25 / 06 | Política

LA IDEA Y EL TERRITORIO


“No hay arma tan poderosa como la de una idea cuya hora ha llegado”, exclama el presidente Jackson Evans, interpretado por Jeff Bridges, al final de la película Candidata al poder (The Contender). Pero, claro, Evans no conocía el farragoso terreno de la política argentina donde las ideas son percibidas como derivaciones intelectuales de escasa relación con el “pragmatismo” necesario para la realpolitik de la conquista de cargos. Al contrario, se dice, se construye con la chequera -de ahí la importancia del control del aparato estatal- para asegurarse votos. Con esta visión de las cosas, que parece fuera de discusión, los partidos se transformaron en maquinarias electorales.

Bajo esta lógica, las políticas de alianzas pasan a ser la suma de los porotos. Si A tiene X% y B, Y%, sumemos para aumentar territorialidad y votos. Muchos frentes electorales se construyeron así en los últimos años a pesar de los reiterados fracasos en las urnas. Así es imposible entender las razones por las cuales Macri negó la alianza con Massa. Si uno tiene un agujero negro en la provincia de Buenos Aires, donde el otro es precisamente más fuerte, ¿qué más obvio que hacer realidad esta complementariedad “cantada”?

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Porotos y representación política también


Pierre Rosanvallon sostiene que la representación es la mediación de la identidad, es “personificar”, como decía Hobbes. En una campaña electoral, prosigue Rosanvallon, el mecanismo de “identificación” es fundamental. Existe algo que atrae, encanta o interpela a un votante hasta lograr la necesaria identificación con el candidato. Para Max Weber el liderazgo carismático no reside en las cualidades extraordinarias que posee un individuo sino en que, sutileza no menor, sus seguidores crean que las tenga. La representación se produce si el votante cree, por algún motivo, en el líder. Y eso sucede, en general, cuando un líder personifica una idea o concepto.

¿Cómo identificarnos con maquinarias electorales? La verdad sea dicha, no parece muy fascinante. Un claro exponente de los límites (incluso desde una mirada supuestamente pragmática) de la política concebida solo como construcción territorial es la historia reciente del radicalismo y sus oscilaciones de alianzas sin otra lógica que la búsqueda de cargos.

El resultado es la aparente paradoja de un partido presente en todos los pueblos del país y, al mismo tiempo, irrelevante en tanto fuerza nacional. Más allá de una cultura transmitida generacionalmente cada vez más débil, el radicalismo carece de una idea fuerza que apele a la identificación de los votantes.

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La “pureza” de Durán Barba y sus límites

Quienes defienden, con Durán Barba a la cabeza, la línea de un “PRO puro” conciben a la política no solo desde la construcción territorial sino, sobre todo, a partir de la necesidad de lograr representación política. Macri debe personificar la idea (quizás sea demasiado pretenciosa la palabra) del cambio. Busca que el votante crea en él y se identifique para representarlo. Desde esta perspectiva, Massa, quien fue durante 10 años parte del kirchnerismo, era un problema. A esto, se agrega una razón complementaria: una porción sustancial de los votos de Massa habrían ido a Scioli aumentando las posibilidades de una victoria del FPV en primera vuelta.

La aparente contradicción de la alianza con el radicalismo fue corregida con la nota al pie –no mencionada en la Convención de Gualeguaychú– que aclaraba “no va a haber un cogobierno, el que gana gobierna y el que pierde, sugiere”. En otros términos, esta cláusula no escrita garantiza que, a la hora de sentarse en la mesa de decisiones estratégicas del gobierno, no estarán los radicales. La representación del cambio sigue “pura”.

Sin embargo, el problema de la estrategia del PRO es que el cambio carece de traducción concreta. El “somos la vida” que Raúl Alfonsín pretendía personificar se tradujo en términos prácticos durante aquella campaña en la decisión de juzgar a los militares. No era solo una estrategia electoral; apuntaba a la construcción de poder político para gobernar. El juicio a las juntas fue posible porque tenía legitimidad y respaldo: había sido validado por el voto popular.

¿Cómo sería el cambio si ganara Macri? La respuesta es un misterio ya que el candidato hace del silencio una regla de campaña. Describir hoy cuál sería la orientación general de su gobierno es materia de especulación. Nada anticipa, pues, que sus eventuales decisiones estratégicas de cambio sean acompañadas por una mayoría.


