17 / 10 | Política

LA BASTILLA ARGENTINA

Cualquier historia política del 17 de octubre debe partir de un reconocimiento elemental: el peronismo, tal como surgió y se estructuró a partir de esa histórica jornada, tenía poco o nada que ver con los designios de Perón. Corolario paradójico que ilustra la tragedia de la acción política moderna, fundada al mismo tiempo en el reconocimiento de una esfera de albedrío no determinada por la Providencia, y en el carácter incierto, incognoscible y contingente que tiene cualquier decisión que el hombre tome sobre el mundo que lo rodea.


No somos títeres del destino, pero tampoco somos capaces de dominar, o siquiera prever, todas las consecuencias de nuestros actos.

En efecto, Perón no buscaba fundar un movimiento político nuevo, ni mucho menos basarlo en la experiencia de los trabajadores. Para contrapesar ese apoyo, buscó con ahínco el favor de los industriales, de la Bolsa de Comercio, y cortejó con energía a la dirigencia radical. Cuando, una vez caído en desgracia, fue detenido en Martín García, pareció completamente entregado a su destino: las cartas a su “queridísima chinita”, como llamaba entonces a Eva Duarte, nos revelan a un hombre derrotado, que sueña con mudarse al sur, casarse y retirarse de la vida activa. Las jornadas del 17 de octubre lo devuelven a los primeros planos, pero ya en un sitio que es ajeno a cualquier chance de entendimiento nacional, enfrentado con la totalidad de los partidos existentes. Casi podría decirse que Perón pasará el resto de su vida tratando de doblegar la voluntad impersonal de ese monstruo plebeyo que su prédica ha liberado, pero que no es capaz de conjurar. Lo hará desde el gobierno, lo intentará desde el exilio, y fracasará definitivamente en su retorno.

Pero el registro político es quizás el menos significativo de los que pueden acudir en auxilio del historiador cuando se trata de recuperar los horizontes de una ruptura tan trascendente. Las experiencias de los agentes, que condensadas en el tiempo pueden formar una identidad, nos dicen mucho más de las transformaciones de las mentalidades y de los imaginarios. Y en ese sentido, acude en nuestro auxilio el testimonio de Julio Morresi (un histórico militante peronista por quien la historia pasó en todas sus formas, también es uno de los pocos “Padres de Plaza de Mayo” tras las desaparición en 1976 de uno de sus hijos de solo 17 años). Con apenas quince años, Julio Morresi nos dice todo lo que necesitamos saber: que un adolescente nacido en 1930 no conoce el centro, que pese a vivir a menos de treinta cuadras jamás ha ido a la Plaza de Mayo (¿por qué lo haría?, ¿con quién lo haría?). Que nunca había visto tanta gente junta, y que no sabía cómo volver a su casa. Morresi, sin quererlo, nos introduce en una dimensión psicológica que racionaliza en términos de dignidad, hablando ya el lenguaje plebeyo de la Nueva Argentina de la que todos somos, en alguna medida, felices herederos. Su recorrido por la ciudad no es meramente un descubrimiento: es una colonización simbólica, es el acto por el cual un habitante conquista el propio espacio en que vive, y adquiere de ese modo la carta de ciudadanía que lo incorpora de pleno derecho a una comunidad política. Por eso, la narración de ese viaje tiene todo el tono de una aventura, la aventura de tomarse el tranvía equivocado.


Es difícil no percibir en aquellas jornadas de octubre el equivalente criollo de la toma de La Bastilla. Una liberación de las viejas ataduras, de las viejas jerarquías. Una ruptura de las antiguas relaciones de deferencia. Desde entonces, el peronismo ha sido todo lo que se puede ser: ha sido resistencia y ha sido colaboración, ha sido víctima y ha sido victimario, ha sido revolución y reforma de mercado. Pero no ha perdido jamás ese origen plebeyo que se encuentra en el origen de su vigencia, ese origen que, pese a todas las claudicaciones y relatos, lo sigue convirtiendo en un movimiento herético. Tal vez algún día pierda ese componente, pero para ello previamente deberá reconocerse que supo tenerlo, y deberemos, todos, reconocernos en su origen, no ya como peronistas, y sí, al menos, como sus herederos.



