27 / 04 | Mundo

ELECCIONES EN PARAGUAY: ¿GAME OVER PARA LA TECNOCRACIA?


El pasado domingo 22 de abril, el Paraguay eligió a un nuevo presidente, el séptimo electo desde el inicio de la democracia. Mario Abdo Benítez, del gobernante Partido Colorado, derrotó por el escaso de margen de 3,7% a Efraín Alegre, candidato de la Alianza GANAR conformada por el Partido Liberal Radical Auténtico y el progresista Frente Guasú.

Si en las internas coloradas de diciembre del año pasado, el mapa político se había organizado claramente en torno a la expulsión de los “intrusos” de la arena política con la consigna “todos contra Cartes”, una vez concluidos los comicios, surge el interrogante: ¿llegó el game over para la tecnocracia y el empresariado en política?

 Los resultados de la contienda electoral


Además de la Presidencia del país, los colorados se hicieron también con el triunfo en la cámara de senadores y con la gran mayoría de las gobernaciones del país, según los datos provisorios dados a conocer por el Tribunal Superior de Justicia Electoral. En la cámara de senadores, de los 45 escaños los colorados consiguieron 17, los liberales 13, el Frente Guasú 6, el Partido Patria Querida 3, el Partido Hagamos 2, el Partido Democrático Progresista 2 Unión Nacional de Ciudadanos Éticos 1 y el Movimiento Cruzada Nacional 1. A la vez, los colorados triunfaron en 13 de las 17 gobernaciones del país, mientras que los liberales lo hicieron de forma independiente en 3 y como parte de la Alianza GANAR en 1.

Si bien Marito logró conquistar la presidencia, su victoria fue muy ajustada y la oposición quedó muy cerca de robarle el triunfo. Más cerca que en ninguna otra elección desde el regreso a la democracia. Una diferencia de sólo 3,7 puntos porcentuales (menos de 100 mil votos), muestra la fuerza de una oposición que establecer algunos límites y líneas rojas.

"Atrás quedaron los discursos monosilábicos, el telepronter y el catering. Marito desarrolló una campaña hablando con espontaneidad en la calle y explayándose con una sintaxis típica de eso que se llama la tradición colorada"

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La Alianza GANAR, conformada por el Partido Liberal Radical Auténtico (con el liberal Efraín Alegre como candidato presidencial) y el Frente Guasú (con el periodista Leo Rubin como vicepresidente), buscó reproducir el triunfo luguista de 2008, pero ahora con otra geografía regional y mundial bien diferente. Posiblemente, la alianza se movió a destiempo o quizás las heridas generadas tras el golpe parlamentario en 2008, primero, y las fuertes confrontaciones internas en torno a la reelección presidencial que promovió en 2017, después, limitaron el crecimiento necesario para la victoria.

 El regreso

Marito nació en una sede del Partido Colorado. Es hijo de uno de los cuadros políticos más importantes del Stronismo y su juventud (apenas 46 años) los hace partícipe de la transición a la democracia y su renovación partidaria. Los votantes de Marito son colorados pero no son en fila stronistas. De la misma forma que los votantes de Macri no son de derecha ni expresan la dictadura (o su deseo de restitución).

Como senador en 2013, Marito se mantuvo próximo al presidente Horacio Cartes hasta el año 2015, cuando no recibió su apoyo para postularse como candidato a la presidencia del Partido Colorado. Desde ahí logró consolidarse como el referente de la oposición colorada a Cartes. Fue electo presidente del Congreso para el periodo 2015-2016 y se opuso al proyecto de enmienda constitucional para incorporar la reelección presidencial. En las internas partidarias de diciembre de 2017, logra ser el precandidato presidencial que aglutina la oposición al cartismo, logrando vencer al candidato de Horacio Cartes, el otro joven, el exministro de Hacienda Santiago Peña.

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Identidad y militancia partidaria fueron el core de la interpelación realizada por su movimiento Colorado Añeteté —que en guaraní significa “colorado auténtico”—. Atrás quedaron los discursos monosilábicos, el telepronter y el catering. Marito desarrolló una campaña hablando con espontaneidad en la calle y explayándose con una sintaxis típica de eso que se llama la tradición colorada. La clave no fue el coaching, sino la camisa sudada y un pañuelo maniatado al cuello. En momentos donde las identidades políticas parecerían diluirse o ser apenas prendas de cambio en el Mercado nº4 o en los shoppings exclusivos de los nuevos barrios de crecimiento constante, Marito desempolvó el viejo juego de la política.

En la defensa de la identidad, la autonomía y la doctrina partidaria, frente a la subordinación a un proyecto empresarial, Marito no estuvo solo. Lo apoyaron el propio vicepresidente de Cartes, Juan Afara y el Movimiento Progresista Colorado, liderado por el ex presidente Nicanor Duarte Frutos.

¿Game over?

Horacio Cartes, como todo gamer, sabe que el juego de la política ofrece un par de vidas extras, por lo que perder una contienda no significa el fin de la partida. Cartes ha logrado ubicar a una mayoría de sus partidarios en las bancadas coloradas del nuevo congreso, así como en la mayoría de las gobernaciones obtenidas por el Partido Colorado.

A todo esto hay que sumarle la posible second round que podría ofrecer la política paraguaya, con una muy anunciada reforma constitucional que incorporaría, entre otras, la reelección presidencial. Con este nuevo giro en las reglas, además de Cartes quedarían reincorporados dos expresidentes: Nicanor Duarte Frutos y Fernando Lugo.

"En momentos donde las identidades políticas parecerían diluirse o ser apenas prendas de cambio en el Mercado nº4 o en los shoppings exclusivos de los nuevos barrios de crecimiento constante, Marito desempolvó el viejo juego de la política."

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Una vez más queda ratificada en Paraguay la relevancia de los dos grandes partidos “tradicionales”. Sin ellos, se muestra bloqueado el acceso al palacio López. Cartes fue el hijo maldito de una crisis partidaria furibunda, pero estuvo lejos de sellar la defunción de las formas de hacer política en Paraguay. Mientras se define el game over, parecería que hoy en Paraguay la política vuelve a los partidos y los CEO’s retornan a las empresas. En rigor, si Paraguay fue pensado como laboratorio de la derecha regional, pantalla exitosa del experimento neogolpista y de los empresarios devenidos políticos, hoy bien podría ser el laboratorio contrastante de las teorías de raje sobre las derechas latinoamericana: hay que ajustar el lápiz.

 


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