01 / 04 | Cultura

EL PENSAMIENTO POLITICO DE MR. CASABLANCAS


Sus intereses discurren sobre carriles ideológicos que probablemente sorprenderían bastante a muchos de los fans de la banda que se hará escuchar este sábado en el coqueto Hipódromo de San Isidro. A veces, Julian no es sólo el sparring de una crítica “musical” hija de primos (la misma que esta semana, en Colombia, desató la ira quienes lo denunciaron por estar drogado durante la función).

Puede estar más rechoncho que nunca, pero hay condiciones en que puede ser como un niño feliz. De un costado piden pista unos flecos rubios que bajan sobre una pelambre lluviosa. Si hurgamos en su universo podemos encontrar que a veces, también, Julian le pregunta algo a su interlocutor y se reclina para escucharlo casi obsecuente, inmerso en una habitación repleta de libros. Quien capta su atención es un pedagogo radical, una suerte de crítico cultural. Llamado Henry Giroux y se trata de un intelectual yanqui influenciado por Paulo Freire, ese progresista tan caro a los nuestroamericanos. No es difícil arriesgarse a decir que se siente muy halagado. Una de las mayores estrellas del rock internacional ha decidido viajar hasta Canadá para conversar acerca del poder de los bancos sobre los gobiernos, los medios masivos de comunicación y la corrupción capitalista.

Julian lee en voz alta: según denuncia Venezuela, EE.UU. se quiere meter en Sudamérica, como ya lo hizo en el pasado, colaborando con la oposición y saboteando económicamente. Podría no sonar desequilibrante para un oyente de Víctor Hugo Morales o un lector de Atilio Borón, pero la temática tiene su costado surrealista puesta en boca de este songwriter tan top. Interrogado sobre la veracidad de estas aserciones bolivarianas, Giroux responde con seguridad: “absolutamente”. Y agrega: “todos los países que no quieran el capitalismo de casino, no tienen que tener buena relación con la democracia sino con EE.UU.” Giroux menciona el golpe contra Allende, los intentos de matar a Fidel, y dispara: “la democracia está al final de un arma”. Julian asiente, convencido.


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El príncipe del garage ya tiene 38 años y muchas cosas han cambiado desde que The Strokes lanzaba “Is this it”, salvando así al rock -según la opinión de muchos-. Eso fue en 2001. La cuenta regresiva para las Torres Gemelas había comenzado, aunque (casi) nadie lo supiera. Nueva York bailaba por último año al compás de la “tolerancia cero” del republicano Giuliani. Bajo la insignia de lo crudo y lo efervescente, la banda inauguró un ritmo combustible y auto-implosivo que crió a una generación entera, la de los cuestionados millennials. El último gran suceso había sido el grunge, en Seattle, con los alter-globalistas como comparsa de la época. Esto era alternativo, pero estaba investido de una sofisticación culposa, deudora de la música disco y el synthpop.

 

No, no era un nuevo aullido de las barriadas más pobres y violentas. Quienes rompían la monotonía eran chicos elegantes y de buena familia de impronta clásica y fresca a la vez. Sus tracks son pequeños tratados del desánimo y la desmotivación juvenil, a la vez que están imbuidos de un entusiasmo tan fácil como efímero. La mayor ofensa de estos lampiños contra la parafernalia securitaria era subrayar -en el estribillo de una canción que luego ellos auto-censuraron-, que los polis de la ciudad no eran demasiado avispados (aunque aún hoy, las críticas de Casablancas a “la fuerza” pueden ser bastante cautelosas).

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Con el tiempo The Strokes (y el mainstream rockero también) se volvería más y más dependiente de la música electrónica. La banda ha decaído en su elaboración dicen los críticos, que no están conformes. Es probable que tengan razón, pero, ¿acaso quieren que sigan haciendo lo mismo por siempre? El sociólogo Zygmunt Bauman, uno de los autores que inspiran a Giroux, es uno de los paladines de la “modernidad líquida”. La era digital nos tritura y una instantaneidad frustrante se apodera de nosotros. Frente a esto, como en Under cover of darkness, Casablancas exclama al mundo: “I won’t just be a puppet on a string” (Yo no seré sólo un títere en una cuerda).

 

De algún modo, ha decidido dar un vuelco en su vida y jugar su capital estético en la batalla ideológica contra el 1% -al que pertenece-. ¿Qué ocurre en la cabeza de quien prestó su rostro y su voz para liderar la renovación del rock? Julian Fernando Casablancas ya era rico de antes. Su padre es un empresario de origen español, dueño de una agencia de modelos, y su madre fue Miss Dinamarca. Fue enviado a un internado en Suiza y a colegios caros que sus seguidores jamás podríamos pagar, donde conoció a los demás integrantes de la banda.

Sin embargo, en la interna demócrata, a través de twitter, Casablancas decidió apoyar a Bernie Sanders: “él es el único que no ha sido comprado, afirmó. En su website personal podemos encontrar una sección titulada “Politics”, enmarcada en un lisérgico GIF que reza: “don’t panic”. Una de las primeras cosas que aparece es justamente un video del ex precandidato presidencial, autoproclamado “socialista”. En una sesión del Congreso yanqui, se observa al senador por Vernon denunciar el acuerdo de promoción comercial entre Estados Unidos y esa pequeña nación centroamericana que ha quedado signada por la corrupción del capitalismo transnacional. Casablancas resalta que esto fue en 2011, mucho antes de que los Panamá Papers coparan la prensa internacional.