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1 Comentario

  • Dr. Eduardo M. V. Jasson says: 2 julio, 2015 at 17:56

    Coincido con Nicolas, en que la ideologia vacia de pragmatismo es un herramienta inutil para una sociedad y un gobierno tambien, de la misma manera que pragmatismo sin ideologia tambien es un cascaron vacio.
    la ideologia da un marco de referencia para la guia de acciones de gobierno, lo que se hace y lo que afecta al ciduadano mejorando su calidad de vida mediante la creacion de riqueza que se transforma en mejoras sociales.
    Este matrimonio entre ideologia y pragmatismo se da en tres niveles: El primero en nivel institucional, una buena infaestructura institucional, a nivel estatal, a nivel empresarial y a nivel social, limita y modera la intervencion gubernamental y permite las fuerzas sociales y economicas de una nacion se desarrollen como hacedores, como transformadores de una sociedad y tambien como distribuidores genuinos de la riqueza que ellos mismos ayudan a crear. El Segundo nivel es el nivel social. Si una sociedad on es capaz de generar las condiciones para que todos los estratos sociales tengan el mismo acceso a oportunidades futuras, entonces las sociedades crean y acrecientan separaciones entre los diversos estratos sociales. No es funcion de un gobierno el crear esta condicion de equiparidad de oportunidades futuras, pero el de crear contextos en los cuales las fuerzas sociales aprendan y ejerciten su capacidad de equiparidad. El tercer nivel es el empresarial,

    No sirve de nada mostrar lo que se ha hecho, o lo que se va a hacer. Es necesario crear una vision social en la que el otro es mas importante que el yo, mostrar una vision institucional madura, desarrollada y con experiencia de gestion y negociacion como un elemento fundamental para cohesionar a la sociedad. Por ultimo, hay que votar una vision economica que muestre progreso, desarrollo, fuerte inversion en la sociedad y sobre todo sustentable y coherente en el tiempo.

    Ninguna de estas ideas rquiere que necesariamente sea el estado el responsible de hacerlo, hay casos exitosos, como el caso de Finalndia o Canada, en que el estado assume esta responsabilidad y grandes fracasos como Venezuela, Argentina y tantos otros. Hay casos en que el estado assume solo un rol de creacion de contextos positivos, como el de Nueva Zelandia o Australia y en alguna epoca USA. tambien hay casos mixtos en que esta responsabilidad ha sido compartida con resultados mixtos. El economist Rodrick propone una solucion que debe ser idsyosincratica adaptado a cada caso y patron cultural.

    Mi opinion respecto de Argentina es que haty mucho trabajo para hacer. No es un pais con una gran infraestructura institucional, ni siquiera podriamos decir que es sustentable en el tiempo. la clase empresaria Argentina es tambien my debil, e hecho es que las empresas multilatinas originadas en Argentina se cuentan con los dedos de una mano, sin embargo hasta la decada del 70, esto no era asi, habia grandes empresas listas para internacionalizarse y tomar un rol global. Porque no sucedio? es tema de debate en la hostoriografia de las empresas Argentinas desde hace ya un largo tiempo.

    Por eso un candidato ideal debiera claramente demarcar su “framework” definiendo el rol del estado, como se hara mas fuerte la infraestructura institucional, como acrecentar la participacion de las fuerzas sociales como moldeadores de una ideologia conductora (las reglas y valores), pero tambien como ejecutores de los programas y acciones sociales. Por ultimo, un candidato ideal tambien debe demarcar el rol de los empresarios, que minimanente es el de crear riquezas y desarrollo mediante sus inversiones, sus planes de desarrollo, sus planes estrategicos, sus innovaciones. Pero tambien el gobierno debe promover que el sector empresario defina como puede y debe colaborar a mejorar las condiciones sociales e institucionales, para producer un major desarrollo integral.

    Ninguno de los candidatos a tenido el coraje de hacer transparente estos temas (probablemente porque pueden pensar que si lo hacen, eso les espantaria votos). Todos se han concentrado en mostrar pragmatismo pasado y en algun caso prgmatismo future, pero nada se ha hablado de los marcos de referencia ideologicos. Ese es el pecado de Argentina y de todos los ciudadanos.

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