31 / 07 | Política

EL PERONISMO, EL ABORTO Y LA DOBLE MORAL


¿Representar a las mujeres es representar a los pobres? ¿Existe una coherencia interna entre el ideario peronista y la lucha por la aprobación del aborto legal? ¿Qué tiene para decir el peronismo sobre la inmensa y heterogénea fuerza de mujeres que inunda las calles y los debates públicos, y su demanda por la ampliación de derechos y libertades?

Una carta firmada por dirigentes peronistas: “Los peronistas decimos si a la vida y no al aborto” antes de la aprobación de la legalización del aborto en Diputados argumenta que el proyecto se ubica en línea con el acuerdo con el FMI, y que apuesta a la disminución los pobres mediante prácticas eugenésicas. Este argumento -que se ha actualizado con la visita de Lagarde en esta semana- puede tener raíces comprobables en los 90, pero dista del fenómeno argentino en 2018: las mujeres de sectores medios, alto y las humildes abortamos en condiciones de clandestinidad y riesgo de muerte y que el debate del proyecto de la ley es el resultado de décadas de debates y movilizaciones que se vieron vigorizadas con la irrupción de Ni Una Menos. Somos las mujeres argentinas atentas a las condiciones de injusticia a las que somos sometidas quienes encabezamos la demanda por el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas.

Si nos remontamos a los 90, podemos ver que la tesis esbozada por estos compañeros no nace de una conspiración interplanetaria, ni mucho menos de un repollo. Allí, los organismos de crédito internacional guiados por el Consenso de Washington, sostenían la concepción malthusiana de que controlar la natalidad de los sectores más humildes, generaría como consecuencia directa una disminución de la pobreza en los países con economías dependientes.


"Somos las mujeres argentinas atentas a las condiciones de injusticia a las que somos sometidas quienes encabezamos la demanda"

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Mientras se afirmaba que la pobreza se debía a que los sectores mas humildes se reproducían, se buscó invisibilizar la inscripción de las realidades latinoamericanas en un contexto de división mundial del trabajo, que generó obscenos niveles de desigualdad entre países ricos y países pobres. No sólo sus argumentos eran ridículos, sino que desarrollaron políticas concretas de crueldad: en Perú, por ejemplo. Allí, entre 1996 y 1998, se esterilizaron a 300.000 mujeres de modo compulsivo y coercitivo. Así nuestros cuerpos y nuestras subjetividades fueron territorios salvajemente arrasados y el deseo de la maternidad anulado en nombre de los “mecanismos de erradicación de la pobreza” que impulsó el Banco Mundial. Esto, si bien no sucedió en nuestro país donde los procesos de organización siempre fueron más vigorosos y por lo tanto los límites en momentos de gobiernos de corte neoliberal, aconteció en nuestra América, y es uno más de los acontecimientos brutales y violentos que tuvimos que padecer por ser mujeres y latinoamericanas.

Ahora bien, esa concepción no es la que guía lo que pasa aquí y ahora en nuestro país. Estas categorías no son las que nos permiten leer este fenómeno, y hasta son antagónicas con los preceptos que orientan el accionar del movimiento de mujeres.

La experiencia de este feminismo, de la Ola Verde, de los Encuentros Nacionales de Mujeres, del #NiUnaMenos, de las compañeras de los sindicatos, es un fenómeno nacional emparentado con nuestra historia. La posibilidad de construir a partir de nuestras necesidades, de dar nacimiento a la demanda popular por nuestros derechos, a partir de la  conciencia de las profundas injusticias a las que nos vemos sometidas las mujeres tiene encarnadura en nuestro Movimiento. “Donde hay una necesidad, existe un derecho”, dijo Evita y nos convenció.

"se buscó invisibilizar la inscripción de las realidades latinoamericanas en un contexto de división mundial del trabajo, que generó obscenos niveles de desigualdad entre países ricos y países pobres"

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Desde 1942, Evita organizó una fuerza territorial gigantesca para promover la integración política de las mujeres, que por primera vez pudieron participar del destino nacional. 1500 mujeres realizaron un censo a lo largo y ancho de la Patria, debatieron fuertemente su rol en la sociedad y lo ridículo que era que las mujeres no pudieran sufragar. Sus detractores decían que las mujeres no podíamos tener igualdad política porque no teníamos que tener potestad sobre nuestras decisiones, que esta vocación atentaba contra la familia, el desarrollo de la sociedad y de la Nación. Cualquier ligazón con el debate actual, no es pura coincidencia.

Podemos agregar que el peronismo nunca avaló la doble moral. Evita creó Hogares para mujeres que eran madres solteras. Darle un status social y derechos a las mujeres que habían decidido tener hijos sin estar casadas -sí, habían decidido, porque también abortaban nuestras abuelas, madres y bisabuelas, las peronistas y las que no lo fueron-. Fue escandaloso para la época. Reconocer a aquellas mujeres implicó correr el velo de la hipocresía, sacar a lo público aquello que estaba oculto, que estaba penado socialmente, centralmente porque asocia la sexualidad con algo distinto a la reproducción. Lejos de castigarlas, el Estado las protegió.

