21 / 11 | Política

EL PERONISMO Y LA LIEBRE PARA EL GUISO


El domingo 22 de octubre se demostró una cuestión importante para el peronismo: que ni la oposición negativa ni la oposición responsable alcanzan. En principio porque son oposiciones por defecto. Son automáticas. Ni pararse de manos para rechazar toda iniciativa del Gobierno ni acompañar el funcionamiento institucional de una democracia requieren pensar demasiado. No es necesario para ninguno de esos dos objetivos buscar o ejercer la iniciativa política. Tampoco requieren crear consensos convenciendo a la gente con “campañas de esclarecimiento”.

Para ejercer esos tipos de oposición es suficiente buscar una cámara, sacarse la foto, hacer notas, girar por los programas de cable y que los CMs (community managers)  hagan su trabajo. En ese juego no se requiere el ejercicio de la imaginación política que plantean Martín Rodríguez y Pablo Touzon en su nota Karma.

Hoy la sociedad no espera nada del peronismo, esa es la triste verdad. Como mucho que se calle y no joda. “Dejen gobernar”. Tal vez la sociedad volvería a posar su mirada en el peronismo si éste fuera capaz de comenzar a mostrar una oposición de calidad. Esa oposición que teme todo gobierno porque es capaz de desplegar una agenda superior a la propia. En vez de la oposición responsable, que debería ser normal y por lo tanto no es mucho mérito.  Y en vez de ejercer la oposición negativa, que alimenta la confrontación que agotó la paciencia de muchos y los alinea con Cambiemos u otras opciones aparentemente moderadas.


"Para ejercer esos tipos de oposición es suficiente buscar una cámara, sacarse la foto, hacer notas, girar por los programas de cable y que los CMs (community managers) hagan su trabajo."

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El desafío actual del peronismo es comenzar a ofrecer una oposición de calidad. Que sea más democrática y más republicana que el propio oficialismo. Que sea más moderna, transparente y demuestre mayor solvencia técnica. El peronismo tiene que demostrarle a la sociedad que puede y quiere ser mejor que el Gobierno. Debe entender y asumir que por los logros del pasado ya lo votaron en su momento y que si perdió fue porque se quedó sin ideas y se replegó sobre su ombligo. Superar el riesgo, que ya señalaba Cafiero en 1984, de refugiarse en una pose opositora “para ocultar el vacío de ideas”, como le sucedió a la oposición vencedora del 2009 y su desastroso y olvidado Grupo A. El peronismo tiene que aprender de los errores de sus antiguos opositores y reconstruir credibilidad porque “aquí, gracias a Dios, uno no cree en lo que oye” y mejor que prometer es realizar.

La principal novedad de Cambiemos no pasa por sus formas de hacer política. El timbreo, por ejemplo, es algo obsesivo del relato militante setentista previo al retorno de Perón. La importancia de gestionar el territorio es algo que todo buen intendente y todo buen puntero conoce y ejercita. Usar profesionalmente las redes sociales tampoco es algo excesivamente novedoso. La principal novedad de Cambiemos es haber dejado viejo al kirchnerismo, cuando el kirchnerismo aún se siente y se piensa a sí mismo como algo nuevo. Ese es uno de  los principales puntos ciegos del kirchnerismo, sentirse nuevos. Cambiemos le arrebató la bandera de “la nueva política”. Lo dejó en el pasado, gesticulando lo obsoleto, mientras se adueñó del presente prometiendo un futuro venturoso. Actualmente Cristina solo puede ofrecer más de lo mismo. Piso alto y techo bajo.

pejota

Los diversos peronismos pueden estar otros dos años recriminándose entre sí las últimas derrotas y tirándose con frases de Perón que  justifiquen cada una de sus opciones. O pueden recuperar lo que los llevó a reconocerse como peronistas y reconstruirse y renovarse desde ahí.

No va a ser la primera vez, probablemente no sea la última. El peronismo ha estado peor, mucho peor. Tal vez eso haga más trágico el laberinto actual. Es necesario asumir la realidad. Y la realidad es que desde el 2011 no para de retroceder en votos. Y que el domingo de las elecciones fue una nueva derrota. Y que no hizo nada efectivo para que no se repitiera la gran derrota de 2015. Todas las corrientes insistieron en un camino que ya sabían que no funcionaba. Todos  jugaron la chiquita, con mayor o menor razonabilidad, con mayor o menor magia. Con mejor o peor resultado de facción. Pero todos jugaron mal y se hicieron olímpicamente los distraídos. ¿Cuál fue el  resultado de esas acciones? Dejarle servida la reelección a Macri. “Divisionismo suicida y estúpido” lo llamaba Perón. Se quiso hacer un guiso de liebre sin tener la liebre.

Cambiemos tiene los recursos, el tiempo, la habilidad, la iniciativa y la libertad de acción para armar su victoria del 2019. Tiene jefatura y tiene candidatos. Lo más importante de todo, tiene estrategia y conoce mucho a su adversario. Tiene todo lo que al peronismo le falta, y que tendría que resolver a las apuradas e improvisadamente. El peronismo perdió dos años valiosísimos y está empezando cuando debería estar terminando.

"La principal novedad de Cambiemos es haber dejado viejo al kirchnerismo, cuando el kirchnerismo aún se siente y se piensa a sí mismo como algo nuevo"

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En 2019 en el distrito más grande, la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal va por su reelección. La que ganó poniendo un candidato de cartón como cabeza de lista y con la economía fría. ¿Quién va a traccionar los votos desde el peronismo? Llegó el momento de abandonar la distracción y sentarse a pensar. Es lógico que el trotskismo juegue con la catástrofe económica pero no los peronistas. Porque los peronistas, se supone, creen en la política. Y en que la acción es superior a la concepción.

Es probable que en 2019 Cambiemos ya haya logrado decepcionar a muchos de sus votantes hoy esperanzados. Pero eso no garantiza que el peronismo sea capaz de cosechar esa decepción. El peronismo tiene que empezar a salir de una actualidad en la que el lenguaje de sus nuevas ideas todavía no ha sido creado, donde siente y vive su causa pero aún no puede nombrarla. Tiene que hacerlo reencontrándose imaginativamente con sus raíces para que no le suceda el absurdo que describe Chesterton en las primeras páginas de Ortodoxia: “Me esforcé en inventar mi herejía propia y, después de darle los últimos retoques, descubrí que era la ortodoxia”. El peronismo tiene que hacer “los deberes” y lograr representar a los argentinos y argentinas que hoy no lo ven como opción. Ese es el desafío y ahí está la esperanza.

Peron escribiendo


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