13 / 07 | Documento político

LADRILLEROS


El miércoles 12 de julio la Unión Obrera Ladrillera de la República Argentina y la Universidad Arturo Jauretche estrenaron un mediometraje llamado “Ladrilleros”, que documenta de menor a mayor las características de una actividad tan olvidada como la producción de ladrillos. La otra cara del relato es la recuperación del sindicato y su política activa por formalizar lo más posible una actividad sumergida en la informalidad bajo muchos modos (algunas empresas, muchas emprendimientos familiares, cooperativas, trabajo infantil, etc.). La Sala Felipe Vallese de la CGT se llenó a las 4 de la tarde, y no cabía un alfiler. Abajo compartimos el video, treinta minutos que aclaran mucho la realidad ladrillera. No me interesa agregar mucho más, aunque sí reforzar un poco aquello que hace tan singular el movimiento de recuperación del sindicato, de este sindicato para estos trabajadores. Y recordé unas palabras que hace poco me dijo el maestro Alejandro Kaufman, acerca de que el ladrillo tiene el simbolismo de “transformar la tierra en civilización”. La agricultura sería la otra forma de hacerlo. Pero, también recuerda Alejandro, el ladrillo nunca es tan reconocido, y extremando, podemos decir que recordamos más al negro que levanta el algodón, al tucumano de los ingenios, al Che cortando la caña, al obrero portuario, al metalúrgico, al constructor, y así, pero… ¿quién hizo, quién hace los ladrillos? La organización de los trabajadores ladrilleros tiene origen a comienzos del siglo XX con los anarquistas, en la histórica F.O.R.A. El 21 de agosto de 1945 Perón habló ante miles de ladrilleros, los que semanas después, el 17 de octubre, llegaron a la Plaza de Mayo para pedir su libertad. Fue durante el primer peronismo que recibieron la personería gremial N° 269 y constituyeron la U.O.L.R.A. Tras décadas de ausencia, el 21 de mayo de 2015 se normalizó el sindicato, siendo elegido Luis Cáceres como Secretario General y reingresaron a la CGT en el Congreso Normalizador del 22 de agosto de 2016. La recuperación del sindicato fue una decisión política bajo el contexto de emergencia de la CTEP. Lo que el histórico militante Luis Cáceres les ofreció a la familia ladrillera no fue exactamente una experiencia en los hornos, sino una práctica organizativa para una actividad que vio pasar los períodos virtuosos de la economía, los años de crecimiento a tasas chinas, y “no tuvo la organización sindical que ayudara a aprovecharlos”, como dice el propio Luis. Según estudios de la Secretaría de Minería, en 2010 había 160 mil familias ladrilleras. ¿Por qué familias? Porque la actividad tiene alrededor de un 80% de emprendimientos familiares. Eran datos durante el “auge de la construcción”. Hoy, sin tener números, es seguro que el número de familias bajó. En las elecciones de mayo de 2015 hubo 2 mil afiliados habilitados para votar. Hoy ya son más. Acá, el cruce entre militancia política con experiencia y una actividad condenada a la informalidad se empieza a revelar virtuoso. La actividad existe, no la inventó el Estado. Y ahora, en el marco de esta economía en caída, paradójicamente se fortalecen. También el trabajo de los ladrilleros representa un eslabón productivo en la intersección entre la llamada “economía popular” y la “economía formal”. Migrantes, trabajadores “sin patrón”, explotados o empleados que le temían al sindicato anclados al circuito productivo de la construcción, y en esa cruza anfibia entre formal e informal, entre CTEP y CGT, el sindicato de los ladrilleros recuperado forma una síntesis creativa que promete un futuro mejor no sólo para sus representados, sino para todos los trabajadores argentinos. Estaban en las Sagradas Escrituras: y amargaron su vida con dura servidumbre, en hacer barro y ladrillo, y en toda labor del campo, y en todo su servicio al cual los obligaban con dureza

Pasen y vean.

 



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