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8 Comentarios

  • Hernán says: 17 octubre, 2015 at 16:43

    Excelente

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    • Un curioso says: 18 octubre, 2015 at 13:51

      Por qué excelente si es una novelita bien rosa creada a partir de un relato personal de un sólo tipo, y además cuenta de los “herederos de Perón” hablando como sl la histroia fue una licuadora.

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  • Abel B. says: 17 octubre, 2015 at 23:38

    Hmmm… Es inteligente, breve, y está bien argumentado: Pero plantea dos cosas distintas, y la primera lo hace en una forma que invita a cascotearla.

    Empiezo por la segunda, que es la que estoy de acuerdo. El ADN plebeyo del peronismo no es un concepto original, pero Ezequiel lo expone en forma concisa, elocuente y el ejemplo que usa (la historia de Julio Morresi) es un aporte valioso, de los que quedan en la memoria.

    Lo primero que plantea… puede ser verdadero, Pero la forma en que lo plantea es excesivamente, provocativamente, dogmática “Un reconocimiento elemental: el peronismo, tal como surgió y se estructuró a partir de esa histórica jornada, tenía poco o nada que ver con los designios de Perón” ¿Le ha leído el pensamiento, 7 décadas atrás?

    Repito, puede ser que sea así. Pero los argumentos no son decisivos. ¿Que trató de obtener apoyos de otros sectores, además de los trabajadores organizados? Por supuesto, como todo político. Y los obtuvo además: La estructura política en que se apoyó, más aún que en el Partido Laborista, fue la U.C.R. Junta Reorganizadora.
    ¿Que desde Martín García le escribía a Evita diciéndole de pedir el retiro e irse al Sur? Puede ser un momento de desaliento, o una mentira para consumo de los censores, mientras Mercante arreglaba con Filomeno Velasco.

    En mi opinión, pesaba en el Perón de ese momento histórico su apego a las formas institucionales, de su formación mitrista y al lado de Justo. Y también su experiencia italiana con las organizaciones de trabajadores. Pero no soy un historiador, y puedo equivocarme 🙂

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    • ezequielmeler says: 18 octubre, 2015 at 12:23

      Mi querido Abel:

      El problema que planteás puede descomponerse en varios puntos. Mi tesis fundamental no reside en que Perón no quería construir una nueva fuerza política, sino en que el resultado, el peronismo, tuvo un signo mucho más plebeyo y un componente más marcadamente popular que el buscado. Perón quiso formular una experiencia bonapartista, como se decía en tu época, de equilibrio entre fuerzas sociales. Le salió algo mucho más popular y menos equilibrado. Por eso tomo la referencia al pensamiento del admirado florentino en el primer párrafo: la acción política es una combinación de Virtud y Fortuna, donde muchas veces el resultado no se parece a la las intenciones de ninguno de los actores en juego.

      Subsidiariamente, siguiendo fuentes como las que proporciona Juan Carlos Torre en “La vieja guardia sindical y Perón”, y Galasso en su “Perón”, sostengo que había algo de genuino en su pesimismo y en su sentimiento de hombre derrotado, traicionado por sus pares, como se desprende de la amargura con que escribe a Farrel. Eso no quita que no opere, pero limita los objetivos para los que opera. Ciertamente, no puede operar para producir una reacción popular que escapó a los cálculos de todos los observadores de la época.

      Como bien recordás, Perón junta apoyos tradicionales una vez liberado. Pero esos apoyos los había ido a buscar primero en Amadeo Sabattini, así como en dirigentes conservadores. Y lo había hecho en un momento, 1944, en que todavía su prédica sobre el movimiento obrero no estaba asentada. No es ocioso recordar que Perón, por su realismo político, pero también por su formación y por su primer matrimonio, estaba inclinado a ver en el radicalismo la fuerza predominante, genuinamente popular, del país: de hecho lo era.

