31 / 05 | Mundo

DUDAS Y CERTEZAS TRAS ELECCIONES ESPAÑOLAS DEL 24 M


Las elecciones celebradas en España el pasado domingo, 24 de mayo (24M), permiten muchas lecturas diferentes. Desde aspectos más concretos (qué ha pasado en esta ciudad o en aquella comunidad), a los más globales (como se está concretando el cambio de época en relación a la política, el funcionamiento de las instituciones o la posible obsolescencia de la forma-partido), pasando por elementos más intermedios como qué efectos tendrán estas elecciones en las generales previstas a finales de año.

En este sentido, podríamos decir también que en estas elecciones se mezclaban urgencias (como hacer frente con rapidez a un claro deterioro de las condiciones de vida de la gente, de los más perjudicados por los efectos de la crisis desde las competencias y posibilidades de los gobiernos locales y de las Comunidades Autónomas en España), emergencias (nuevos conglomerados de ciudadanos, movimientos sociales y partidos políticos dispuestos a jugar en las dinámicas electorales superando la vieja dimensión dentro-fuera de las instituciones), y también concentraban muchos interrogantes sobre el nivel de ruptura o de continuidad de sus resultados en relación a la situación y al escenario político anterior.

En estos comentarios mezclaremos estas cuestiones y reflexiones tratando de buscar los aspectos más significativos, pero, al mismo tiempo, siendo conscientes de que muchos de estos interrogantes y consideraciones necesitarán más tiempo para ver su evolución y concreción.


Hechos y urgencias

Los resultados del 24M en España muestran la gran fuerza que tuvo la cuestión social y la crisis política en el debate electoral previo y en las razones para votar por una u otra fuerza política. El nivel de desigualdad alcanzado, la falta de perspectivas de cambio en las políticas de las instituciones democráticas españolas, y el gran sentimiento de injusticia que surgía de las constantes noticias sobre corrupción, mantenimiento de los privilegios de las élites económicas y políticas, y la falta de regeneración del sistema, habían hecho crecer la indignación. Las elecciones del 24M eran un buen escenario para tratar de canalizar esta indignación, fuertemente presente desde la ocupación de las plazas iniciada el 15 de mayo del 2011(15M-Indignados), reforzando aquellas fuerzas o candidaturas que mejor expresasen esa voluntad de respuesta en materia social y con un claro compromiso en formas más transparentes y honestas de hacer política.

Los temas dominantes fueron los vinculados a las cuestiones sociales, vivienda, temas de calidad de vida o movilidad. Pero también los relacionados con las formas de gobernar, los mecanismos de participación y la transparencia en la gestión de los gobiernos locales. En muchos casos, estos debates y propuestas han ignorado la amenaza que significa la nueva ley de bases de régimen local que el gobierno del Partido Popular aprobó, utilizando la imposición de límites fiscales en gasto público como una clara palanca de recentralización y reducción de los espacios de maniobra y de acción de los gobiernos locales. El resultado, a contrastar en los próximos meses, es un claro reforzamiento de la esfera local como espacio político significativo para la vida de la gente.

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Emergencias de nuevos actores

Es evidente que uno de los aspectos diferenciales de estas elecciones ha sido el surgimiento y la fuerte presencia de nuevas plataformas y formaciones políticas. Muchas de ellas surgidas de iniciativas y movimientos sociales, presentes en ciudades y pueblos de España. La creciente desafección institucional y la percepción de que los partidos hegemónicos habían desatendido o ignorado las preocupaciones de la gente, ha ido comportando la evidencia de que había oportunidades para modificar los equilibrios políticos e institucionales surgidos en la transición. Es necesario, al mismo tiempo, entender que en las últimas elecciones locales el nivel de abstención en los barrios más populares y con menos nivel de renta había en muchos casos superado el 50% en muchas de las grandes ciudades. Había pues la sensación de que si se era capaz de vincular la agenda social con nuevas caras y nuevas dinámicas políticas, se podría girar esta tendencia y movilizar estos sectores. No pasaba lo mismo en los sectores de renta más elevada donde los niveles de participación se habían mantenido en niveles medios, y más bien el malestar con la forma de funcionar las instituciones podría provocar más desmovilización, por la falta de alternativas innovadoras (el menos, hasta la expansión territorial y temática de Ciudadanos).

