08 / 06 | Política

GOMAZO, SÚBETE


La realidad tiene una manera muy particular de tomar las riendas ante la inacción. Los realpolitikers de antaño están todavía rascándose la cabeza —casi tres años después— pues contrastan sus cálculos y predicciones con la realidad efectiva y dicen, “no puede ser, la realidad está equivocada”. Es que, junto con la pulverización del poder explicativo de las categorías clásicas para abordar el análisis sociopolítico —categorías como izquierda y derecha, populismo, liberalismo; pero también las variables sociodemográficas: sexo, edad, ingresos, nivel educativo— existe una asimetría monumental entre los recursos, el conocimiento estratégico (know how) y las redes de colaboración internacional con que cuenta el espectro conservador del país (y del continente) versus sus oponentes del campo nacional y popular.

Esta brecha no sólo se obtiene mediante una intervención activa y permanente en la agenda pública, política y mediática, también aumentará a lo largo del tiempo merced a lo que el sociólogo Robert K. Merton denominó el efecto Mateo, que en términos simples puede describirse como una “ventaja acumulativa” de quienes ocupan la posición ventajosa, es decir quienes tienen más (dinero, recursos, estatus) van a obtener más (dinero, oportunidades, estatus), mientras que los menos favorecidos van a obtener cada vez menos. En este contexto, implica que una mayor comprensión técnica y estratégica de las dinámicas de opinión pública (manejo de redes, big data, weaponizacióndel lenguaje, de las leyes, gestión de la influencia, acceso a tácticas black hat de hackeo y espionaje, entre otras múltiples herramientas y habilidades costosas y complejas) llevará al vencedor a dominar cada vez más y mejor el juego, mientras que los otros actores tendrán cada vez menos poder de intervención y, en consecuencia, cada vez menos chances de vencer a medida que la brecha se agranda con el tiempo.

"Si Mauricio Macri se retirara de la contienda a 2019, entonces el PRO quedará redimido y ya cuenta con figuras de sobra para reemplazarlo"

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Es decir que el factor temporal es una de las claves para leer los fenómenos políticos actuales, una variable que permanece como factor explicativo disponible al análisis. Si quisiéramos frenar o contrarrestar el efecto Mateo, por tanto, deberíamos introducir ya mismo un factor altamente disruptivo capaz de alterar la trayectoria establecida. Algo del orden del cisne negro, un acontecimiento tan radicalmente inimaginable que termina materializándose en nuestras propias narices. Ejemplo: Donald Trump presidente. (Y, para muchos analistas locales, la victoria de Mauricio Macri en 2015). Si hablamos de las elecciones presidenciales de 2019, vemos que el partido gobernante cuenta en sus trincheras con múltiples figuras de recambio en caso de que tal como se rumorea entre las filas del mismo PROse llegue a la decisión de que Mauricio Macri asumiera personalmente el costo político de las medidas impopulares y los errores cometidos, tal como fue el caso Rajoy en España, quien se retira con total tranquilidad y en acuerdo: una lavada de cara muy necesaria para el sistema político español, en crisis desde varios flancos: los ataques a la monarquía (el Rey cazador, la princesa conflictiva, escándalo de corrupción ), el terrorismo, la desintegración separatista de Cataluña y el País Vasco, hasta la delicada situación económica para la que no se vislumbra una salida. Asume un hombre que por su historia y credenciales cuenta con apoyo de los sectores políticos, económicos y, luego de una breve campaña mediática, con el visto bueno de la opinión pública. Si Mauricio Macri se retirara de la contienda a 2019, entonces el PRO quedará redimido y  ya cuenta con figuras de sobra para reemplazarlo (y él conserva en la cantera la posibilidad de otro mandato, á la Piñera).


"Marcelo Hugo no ha ofrecido ningún gesto de compromiso, ningún hueso tribunero para enamorar a la militancia, demostrando en ese mismo gesto que, tal vez, una minoría intensa no sea indispensable después de todo."

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La oposición, en cambio, no posee tal riqueza: circulan nombres antiguos con alguna pátina renovadora, un trabajo de chapa y pintura que no convence a nadie y que difícilmente le alcance los votos necesarios para llegar a un ballotage, sin contemplar claro que están a un carpetazo u operación de distancia de la descalificación en la carrera. Aun la más destacada de sus líderes en cuanto a cantidad de votos e imagen se encuentra en una caída libre que ningún silencio o  astuta chicana u oratoria deslumbrante sería capaz de revertir:

Votos obtenidos en las elecciones a las que se presentaron CFK y MM

grafico benson

 

Entra en escena, entonces, un outsider, un imprevisto, un cisne negro: Marcelo Hugo Tinelli. Con gran cintura política (lo ha demostrado en el fútbol y ante las cámaras, en las redes y en las reuniones privadas) e innegable olfato popular, es sin embargo una figura controversial dado que sus productos del pasado abundaron en misoginia y crueldad, vendidas y consumidas bajo el dudoso rótulo de “humor”. No hace falta juzgarlo con el diario del lunes: en su momento ya causaba igual fascinación y rechazo las cámaras ocultas, sobre todo, eran una flagrante exhibición de crueldad. Pero eso era entonces, y hoy es hoy: que Marcelo Hugo sea hoy nuestro golden ticket más sustancial para romper la inercia del efecto Mateo es una paradoja difícil de digerir, nadie lo niega. Especialmente para quienes siguen con el chip antiguo de exigir “credenciales” o un pedigrí político, una historia de militancia o un compromiso explícito con algunas banderas, como si fuera una novedad traer figuras “de afuera” del espectáculo, del deporte, de organizaciones sociales “apolíticas”, especialmente entre las filas peronistas.

Sin embargo, Marcelo Hugo no ha ofrecido ningún gesto de compromiso, ningún hueso tribunero para enamorar a la militancia, demostrando en ese mismo gesto que, tal vez, una minoría intensa no sea indispensable después de todo. Será cuestión de confiar en su crecimiento como persona y como figura pública, en su entendimiento de las dinámicas de opinión pública, y en que sepa rodearse del entorno adecuado, entre otras muchas cualidades. Un salto de fe, sí, ¿pero qué otra cosa es la esperanza?

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