24 / 08 | Mundo, Política

EL PANTANO VENEZOLANO


I

Venezuela fue transformada en un pantano interpretativo y político. La pugna se ha difuminado con tanta velocidad y amplitud que Caracas asume y condensa todas las virtudes y males de la política regional. Un gran moralismo analítico se puso en marcha en grandes dimensiones. Convengamos: Caracas no es la Moscú de la URSS, ni es el escenario de una Guerra Civil Española a la caribeña. Tampoco es una Cuba del siglo XXI. Es un país periférico atravesado por las condiciones actuales de la posmodernidad, la globalización y el capitalismo. Que posee grandes reservas petroleras y que su gobierno ha establecido -desde los primeros años- una significativa distribución de la renta, una propuesta acerca de cómo administrar la globalización y un conjunto de regulaciones. Esto como era de esperar le valió la adhesión e incorporación de vastos sectores de la sociedad. Era la opción socialista al consumo y a los derechos. El chavismo ganó terreno y apoyos. Inscribió su propuesta política en el espectro de Bolívar y en las experiencias de las izquierdas latinoamericanas. Se “llenó de historia” e hiperpolitizó el discurso y la vida pública. Sus acciones amalgamaron a diversos adversarios que comenzaron a organizar un poder con cierta capacidad de fuego. Los efectos de la crisis internacional colaboraron (caída del precio del petróleo), la disociación entre garantía de consumo y derechos y los propios errores del chavismo también. Esa gran imaginación y promesa denominada “socialismo del siglo XXI” hoy se ha evaporado. Las condiciones de la pugna política ha reducido al chavismo a un solo país: Venezuela.

"Esa gran imaginación y promesa denominada “socialismo del siglo XXI” hoy se ha evaporado"

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II


La promesa del socialismo del siglo XXI no pudo configurar prácticas, instituciones ni sujetos con capacidad de desarrollarla o estructurarla en el tiempo. Hoy sufre una profunda crisis. Tampoco la oposición ha establecido una estrategia electoral y democrática que acumule lo reclamos mayoritarios. Tienen un solo logro de envergadura: la activación de un internacionalismo que articula posiciones neoconservadores y socialdemócratas. Su hipótesis catastrofista que imaginaba masas contra el Estado y corriendo a los brazos opositores no ha funcionado. El gobierno chavista se mantiene y la pregunta (sociológica) es por qué sucede esto. Por tanto, si desmalezamos el campus interpretativo de las visiones que enfatizan solo la crisis como aquellas que solo se centran en los aciertos oficialistas observaremos la complejidad de la dinámica de los actores y una subjetividad que si bien está en parte malhumorada no se quiere cargar  al gobierno ni participar en movilizaciones masivas que pongan en aprietos la gobernabilidad. A veces, se puede querer orden contra el mismo orden o gobierno. Y mientras la  oposición no genere un efecto de orden es imposible que migren masivamente las voluntades electorales. La política tiene efectos paradojales: la oposición fue in extremis contra el orden de tal manera que puso en duda su capacidad de garantizarlo. Nada dice ni nadie prevé que esa oposición pueda hacerse cargo de un orden estable, de ampliar el consumo y los derechos. Nada es tan fácil como parece. El macrismo -tan considerado por el espectro opositor venezolano- todavía no puede garantizar un proyecto sin tropiezos y sin reveses judiciales o políticos. No puede hacerlo en un país que tenía menos dificultades.

" la oposición fue in extremis contra el orden de tal manera que puso en duda su capacidad de garantizarlo"

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III

El referéndum revocatorio parece una estrategia inteligente. La recolección del 1% de firmas del padrón electoral ya verificadas por el Consejo Nacional Electoral, habilita otra recolección del 20% de firmas que deberán ser nuevamente verificadas para luego convocar a un referéndum revocatorio. Luego de la quiebra de la ficción catastrofista, las reglas democráticas se han convertido en instrumentos legítimos para competir por el poder. Nadie se sale -por ahora- de la Constitución y ello es una victoria política del propio chavismo.

La oposición y ciertos medios de comunicación están disputando la instalación de un clima de transición que puede intensificarse si los problemas económicos y políticos continúan en el territorio oficialista. La desactivación de estos problemas o su agravamiento pueden afirmar la idea de una transición. Pero es importante tener en cuenta lo siguiente: la oposición puede forzar una transición donde sean protagonistas ellos mismos o empujarla dentro del propio chavismo. Inclusive al interior de éste, puede ser una posibilidad para reacomodar las correlaciones de fuerzas. Lo que sí parece un dato relevante, es que pese a las diferencias internas nadie apostará a perder las elecciones o el referéndum. Nadie se suicida en las vísperas, sobre todo, cuando hay intereses comunes a todo el conglomerado chavista y una oposición que no puede fisurarlo. Podríamos decir que es más probable un cambio desde adentro que uno suscitado por la oposición. Un “cambio” dentro del orden o provocado desde el orden.

"es más probable un cambio desde adentro que uno suscitado por la oposición"

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Maduro aceptó la mesa de negociación conformada por ex presidentes (entre ellos, Rodríguez Zapatero y Torrijos) y la oposición convalidó reactivarla con la presencia de un miembro del Vaticano. Pero ello no ha implicado grandes avances. Solo se ha establecido un ring donde uno espera que el otro se mueva. El gobierno espera cierto consenso en algunos temas y descomprimir la tensión; mientras la oposición especula con su mayor desgaste.

El verdadero pantano es el que atraviesa a los actores y a sus expectativas. La superación de los problemas cotidianos y públicos no obedecen a una suerte de cambio mágico de gobierno ni a golpes rápidos del timón estatal, sino a problemas que residen en una dinámica política y estructural que -por ahora- “parece” bloqueada.


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