Al final, lo que hemos visto es la confirmación de esta posibilidad. La dinámica empezó a partir del surgimiento de “Ganemos Barcelona” a finales del mes de junio de 2014, once meses antes de las elecciones. La estrategia adoptada, basada en la validación social de la apuesta que apuntaba a “recuperar” el Ayuntamiento de Barcelona, ​​y en priorizar los aspectos sociales y de renovación política, fue calando, y enseguida recibió importantes apoyos expresados ​​en miles de firmas recogidas y en la presencia masiva de ciudadanos en las calles y plazas con motivo de cada uno de los actos que se fueron celebrando para realizar su presentación en los distintos barrios de la ciudad. En aquel momento, hacía pocas semanas que Podemos había conseguido unos resultados sorprendentes en las elecciones europeas, y podía parecer que se seguía una pauta similar. Pero, si bien había aspectos similares (caras nuevas, uso muy importante de las redes sociales, formas más horizontales y abiertas de debatir y decidir, …), el formato era diferente. No era un partido político, era una plataforma ciudadana, que buscaba confluir con formaciones políticas que aceptasen las nuevas coordenadas y quisieran jugar en un nuevo terreno de juego.

En el mes de enero, una vez conseguida la confluencia con Podemos, Proceso Constituyente, ICV, EUiA y Equo, “Barcelona en Común” (el nuevo nombre que tomó Ganemos) siguió desarrollando este nuevo modelo político, con recogida de fondos para la campaña vía crowdfunding, con construcción del programa de manera colectiva y compartida por sectores y territorios, y con una constante presencia en las calles y en las redes sociales. Estas dinámicas han estado también presentes en muchas otras poblaciones de España (Madrid Ahora, Zaragoza en Común, Marea Atlántica en A Coruña,…), con composiciones y concreciones diferentes, pero compartiendo con más o menos intensidad muchos elementos aquí descritos.

Discontinuidades y perspectivas

¿Dónde estamos? ¿Qué efectos tendrán estas elecciones en el apretado ciclo electoral en el que está inmersa España ? Desde mi punto de vista, el 24M confirma que el escenario político en España está cambiando de manera significativa; que definitivamente el sistema de actores ha cambiado con nuevos protagonistas; que la agenda política se ha hecho más conflictiva, ya que vuelve a situar el tema redistributivo en el centro de la agenda política, lejos de la lógica corporativa del pacto social. En un contexto de mucha mayor polarización dada la generalización de la precarización, la vulnerabilidad y el miedo sobre el futuro inmediato. El conflicto generado por la cuestión territorial en Cataluña deberá necesariamente reubicarse en este nuevo escenario. Hay pues discontinuidades y también continuidades. Cada vez está más claro que uno de los puntos clave está situado en la exigencia democrática que conlleva poder decidir y hacer realidad los valores de igualdad y justicia social que están íntimamente unidos a un concepto de democracia que no sea estrictamente formal y limitada a su componente electoral.

No será fácil recoger la experiencia de las elecciones municipales para encarar las próximas dinámicas electorales, ya que la conformación política de las fuerzas de renovación ha sido diferente en cada lugar, con vías de configuración que no son fácilmente transportables a las nuevas contiendas. Pero, al mismo tiempo, las posibilidades están ahí. Habrá que evitar una lógica de acuerdo en que sólo incorpore las élites y que sea capaz de mantener las dinámicas colaborativas, horizontales y complejas que han estado presentes en muchas de las experiencias con mayor éxito el 24M. Lo que está claro es que el mapa político español ha cambiado de manera no coyuntural. Los dos grandes partidos han perdido trece puntos en estas elecciones y más de tres millones de votos. De las cinco grandes ciudades, cuatro estarán en manos de alcaldes o alcaldesas que no pertenecen ni al PP ni al PSOE (Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza). Podemos y Ciudadanos confirman las expectativas que les situaban en una posición central para articular pactos y generar nuevas dinámicas de gobernanza. El escenario político español ya no será el mismo que surgió en la transición a la democracia que siguió al franquismo.

* Joan Subirats es profesor de ciencia política e investigador del Instituto Universitario de Gobierno y Políticas Públicas de la Universidad Autónoma de Barcelona. Fue portavoz de Ganemos entre junio y diciembre del 2014


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