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La mayoría de los contenidos de la sección de su website provienen de Truth-Out.org, donde publican el Nobel de Economía Paul Krugman, el anarco-lingüista Noam Chomsky y también el entrevistado de Casablancas. Julian reproduce allí, por ejemplo, un alegato contra el golpe a Dilma Rousseff. Este portal tiene millones de visitas mensuales y, si bien fue registrado en septiembre de 2001, es un emergente mediático del fenómeno que Sanders supo aprovechar en su favor. Los temas principales de Truth Out son la salud pública, el movimiento obrero, las guerras en Irak y Afganistán. Y también la incandescente trinchera del anti-trumpismo.

"De algún modo, ha decidido dar un vuelco en su vida y jugar su capital estético en la batalla ideológica contra el 1% -al que pertenece"

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Incluso la productora del cantante, Cult Records, tiene un apartado de este cariz: aquí, por ejemplo, se recomienda clickear en la putinista RT o en el blog de Ralph Nader, eterno candidato del Green Party. Son frecuentes uploads que denuncian que “el imperio contraataca” contra los “gobiernos de izquierda” latinoamericanos (un mensaje pintoresco, y también, crecientemente anacrónico). Con semejante alimento cerebral, no es raro que los instrumentistas frustrados que pueblan las revistas de rock lo acusen a Julian de haberse vuelto intenso, pesimista y malhumorado.

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Desde su disco solista “Phrazes for the young” (2009) inspirado en una frase de Oscar Wilde, hasta The Voidz, la banda paralela con la que lanzó el álbum “Tyranny” (2014), la estética retro-moderna se ha apoderado cada vez más de Casablancas. “Human Sadness” (tema promocional) se acompaña con un video que dura más de 13 minutos donde los integrantes del grupo protagonizan escenas deprimentes y desesperantes de la soledad urbana. Es una pequeña ópera rock del catastrofismo distópico: Julian lo imaginó como la sonorización del hundimiento del Titanic por aquella orquesta condenada al último concierto. Su voz eternamente adolescente se distorsiona y se disuelve entre guitarras estridentes y sonidos de videojuegos que saturan los oídos. Este cruce con el rock industrial acompaña la inmersión en un denso drama 2.0 en el que un soldado muere en el campo de batalla, una pareja combate violentamente sin siquiera frenar ante el llanto de su bebé, un repositor (encarnado por el propio JC) ve su noche congelarse acomodando latitas de gaseosa en la heladera del supermercado. De repente, la pantalla es tomada por asalto por imágenes donde vemos represiones policiales donde uniformados sin rostro (como los de Star Wars o los de Acorazado Potemkin) avanzan sobre una multitud descontenta. Los subtítulos agitan: “come here sit down and watch some TV”.

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Obnubilados por la victoria del platinado empresario, no podemos suscribir irresponsablemente la (seudo)teoría de una “exportación de la grieta”. En efecto, las millonarias movilizaciones de mujeres en el día de su asunción no son un rayo en cielo sereno. Desde Occupy hasta Black Lives Matter, es evidente que algo está cambiando en Estados Unidos y The Strokes lo ha reflejado así en su último sencillo, “Past Present Future” . El video de “Oblivius” fue censurado -la banda aclaró que no tuvo posibilidad de explicar la razón puntual- y tuvieron que salir a la cancha con otro corte, “Threat of Joy”. Sin embargo, la producción de este video incluye una referencia sarcástica y provocadora a lo acaecido con la canción de la discordia. Es que arranca con un fragmento de la melodía del otro tema; de repente, hombres de negro con el uniforme del SWAT secuestran la cinta de grabación y se escabullen con máscaras de cerdos. En el medio, una leyenda reza: “we make money, so you don’t have” (nosotros hacemos el dinero, para que Uds no tengan que hacerlo).

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Mientras tanto en “Oblivius” Casablancas se refiere explícitamente a Wall Street y dispara: “actúa como un lobo, pero piensa como una oveja”. Visto desde la intensidad de los twitteros argentinos, puede sonar nimio. Por momentos, uno debe recordar que esta es una generación que heredó un pensamiento anti-sistema literalmente derrumbado. El mensaje no es más que un anticapitalismo soft y apenas sobrepasa el democratismo radical, pero no está mal para quienes tuvieron que abrirse camino entre las pobres teorías conspiranoicas de Zeitgeist. En el estribillo, en una politizada paráfrasis a Matías Martín, Julian inquiere: “¿de qué lado estás parado?”.

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Por su parte, tiene para entretenerse. Ha encontrado una nueva trinchera para molestar a los que deseaban transformarlo en un fetiche hipster. Seguramente, cuando arribe, los noticieros querrán anestesiarnos con las no-noticias preferidas de un Bebe Contempomi: que al frontman le gusta jugar al soccer y hasta se pone la 10 albiceleste de Messi, o que el guitarrista Albert Hammond Jr es mitad argentino. Por supuesto, no hablarán de sus interpelaciones a los fans para que escuchen a un economista embebido de Althusser y Balibar exponer sobre la ruina del capitalismo. Ingenuos, algunos ni siquiera tienen sentido de la ironía. Él, no obstante, se ha sacudido un poco de la modorra hedonista, y quizás sin sacarse los lentes oscuros más caros que hayamos visto, puede regalarnos un “Fuck Trump” como el que disparó desde el escenario en Bogotá. No es demasiado, pero nunca se lo hubiéramos pedido. Hubo íconos rebeldes más épicos en la historia del rock, es evidente, pero en este tiempo de plumaje blanco, le toca tirar a él. Bienvenido, Comandante Julian. Mejor tarde que nunca.


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