21 / 03 | 24 de Marzo civil

EL PERONISMO QUE NO FUE

Panamá esta semana ofrece una serie de textos en torno a las formas de vida de la sociedad civil, el mercado y la política burguesa durante el Terrorismo de Estado. Ni colaboracionistas ni resistentes, en esta serie de textos se indaga, de fondo, la sobrevida de millones de argentinos bajo el desamparo y la prudencia, y sobre las formas de disidencia autorreguladas entre el deseo de preservación y la mayor libertad posible. Aquí, un texto de Ezequiel Meler en el que repasa el laberinto del partido Justicialista de aquellos años.


El 11 de septiembre de 1979, el PJ, a través de su vicepresidente primero en ejercicio,  Deolindo Felipe Bittel, entregó ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos un documento que denunciaba las violaciones producidas por el gobierno militar. El texto señalaba como inaceptable, en su quinto punto, que “la lucha contra una minoría terrorista –de la que también hemos sido víctimas- se la quiera transformar en una excusa para implantar el terrorismo de Estado”, para en seguida agregar que “no puede haber Doctrina de la Seguridad Nacional que esté por encima de la ley que debe amparar por igual a todos los ciudadanos”.

Concretamente, el texto denunciaba, junto al encarcelamiento de Isabel Perón, de Lorenzo Miguel y de todos aquellos alcanzados por las Actas Institucionales, “la muerte y desaparición de miles de ciudadanos, lo que insólitamente se pretende justificar con la presunción de fallecimiento, que no significa otra cosa más que el reconocimiento de las arbitrariedades cometidas”.

No sería el único texto de ese tenor a lo largo de la pesadilla autoritaria de esos años: mi preferido oscila entre los documentos sindicales de ese período y el “proceso al Proceso” del 24 de marzo de 1982, antes de la huelga general de marzo y de Malvinas.


"Bittel entregó ante la CIDH un documento que denunciaba las violaciones producidas por el gobierno militar"

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Sin embargo, tengo la impresión de que ese peronismo no será recordado como quizás lo mereciere. Y en parte, a causa del propio peronismo. Luego de la guerra de Malvinas, luego de la disolución de la identidad antiautoritaria que le siguió, el descongelamiento de la política no fue protagonizado del mismo modo por los peronistas. La causa de los derechos humanos adquirió su mejor enunciador en Raúl Alfonsín, quien había acompañado a Bittel a realizar la denuncia ante la OEA a título personal. ¿Y por qué? Posiblemente, porque Alfonsín lo hizo mejor. Sólo él se animó a trazar un diagnóstico en virtud del cual supo interpretar al gobierno militar no como una dictadura más de las que habían azotado a nuestro país, sino como el punto crítico frente al cual sólo quedaba dibujar, en la arena de nuestra trágica historia, una línea, una frontera. Una frontera que podía equipararse, dramáticamente, a la distancia entre la vida y la muerte.

Puede argumentarse que con Cafiero y Bittel, en el marco del Movimiento Unidad, Solidaridad y Organización (MUSO), el peronismo estaba en camino de alcanzar un diagnóstico semejante. Al fin y al cabo, Cafiero, junto con Alende, Alfonsín y Auyero, con Framini y Frondizi, fue parte de la primera Marcha por la Vida, en octubre de 1982, junto a Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, APDH, el SERPAJ y el CELS.

Pero ese peronismo perdió. Ese peronismo no estaba todavía listo para tomar las riendas del conjunto. Y ello no fue fruto del azar, sino de la ausencia de una instancia de mediación entre las distintas alas del “movimiento”, función que en vida sólo había estado reservada a Perón. Ese lugar quedó vacante, y la intención de Luder de presentarse como un candidato natural de un espacio también él naturalmente popular, desconociendo las transformaciones a que había sido sometida la sociedad bajo la dictadura, se expresan en parte en su negativa a revisar un pasado ominoso del que el peronismo -eso tampoco nos gusta recordarlo- había sido parte. ¿Cómo podía ahora ser el peronismo el árbitro y el juez, cuando también había sido el verdugo?

"La causa de los derechos humanos adquirió su mejor enunciador en Raúl Alfonsín"

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En 1983, los que ganaron la interna no tuvieron mejor ocurrencia, entre varias lamentables, que decir que en octubre sería Perón quien  ganaría, una vez más, la batalla. Alfonsín respondió de inmediato, en su cierre de campaña:

“Los más altos dirigentes justicialistas han dicho que las elecciones no las ganará ningún candidato, sino que las va a ganar Perón, así como el Cid Campeador venció muerto una batalla. Me pregunto, como se preguntan millones de argentinos, entonces, ¿quién va a gobernar en la Argentina? Y me lo pregunto al igual que millones de argentinos, porque todos recordamos muy bien lo que ocurrió cuando murió Perón.”

El peronismo, lisa y llanamente, no estaba preparado para responder esa pregunta. Ni mucho menos, para hacer esa tarea de rememoración de lo cercano. Estaba, desde la denuncia del pacto militar sindical -ni cierto ni falso, pero creíble- trabado en el lugar de la repetición, como dijo una vez Oscar Landi, en el lugar de lo imposible, de la Argentina inviable. Y por eso mismo, no estaba en condiciones de gobernar. Por eso es que no recordamos a Bittel, porque la fuerza del tsunami alfonsinista fue tal que todos somos, en buena medida, sus herederos y reproductores. Y en buena hora. No puede menos que celebrarse que, en esa Argentina que nacía, hubiese ganado Alfonsín. Fue una buena cosa para el país, y una cosa aún mejor para los peronistas.

"Cafiero, junto con Alende, Alfonsín y Auyero, con Framini y Frondizi, fue parte de la primera Marcha por la Vida, en octubre de 1982"

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1 Comentario

  • El 24 de marzo y el peronismo | El blog de Abel says: 25 marzo, 2017 at 01:29

    […] o sentimos en el presente cambia nuestra memoria del pasado. Recordé que hace pocos días mi amigo Ezequiel Meler publicó en Panamá -gran revista- un texto que me impresionó. Y me dio ganas de discutirle algo. Sé que a Eze le […]

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