      También son de esas fechas los discursos ante el empresariado, y las charlas más reservadas en que busca el apoyo de un sector al menos de la elite económica.

      El tema de sus intenciones en aquellas jornadas de octubre. Hay varias cartas de Perón de esos días, las tengo todas completas y las ha recogido también Galasso en su monumental biografía. Si bien es cierto que sigue operando, pide en reiteradas ocasiones dos cosas: la baja y que lo dejen marcharse al Sur, a Chubut más precisamente. Su médico, por otra parte, agitando una vieja radiografía, dice que el clima húmedo le hace mal… posiblemente lo que le hacía mal era la dependencia de la Marina, que le causaba ansiedades más elementales.

      Pero el punto fundamental en una primera respuesta es que ni Perón ni sus allegados pueden determinar lo que sucederá en la CGT, que a su vez no tiene control pleno de las movilizaciones que comienzan a producirse el 16, y que solo alcanzan a fijar una fecha de huelga para el 18. Perón, que está relativamente aislado, tiene un conocimiento de la situación tan imperfecto como el que puede tener Mercante, que liberado, tampoco tiene una gravitación decisiva sobre la organización, por cierto muy precaria, de las jornadas de lucha, tampoco programadas para el 17.

      El gobierno de Perón también nos dice algunas cosas. Inmediatamente descabeza a la CGT, y limita todo lo posible la autonomía del laborismo sobre el peronismo naciente. La caída de Cipriano Reyes es anecdótica, pero la de Luis Gay es bastante clara. El laborismo no tiene lugar sino como herramienta de coyuntura, y la CGT rápidamente es atacada para garantizar su dominio y subordinación total.

      En cuanto a los empresarios, será un intento constante de Perón volver al balance original, a través de diversas organizaciones que los nucleen, de las cuales el proyecto más saliente y ambicioso es el conocido de la CGE. Pero no menos importante es la disolución de las organizaciones empresarias tradicionales. Perón buscaba otro equilibrio de poder, distinto del que lo había llevado al gobierno.

      En suma, hago dos peticiones de principio. No veamos en Perón otra cosa que lo que fue: un gran dirigente, pero no un superhombre capaz de medir cada una de las consecuencias de sus actos y de controlar cada uno de sus efectos. Y, más aún, no dejemos de pensar que ciertos acontecimientos tienen, en la historia, verdadero valor de ruptura, lo que implica que no estaban en las cartas, digamos, de quienes podían interesarse en torcerla.

      Un abrazo,
      Ezequiel

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      • Abel B. says: 18 octubre, 2015 at 22:05

        Querido Ezequiel:

        ¿Que querés decir con “una experiencia bonapartista, como se decía en tu época”? Mi época es ahora!

        Aclarado eso, tengo que decir que si lo que hubiera leído primero fuera este último comentario tuyo, probablemente no escribía: Porque estoy de acuerdo con lo que decís (salvo eso de “mi época”). Suscribo el resumen q hacés al final: “Perón fue un gran dirigente, no un superhombre capaz de medir cada una de las consecuencias de sus actos y de controlar cada uno de sus efectos. Y no dejemos de pensar que ciertos acontecimientos tienen, en la historia, verdadero valor de ruptura, lo que implica que no estaban en las cartas, digamos, de quienes podían interesarse en torcerla”. Es muy sensato.

        Lo q me motivó a escribir fue, como dije, la forma dogmática en q afirmabas q el peronismo como surgió no estaba en los designios de Perón. Dando por confirmado q Perón tenía un proyecto fundamentalmente distinto. Reconozco, de paso, q la correspondencia q está en Galasso le da solidez a la idea de un Perón desalentado en octubre ´45.

        ¿Queda entonces como una trivial diferencia en matices? Sería aburrido. Prefiero profundizar un poco: Me parece q tenés una definición precisa – fruto de una formación académica más profunda q la mía – del “bonapartismo”. Porque das a entender que ahí el Estado sería el actor fundamental, y los sectores sociales estarían subordinados.

