14 / 03 | Política

LA OBSESIÓN POR NOMBRAR


Los holdauts eran buitres hasta hace 5 minutos.  Los desaparecidos devienen en un coro de lotería a ver quién canta el número más polémico.  La inflación la miden para ver quién la tiene más larga. Los porcentajes de comisión por encima del monto de una deuda externa son objeto de patriómetro y el cipayismo. Todo muy normal y educado, como corresponde a gente que está de acuerdo en casi todo. Pero la tribuna, compuesta por asesores, encuestadores, columnistas y otros oficios igual de innecesarios, pide sangre, pide pasión, pide revancha: vive de eso ese nicho de astronautas espaciales. Que de vez en cuando se va una vuelta por la tierra.

Las consultoras miden el ánimo de la opinión pública. Cuánta tensión. Las señoras salen a barrer la vereda discutiendo si la negociación trunca de Kicillof fue mejor que la de Prat Gay. Ambas coinciden en el grave problema de no arreglar con estos caballeros: son conscientes del aluvión de inversiones extranjeras en áreas claves que según su mirada necesitan de urgente infraestructura o continuidad con cambios como en el área espacial.

 

-Señora, le hago una pregunta final. ¿No va a cambiar de opinión el mes que viene si la inflación se sigue acelerando?


-Discúlpeme señor consultor, pero no le puedo prometer eso. Ya es mucho que trabaje con materia prima gratis. Las cosas están aumentando mucho. El cable aumenta todos los meses. Si no puedo ver la novela bajo 10 puntos mi opinión a favor de la política aeroespacial.

-¿A quién le echa la culpa, señora, por el aumento de todo?

-eh…

-¡La culpa, señora de quién es la culpa, por favor!

-Mmm, déjeme pensar. No quiero emitir un veredicto definitivo porque sé que esta sentencia ciudadana tendrá enorme gravitación en el rumbo del gobierno…

-Dele, señora, que hay un montón de gente que necesita saber con urgencia

-¿Quiénes son?

-Bueno, nosotros. Los consultores, los asesores, los columnistas.

-Yo no conozco a ninguno. Por qué hablan en mi nombre.

-Porque los políticos no se animan a decir, además de que no tienen ni idea de qué hacer.

-¿Por qué no me preguntan a mí?

-Porque no tienen tiempo, están en reuniones para decidir si van a otras reuniones.

-Claro, la gente importante siempre está reunida.

 

La obsesión por encontrar culpables de los problemas generados por el gobierno (¡Por el anterior gobierno! ¡Fue la dictadura! ¡Es el imperialismo! ¡Es Clarín!) es la histeria rezagada de los policías del lenguaje, que tanto habitaron el Estado. En retirada tas comprobar que la inflación, la desigualdad social, la corrupción, no son problemas semánticos ni semióticos, queda el reflejo en el periodismo y la cultura, más permeables porque a contramano del auge visual, las palabras dominan su metier. Y le expanden los límites de lo posible en el lenguaje para elaborar consignas simplistas para la gran demanda estatal de giladas de asesores.

Las redes sociales han momificado la capacidad epistemológica de estos actores, que contentos se recluyen en su exacerbado simplismo. Total su cliente suele ser un amante de las oraciones unimembres y como toda persona con precario manejo del lenguaje, le otorga a las palabras un valor inconmensurable.  Esa gente nació con vocación de FREPASO, aún no hay cura para la epidemia de boludismo.

Después de todo, allá afuera hay un montón de idiotas esperando la noticia salvadora que confirme sus peores temores y frustraciones.

La obturación de la verdad se da por saturación. Una incesante acumulación de noticias irrelevantes obtura el cerebro con mucha más eficacia que cualquier ley de propiedad de los medios, volcada sin astucia al gansterismo de patrullar los contenidos.

La degradación de la palabra se da luego de haberle conferido tanta importancia exagerada.

A veces es saludable ir a contramano de la viralización de tonterías, que crea un sentido común microscópico en los microclimas, que luego se desintegran sin remedio cuando tarde o temprano la realidad impone su bastón de mando.

 


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3 Comentarios

  • Adrián Rozengardt says: 14 marzo, 2016 at 16:57

    Una incesante acumulación de noticias irrelevantes obtura el cerebro con mucha más eficacia que cualquier ley de propiedad de los medios. Como esta nota, que no dice nada, solo una catarata de conceptos sin dirección, como una obsesión por nombrar y nada más. Panamá me tiene acostumbrado a mejores voces, casi siempre.

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  • Oskkar says: 14 marzo, 2016 at 19:13

    Llegué hasta el último párrafo esperando que comience el artículo, a la expectativa de contenidos relevantes. Comenzó insinuando, terminó repitiendo frases elaboradas, recursivas y rimbombantes. Si ppr lo menos hubiera terminado con las insinuaciones del inicio…

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  • U Rola says: 19 marzo, 2016 at 17:18

    Se ve que Panamá necesitaba tener su propia pluma impresentable, como para bajarle la calidad al contenido y que no destaque tanto.
    Lo malo, es que si Macri cumple sus promesas sobre el narcotráfico, será jodido pagarle bien a este escriba, demasiado bien aficionado a la máxima pureza… ironías de la política…

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