05 / 01 | Economía

HACIA UNA GASTRONOMÍA POLÍTICA DEL KIRCHNERISMO


Por Fernando Casullo :: @FernandoCasullo

Toda etapa histórica tiene su menú. En efecto, pocas frases resumen tanto la decadencia del Ancien Régimen como el indolente “Que coman Pasteles” de María Antonieta frente al pedido de pan por parte de sus campesinos hambrientos. O qué decir de la asociación entre los años locos de la entreguerra norteamericana y el nacimiento de la fast food, plasmación perfecta del fordismo en las hornallas. En el caso de nuestra historia nacional, saltan a la vista ejemplos claros como el asado peronista hecho con parquet, la pizza con champán menemista o el tristemente célebre sushi de la Alianza, experiencia gubernamental que tuvo más éxito consiguiendo algas noris y wasabis que gobernabilidad.

¿Y qué decir de los 12 años que acabamos de dejar atrás? ¿Cuáles son los aspectos qué podríamos resaltar en torno a la mesa de los argentinos durante el kirchnerismo? Años intensos que nos dejaron discusiones acerca de commodities y divisas tanto como sobre el yuyito de la soja o las propiedades afrodisíacas del cerdo. Lustros repletos de profecías en torno de la importación de trigo y carne y dónde llegamos a monitorear la llegada de cajones de tomates desde Brasil como si se tratara del Arca Perdida de Indiana Jones. ¿Cómo fue la Gastronomía Política de la Década Ganada?


En principio podríamos mencionar que la mesa servida kirchnerista fue en general menos plebeya y más classmediera. Los cambios más notorios en las costumbres alimentarias de estos años mostraron así una tendencia más caracterizada por consumos propios de unos sectores medios en pleno proceso de expansión (algo similar a lo que se vivió en gran parte de América Latina). Efectivamente, dentro de un framework que abrevó mucho de una tendencia mundial de entronización pop de la gastronomía, los últimos fueron años donde nuestras limonadas se llenaron de jengibres, nuestras ensaladas de rúculas y nuestros guisos de cardamomos. El Kirchnerismo aire acondicionado resulta así la línea más consistente para pensar el período, con la capacidad de sectores medios bajos de poder probar bastante del consumo más sofisticado. Redistribución de la riqueza con Francis Mallmann haciéndonos un asado. Peronismo Nesspreso.

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Uno de los conceptos de soberanía que se discutió en estos años fue el alimentario. La idea de poder pelearle a los poderes corporativos la cena de los argentinos estuvo en el relato (y del alguna manera con su propio 678, como fue el vertiginoso y democrático Cocineros Argentinos). Sin embargo, la pasión por discutir el tópico corrió bastante de lejos a otros temas tanto más candentes como la energía, la comunicación o la macroeconomía. Si hay una lechuga que obsesiona el ser nacional todavía es la que se imprime en la Reserva Federal de Estados Unidos.

No es aventurado decir que hoy es más populista el matambre de cerdo que el choripán. Y así también pasó con varios tótems del consumo masivo. Por caso, el tetra debió resignarse a compartir su cetro con el fernet, el campari y hasta el daikiri. De hecho en el renglón de los alcoholes, fue notoria cierta ampliación iconoclasta del consumo elitista. Ya no hay que ir a La Biela para escuchar de Malbecs, cervezas rojas y Cubas Libres. En varios sentidos, el kirchnerismo resultó un poco como una gigantesca picada que te comés con amigos -y enemigos íntimos- a la tarde tipo 7.

Para el final, algunas ideas incompletas sobre cómo será la agenda gastronómica del PRO, en tiempos del final de las retenciones y la apertura gore de las importaciones. ¿Será el macrismo la fase superior del starbuckismo? ¿Reemplazaremos el corderito al malbec patagónico con ingentes cantidades de Ketucky Fried Chicken? En principio habría que enfatizar en cierta continuidad palermitana dado que, de nuevo, la idea de “fina lluvias de hierbas” es una tendencia global y robusta que nos excede. Sí tal vez asistamos a un ciclo donde la misma sea reforzada a niveles más Alianza del Pacífico que Mercosur. Probablemente asistamos, conforme los deslizamientos de precios que sobrevengan, a la consolidación de algún copycat de Lita de Lázzari que nos mande a recorrer buscando precios (labor que supo cumplir Samid en estos años ganados de precios relativos distorsionados, nobleza obliga). Y será, verbigracia, difícil sostener el asado como canapé de todo hombre de bien con un vacío a doscientos pesos. Y, es sabido, desde la época de Martín Fierro, que en este territorio cuando las parrillas se vacían, se aproximan tiempos difíciles.

 


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2 Comentarios

  • Robi Villarruel says: 7 enero, 2016 at 08:41

    Hola. Muy buena. Igual, el ruculismo es un movimiento que surge antes del kirchnerismo. De hecho yo creo que así como el personaje de Woods Allen que se habia vuelto republicano, le descubren un coágulo y al extirparselo vuelve a ser demócrata , el consumo masivo de rúcula, primero en Palermo y luego en todo el territorio convirtió a millones sen votantes de Macrì. Abrazo.

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  • Una Torta Bomba para pensar el peronismo says: 30 mayo, 2017 at 14:07

    […] kirchnerismo» [en línea]. Revista Panamá. Buenos Aires. Consultado el 22 de febrero de 2016 en http://panamarevista.com/hacia-una-gastronomia-politica-del-kirchnerismo/ Cortés Rocca, Paola (2010). «Política y desfiguración: monstruosidad y cuerpo popular», en […]

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