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LA CAÍDA


Ágil, precisa y certera es la pluma de Carlos Irusta, el autor de “Monzón, la biografía definitiva”, que es parte de la colección Un caño, que edita Planeta con historias del mundo del deporte. Periodista experto en boxeo y testigo (no sólo por su metier, donde es un reconocido y prestigioso profesional, sino porque su padre también entrenó boxeadores en el Luna) del ascenso y caída de Carlos Monzón, Irusta nos transporta a otra época, encara este libro que va de frente hacia los vericuetos del personaje. En ese desafío no solo sale ileso sino que nos regala un libro cinematográfico.

Cada capítulo es una escena. Desde el primer párrafo nos lleva a una época reciente pero lejana, descrita sin ahorrar detalles. Carlos Monzón, santafesino, nacido tres años antes que el peronismo, hijo de una familia muy pobre y numerosa, con tres años de escuela primaria, trabajador infantil, con resquemor hacia la uniformados luego de ser detenido por robarse un puchero, padre adolescente, anémico, raquítico y con una furia sublimada por el deporte recorre las páginas del libro hasta envolvernos en los confines del box y la fama.

Bio

Irusta no solo hurga en la historia del deportista sino que nos relata el contexto: nos pasea por el mundo de los años 60, 70 y 80. Las Vegas, los mafiosos, el asesino de Bugsy Siegel, los Kennedy, Onganía y La Noche de los Bastones Largos, el Cordobazo, el shock de Susana, el Torino, la violencia en los comerciales (cita a Sebastián Carassai y su magnífico libro Los años setenta de la gente común), James Bond y su machismo. Un mosaico de nombres en esa frontera entre espectáculo, arte y política. Palito Ortega. Los príncipes de Mónaco. Leonardo Favio, El facha Martel, Daniel Tinayre, Horacio Acavallo, Alberto Olmedo, Alain Delon… Úrsula Andress. La muerte de Perón. Todo engarzado e hilvanado para situar a su protagonista en un tiempo donde todo aquello estaba increíblemente junto y revuelto .


"El rival que es visto como “el que le roba el pan a mis hijos”"

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Monzón, el que en sus comienzos no llenaba el Luna Park, ese Coliseo que en los 60 era la catedral del consumo  porteño, va sin prisa y sin pausa ascendiendo, a trompada limpia y habilidad. Irusta nos ofrece con pinceladas quirúrgicas sus peleas: para quien no guste del boxeo es fácil entender cada enfrentamiento sobre el cuadrilátero, ya que breve y con técnica envidiable hace preciso el relato que nos ubica al lado del ringside. No necesitamos cerrar los ojos ante los knockouts.

Sin piedad pero sin saña puede desgranar esa vida cuyo final trágico no está signado por su muerte sino años antes: el día que asesina a Alicia Muñiz. Un paradójico día de los enamorados, el 14 de febrero de 1987. Un campeón difícil de abordar ya que su construcción como ídolo viene de la misma mano que dejó sin vida a su ex mujer.

El macho

Retrato tiene tres partes

El ascenso. El rival que es visto como “el que le roba el pan a mis hijos”. La máquina deportiva que entrena para derrotar. Fulminar. La obediencia a quién lo prepara. Amílcar Brusa su entrenador, Lectoure el promotor. Pelusa su mujer y madre de sus hijos, oriunda de la misma pobreza que lo vio crecer.

Y de ahí a la cúspide.

El campeón. El coqueteo con el cine. Europa. Susana, su gran amor y amante, los autos veloces, su perdición literal, el divorcio con Pelusa. Su atractiva sexualidad dentro del jet set europeo que lo bautiza El macho. Un nuevo círculo de amigos. Y el comienzo de los enfrentamientos entre los hacedores de su escala y los que acompañaron el derrotero.

Y llega la caída. El retiro. La separación de Susana. La noche. Los excesos. Su nueva mujer, Alicia. Maxi, el hijo fruto de esa relación. La violencia doméstica. El alcohol. La noche en la que asesinó a su ex mujer. La prensa. La cárcel. El juicio. Y un Csi sobre los hechos que atraparon a una audiencia, que allá lejos y hace tiempo se dividía entre quienes vitoreaban al campeón e increpaban al asesino. Su muerte durante una salida transitoria de la cárcel en un accidente automovilístico.

Monzón & Susana

A modo de película de Scorsese con todo tipo de vaivenes, Irusta, cuyo oficio es el de transmitir con palabras lo que vieron sus ojos, nos deja al borde de las cuerdas. Un relato veloz y meticuloso construido entre anécdotas de otros periodista, su propia voz y recortes periodísticos de la época. También se cuida en el abordaje a la oscuridad de Monzón.

"Sin piedad pero sin saña puede desgranar esa vida cuyo final trágico no está signado por su muerte sino años antes: el día que asesina a Alicia Muñiz"

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Los años y la percepción clara de la violencia de género está presente en Irusta, coetáneo de una época donde se permitía y se exaltaba el machismo encuadrado en licencias masculinas. Irusta hace el esfuerzo de zigzaguear su propia admiración por el campeón para adaptar el relato a la sensibilidad y el canon de estos tiempos. Es un gran film en 405 páginas: la historia de un maldito.


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