        Si entendí correctamente lo q decís, hay una contradicción en tu planteo: porque Perón – aunque su pensamiento reivindica las organizaciones libres del pueblo – en su práctica quiso disciplinarlas a su conducción. Inevitable, dicho sea de paso.

        Lo q yo veo, entonces, es a un Perón que veía a las instituciones republicanas tradicionales – la democracia burguesa, en la jerga de la época – debilitadas y faltas de respuestas – aunque era un hombre de las instituciones y no quería destruirlas, por ciento – y pensaba que se necesitaba una institucionalidad más social. Lo dijo a lo largo de toda su vida, en diferentes formas según las épocas.

        Veía a las organizaciones de trabajadores como necesarias, así como a las de empresarios y de profesionales. Ahora, no es casual que las que fueron fuertes y lograron una vigencia independiente después de la caída de su gobierno son las de trabajadores.

        Abrazo

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      • carrotglace says: 19 octubre, 2015 at 13:38

        @Abel B.
        “¿Que querés decir con “una experiencia bonapartista, como se decía en tu época”? Mi época es ahora!”

        Justo el sábado pasaron el capítulo de Felipe Pifia sobre el primer peronismo y tira el dato que la vida pública de Perón comenzó cuando tenía casi 50 años y ya era viudo.

        Reply
    • Un curioso says: 18 octubre, 2015 at 13:56

      Querido muy bien lo suyo. Pero fíjese que estos revisionistas que fueron “haciendose cultos” no piensan en clave peronista. Se olvidan que el peronismo para los peronistas son cosas bien concretitas, aguinaldo, vacaciones, y que la idea de conquistas simbólicas de la CABA son una marginalidad. La CGT movió millones de obreros, porque los obreros estaban con Perón porque querían vivir mejor. Esta es la cosa que este jovencito parece que no le dió la nafta. Acá se ve que esta revista que la da de Progre no tiene lo que tiene que tener cuando hablan de Juan Domingo, Para parecer más profundos que alguien más.

      Perón estaba por un movimiento bien anti liberal, con la unidad nacional, inspirado en cosas bien concretas. El 17 de Octubre puede ser un acontecimiento, un día la fortuna le sonrío a Perón. Perón en toda su carrera pensó en su ascenso parece que los videos de Perón desde Madrird este escritor, no los tiene. Es una deformación ante el vacío de un líder a dos semanas de que Scioli sea presidente, a 70 años de una fecha histórica. Simplemente oportunista.

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  • Un curioso says: 18 octubre, 2015 at 14:02

    Bien Panamá metiendo algo bien insípido sobre el 17 de Octubre, todo lo que se escribe acá peca de intelectualoide, menos lo del porno y el faso, esta cosa de poner la visión por arriba de la gente, con los Trotskos con Stolbizer, ahora con Perón. Son divinos. El video de la resistencia peronsta, ¿acaso nadie tomo seriamente lo que fue la resistencia? La generación grabada a fuego de lo mejor del peronismo como partido y movimiento y no vengan con falopa, antes del vanguardismo Montoneros y la influencia de CUBA- un 17 de Octubre continental, los que bancaron a Perón y en el misterio de los primeros pasos de Vandor y compañía- porque el Gorilaje se quiso fifar la CGT.

    Ya tenían que caer con la cosa simbólica y complicada, bien críptica. Acá los que no quieran ser herederos peronistas es por dos cosas: No levantan el programa de Perón el primer Perón porque se dan cuenta que la Argentina actual no da para eso. O se piensan mejores, o no se ven “obreros negros peronistas en alpargatas” y se dan cuenta que desde que Moyano se fue las cosas no son iguales, y que el pauperismo que también puebla los actos forma parte de la realidad post-Menem.

    Por qué nunca comparar la Plaza del Sí, la negación del peronismo en sí mismo con el 17 de Octubre. Casi que debería ser fiesta nacional pero eso no lo banca el tímido peronista, el gorila aggiornado o el comentarista de sucesos históricos, efemérides y lo que venga.

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