En el origen del peronismo aparece la necesidad de hacerse cargo de los problemas de los sectores implicados en el destino nacional. Hoy, el debate es aborto clandestino o aborto legal, si seguiremos permitiendo que el Estado condene a las mujeres pobres a la muerte o habilitamos nuevos derechos. El derecho a decidir sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas -estipulado como un “derecho liberal” o de la esfera individual- en nuestros países se transforma en un derecho social. Tanto es así que ese derecho no se garantiza, si el Estado no despliega políticas sanitarias y educativas: no para todas y, por lo tanto para ninguna.

No se nos escapa que el derecho a decidir tiene una inscripción más amplia que hace a la dignidad y al trabajo, que por supuesto es antagónico al acuerdo con el FMI. Tampoco que las mujeres deseamos ser madres (o no) en las condiciones materiales y simbólicas en las que vivamos. El deseo (o no) aparece y se construye en cualquier condición socio económica, condicionada por variables singulares, y el  Estado debe garantizar nuestra integridad y la de nuestra/os hija/os.

"El derecho a decidir sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas -estipulado como un “derecho liberal” o de la esfera individual- en nuestros países se transforma en un derecho social"

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Sabemos de todo esto porque habitamos estas tierras. Y también por eso, reconocemos y valoramos el rol de integración social que cumple la Iglesia en nuestros barrios. En momentos de fuerte retroceso popular, la iglesia -y su inserción en los barrios- es una institución relevante en la lucha contra la injusticia y el desaliento. Sin embargo, eso no nos hace aceptar el tutelaje moral que nos pretende sumisas y adaptadas a un modelo de mujer, de familia y sociedad que sólo existe en las alturas de los púlpitos.

En la Argentina hoy estamos debatiendo el aborto clandestino. Pero sabemos que hay que solucionar problemas centrales en nuestras vidas: las burocracias que dificultan la adopción, la soledad de las mujeres que crían hijos en el más absoluto desamparo, y también la violencia de género que hace que cada día una mujer muera a causa de violencia de género. El patriarcado no es un invento “foráneo”: es tan tangible como la violencia, como la brecha salarial, como la subestimación de los problemas de salud de las mujeres, como las consecuencias que tienen las etapas de entrega nacional y retrocesos populares en nosotras, siempre más crudas, siempre más descarnadas.

Para el feminismo el aborto no es la batalla definitiva. Es un paso obligado para comenzar a delimitar la soberanía de las mujeres sobre nuestras maternidades, nuestro tiempo, nuestra vida. El feminismo deberá seguir luchando por derechos que vayan siendo diques de contención al avasallamiento del capital financiero, que también es machista: somos las más pobres de los pobres, las más invisibles de lxs trabajadorxs de la economía popular, las que menos cobramos, las que más trabajamos -contando la multiplicidad de tareas a las que nos abocamos cada día de nuestras vida-.

"reconocemos y valoramos el rol de integración social que cumple la Iglesia en nuestros barrios"

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Si las mujeres tenemos este lugar en este momento histórico, no es porque nuestras injusticias sean nuevas, sino porque hoy somos conscientes, estamos juntas y construimos una nueva correlación de fuerzas que nos permite ponerlas en el centro de la escena y luchar por nuestros derechos. Dirán que el peronismo no conduce el movimiento de mujeres y que en la Argentina macrista es impensable que avancemos las mujeres. Y eso es verdad, pero quizás haya algo para aprender de todo esto. Si se presta atención a la metodología de construcción, de articulación en la diversidad, podríamos encontrar algunas respuestas a los desafíos de construir consensos sociales y conciencia de las injusticias que se viven en torno a otras desigualdades y otros conflictos (por ejemplo, la pobreza). Hay mucho para aprender de este proceso de construcción.

De la misma forma, sería importante que las mujeres seamos valoradas en todos los ámbitos sociales, construyendo esa nueva representatividad política y social que nos permita potenciar la organización popular a partir de la inmensa fuerza de mujeres. El desafío es aprender de esta experiencia de las mujeres que logramos visibilizarnos y marcar una agenda, y la posibilidad de llenar de contenido una nueva legalidad que contempla nuestras realidades. Los Senadores tienen la oportunidad de resolver este marco legal.

Tenemos que poder contarle a nuestras nietas, como nuestras abuelas nos contaron a nosotras, que el peronismo volvió a estar a la cabeza de la defensa de nuestros derechos. Tenemos que repensar el rol del peronismo en el siglo 21. Ojalá dejemos atrás la cultura del descarte que hace que las mujeres más humildes mueran en abortos clandestinos. El 8 de agosto el aborto tiene que ser ley.

eva-peron5


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1 Comentario

  • eltiempodediosllego says: 5 agosto, 2018 at 07:54

    EN LAS ELECCIONES DEL PRÓXIMO AÑO, EVANGÉLICOS Y CATÓLICOS NO VOTAREMOS A NINGÚN POLÍTICO QUE VOTE A FAVOR DEL ABORTO.

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