02 / 11 | Política

LA VANGUARDIA AMARILLA ES ASÍ


 

 

Entre la espuma de los buenos resultados, la ola mayoritaria en la sociedad a favor de un cambio y el desconcierto sumado a la confusión en la campaña del candidato oficial, las posibilidades de Mauricio Macri de ser electo presidente crecen. Si esto concluyera con su victoria, por primera vez desde la Ley Sáenz Peña nuestro país no sería gobernado ni por un radical ni por un peronista, abriéndose así un inédito panorama político. La centroderecha finalmente habría logrado atraer a una mayoría. Argentina es el único país sudamericano en el que nunca sucedió, hasta ahora. De concretarse, el triunfo de Macri plantearía desafíos políticos novedosos para oficialistas y opositores.

De la mayoría social a la mayoría política

Si triunfara, la coalición Cambiemos enfrentaría dos desafíos fundamentales. En 1981, al asumir la presidencia, François Mitterrand dijo “la mayoría política de los franceses, expresada democráticamente, acaba de identificarse a su mayoría social”. Sería éste precisamente el primer reto: transitar de una mayoría social, nacida del rechazo acumulado al kirchnerismo, a una mayoría política, favorable a un nuevo proyecto.


Más allá de los justificados festejos en Cambiemos, sería importante recordar que solo recibieron el voto de uno de cada tres argentinos. Del mismo modo que el alfonsinismo fue una mayoría política que expresaba más que el radicalismo, y el menemismo o el kirchnerismo más que el peronismo, la eventual nueva mayoría social no solo excedería al PRO sino incluso al propio frente. Su desafío consistirá pues en ampliar su representación política. El sistema de doble vuelta puede servir para lograr una mayoría electoral, pero lejos está de constituir un apoyo político que sostenga las decisiones de gobierno.

Sin embargo, el silencio de Macri no nos permite saber cuáles serán sus políticas y solo nos queda la especulación. Sus eventuales decisiones de gobierno no tendrían entonces la validación del voto popular, a diferencia, por ejemplo, del Juicio a las Juntas de Alfonsín o la continuidad de la Convertibilidad de De la Rúa.

Si decidiera ampliar su base de sustentación se podrían generar tensiones con el establishment. Gran parte de la incapacidad de la centroderecha para triunfar en elecciones durante el siglo XX se debió a que nunca pudo presentar una oferta electoral que fuera más allá de los intereses exclusivos e inmediatos de ese sector social. No sería extraño que, tras 12 años de kirchnerismo, el establishment se decidiera ahora a “ir por todo”.

Del divorcio entre las necesidades políticas objetivas de Cambiemos para ampliar su legitimidad y los intereses propios del establishment podría nacer una contradicción en el tiempo que viene. Esto podría notarse muy rápidamente en la estrategia que elija el próximo gobierno para resolver los desequilibrios macroeconómicos que hereda y decidir quién pagará el costo del ajuste.

La gobernabilidad, otra vez

Eliminada desde 2005, la cuestión de la “gobernabilidad” volvería a la escena. El segundo desafío del oficialismo –si vence Macri– sería la construcción de mayorías parlamentarias.

El Senado sería el refugio principal del peronismo desde donde podría condicionar fuertemente al próximo gobierno. Cambiemos sumará apenas 15 de los 72 senadores y tampoco tendría mayoría en Diputados. A menos que pretenda repetir la ya tristemente célebre Banelco, para aprobar sus leyes Macri debería negociar arduamente con la nueva liga de gobernadores peronistas que podría formarse. A su favor heredaría la mayor centralización de recursos en la distribución nación-provincias desde 1983.

Sin embargo, negociar ley por ley representaría un desgaste permanente. Para construir esa mayoría parlamentaria, sería necesario ampliar la coalición a sectores del peronismo, que de pasar a la oposición se sumergiría en fuertes tensiones internas, que la candidatura de Scioli apenas disimula.

Así, el desafío de la gobernabilidad y la construcción de una nueva mayoría política son dos caras de la misma moneda. Parte de la estabilidad de un eventual gobierno de Cambiemos se jugaría, entonces, en su capacidad para romper la histórica división peronismo-antiperonismo en la Argentina.

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El frío de la oposición

El peronismo enfrentaría un duro desafío si pasara al rol de oposición. Durante gran parte del siglo XX, su columna vertebral fue el movimiento obrero organizado. Sin embargo, en las últimas dos décadas, nuestra sociedad mutó, mostrándose cada vez más fragmentada y dual. En un país donde según la OIT uno de cada dos trabajadores es informal, los sindicatos pasaron a representar una porción minoritaria de la fuerza laboral.

Hace algunos años, el politólogo Steven Levitsky describió cómo, en un proceso progresivo desde el retorno de la democracia, los políticos del PJ, a partir del acceso a recursos del estado, armaron sus propias redes clientelares, construyeron desde allí poder territorial y así redujeron su dependencia de los sindicatos. La creciente informalidad de la sociedad consolidó este proceso. El peronismo trasplantó así su columna vertebral, de los sindicatos al control del estado. En caso de perder, enfrentaría el inédito desafío de vivir en la oposición sin el sindicalismo fuerte de otros tiempos y con una gran pérdida de recursos (además de perder la nación, solo gobernaría una de las cinco provincias grandes).

No solo eso. Las relativamente mejores condiciones económicas que enfrentará el próximo presidente (con respecto a las derrotas peronistas de 1983 y 1999) amenazarían, además, con romper el mito de que “solo el peronismo puede gobernar”. Si Macri lograra ser el primer presidente no peronista en completar su mandato desde Marcelo T. De Alvear, el peronismo habría perdido también un importante capital simbólico instalado en la sociedad argentina.

PRO6


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2 Comentarios

  • mariana says: 4 noviembre, 2015 at 11:46

    me encanto la nota-

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  • Miguel says: 12 noviembre, 2015 at 20:20

    La Argentina asiste a una situación inédita, como dice el artículo. Por primera vez el centro derecha puede llegar al gobierno por medio de elecciones y no mediante un golpe militar o asociándose a un movimiento populista, como en el 89. Es además una centro derecha modernizada, no asociada al nacionalismo católico, que admite el matrimonio gay y promete defender la escuela pública. La tiene muy difícil porque el kirchnerismo deja una bomba económica a punto de estallar y la sociedad no tolerará un ajuste. Sus posibilidades de sobrevivir se juegan los primeros seis meses. Si logra salir del cepo sin ingresar en la hiperinflación y conseguir inversión interna y externa para no caer en la recesión. Si no lo logra, la Argentina corre el riesgo de caer en el monopartido, que se refuerce por décadas la idea de que sólo el peronismo puede gobernar lo que aumentará su impunidad cuando llegue nuevamente al poder. Si sortea la crisis, todo el cuadro político se tendrá que reordenar y una oposición progresista, más socialdemócrata, en torno al peronismo o no, ocupará el lugar de alternativa política.

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