mensajes grabados a Amaq, no eran simples trasnochados sino parte consciente de la estructura y propósitos del grupo.

Omar matten

Con un accionar similar, las autoridades belgas desestimaron raudamente que el ataque realizado el 8 de agosto en contra de dos mujeres policías haya tenido alguna conexión con el Estado Islámico, a pesar de que el grupo reivindicó su autoría en sus canales habituales de información. Y es necesario remarcar este punto las veces que sean necesarias: el Estado Islámico no se arroga cualquier atentado, exitoso o no. Por ejemplo, el tiroteo de Munich, Alemania, en donde un joven iraní aniquiló a 9 personas, nunca fue asumido por la red terrorista; sí, en cambio, se adjudicó el frustrado ataque del hombre bomba iraní en Ansbach, mientras se celebraba un festival de música en esa localidad alemana, donde sólo consiguió su propia muerte.

Y caes en manos del Ángel de la Soledad…

Tanto periodistas como investigadores no han aprendido la lección ya revelada once años atrás con los ataques contra los subtes de Londres, en julio de 2005. Después de que una comisión oficial británica dictaminara que los terroristas que atentaron contra la capital inglesa formaban parte de una célula autónoma, sin ningún contacto con otra organización madre (los describieron como a “cuatro hombres normales usando Internet”), Al Qaeda reveló -en el primer aniversario del ataque- un video conmemorativo, grabado por uno de los atacantes, previo a su “acto de martirio”. Una década más tarde, el mismo patrón de pensamiento siguió repitiéndose en otra capital europea. Cuando tres turistas estadounidenses frustraron, en agosto de 2015, el intento de un joven marroquí de 25 años de asesinar a los pasajeros de un tren que se dirigía desde Amsterdam a París, muy pronto la acción fue denominada como la de un “lobo solitario”. En los días siguientes, un video de propaganda del Estado Islámico, que instaba a sus seguidores llamándolos “leones solitarios”, a asesinar a los enemigos del grupo en todas las latitudes, contribuyó a cimentar la idea de que el atacante era una persona inestable que había caído presa de la propaganda del grupo y no, en cambio, un individuo que seguía -y creía en- órdenes específicas. Lo cierto es que todo formó parte de una estrategia de distracción de la organización. Tres meses después, cuando se produjeron los sangrientos y coordinados atentados de París, en noviembre de 2015 (con 130 víctimas), las autoridades francesas revelaron que el belga Abdelhamid Abaaoud, cerebro y líder de la avanzada yihadista contra suelo parisino, había estado en contacto con el presunto “lobo solitario” marroquí del tren. El ataque había sido -junto con otro que no llegó a materializarse en abril de ese mismo año contra lugares de culto cristianos- un intento de los terroristas por desviar la atención mientras preparaban los múltiples (y coordinados) ataques en lugares de esparcimiento y diversión en París.

"el Estado Islámico no se arroga cualquier atentado"

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No obstante, las raíces del árbol no terminan ahí. Con posterioridad al ataque contra el museo judío de Bruselas, en mayo de 2014 (4 muertos), la policía encontró un video donde el atacante, Mehdo Memmouche, junto a una bandera del Estado Islámico, había dejado constancia de que era su autor y que iba a realizar su agresión en nombre de los yihadistas. Sin embargo, la fiscal adjunta de Bélgica, Ine Van Wymersch, desestimó cualquier conexión con el grupo terrorista y sentenció que Memmouche había actuado en soledad. La realidad, según el registro de su teléfono, era otra: el atacante había mantenido una conversación de 24 minutos con Abaaoud antes del ataque al museo judío. Ya no había dudas, aunque las autoridades no expresaran públicamente su equivocación primaria en algún medio de comunicación.

Y él, gracias a Dios, tampoco cree en lo que oye…

Mientras la prensa “occidental” se encuentra encerrada en estas cuestiones junto al debate acerca de que si los ataques del Estado Islámico en Europa son producto de la agresión que sufre la organización en los territorios que controla en Siria e Irak por parte de la coalición internacional (a pesar de que el EI viene atentando contra Europa bastante antes de que las fuerzas internacionales comenzaran a bombardear al grupo, junto  la inapelable realidad de la concreción de todo tipo de carnicerías en latitudes ajenas a esta disputa), el último número de la revista online de los yihadistas, Dabiq, pone los puntos sobre las íes. “Es importante para nosotros clarificarle a Occidente -otra vez- por qué los odiamos y por qué los combatimos (…) Lo importante aquí es entender que, a pesar de que muchos sostengan que sus políticas exteriores son las que nos lleva a odiarlos, esta particular razón es secundaria. El hecho es que, incluso, si detienen los bombardeos contra nosotros, dejan de encarcelarnos, torturarnos y robarnos nuestras tierras, continuaremos odiándolos ya que nuestra razón principal no cesará hasta que no abracen el Islam. Es importante que entiendan que los atacamos, no simplemente para disuadirlos y castigarlos, sino para atraerlos… a la luz del Islam”.

hacha

 


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