18 / 05 | Mundo

EL OSCURO ENCANTO DE MARINE LE PEN


Eufóricos los miles de asistentes se levantaron de sus asientos, comenzaron a agitar las banderas francesas y acompañaron el discurso de la líder al grito de Onestcheznous! (¡Estamos en nuestra casa!).

“¡El orden volverá a Francia!” acababa de lanzar al auditorio la candidata del partido de extrema derecha Frente Nacional (FN), Marine Le Pen. “Les advierto a la racaille[1], ¡el miedo cambiará de bando!” Los más de 5000 asistentes comenzaron a entonar la marsellesa que resonaba en la casi llena sala de conciertos Zenith en París. Faltaban sólo seis días para la primera vuelta y los militantes del FN presentían que su candidata estaría en la segunda vuelta. Y no se equivocaron.

Con más de 7.600.000 millones de votos, el 21,3%, del total, Le Pen llegaba al ballotage por primera vez desde que su padre, el fundador del partido, Jean Marie Le Pen, diera la sorpresa en 2002, para luego ser aplastado por más del 82% que votó en su contra otorgando un segundo mandato a Jacques Chirac.


En 2017 la historia se repitió y el FN fue derrotado pero esta vez por 66% del electorado que prefirió, no tanto por amor a su programa sino por resignación, al centrista Emmanuel Macron. Pero Marine, con un 34%, logró casi 11 millones de sufragios. El doble de votantes que su padre 15 años antes.

"'¡el miedo cambiará de bando!'"

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El FN maduró de un grupúsculo marginal a un partido político que impone su agenda a la política francesa. El techo de cristal que lo mantiene fuera del alcance del poder es cada vez más fino y frágil.

A pesar de ser la sexta economía mundial, Francia vive una coyuntura de degradación de su condición de potencia. En ese contexto, la desindustrialización, el desempleo, la pauperización de las clases populares, la crisis migratoria y el aumento del terrorismo están en el centro de las preocupaciones de la sociedad francesa.

Por habilidad propia e impericia de sus oponentes el FN se acomodó en el vacío dejado por el partido Les Républicains, la derecha, y el Socialista. La retórica nacionalista encontró refugio en la boca de los franceses que, víctimas de las sucesivas crisis económicas, se sienten relegados por las élites de los centros urbanos más desarrollados. El FN logró imponer en el debate sus temas de predilección: la inmigración, la inseguridad, la soberanía, el combate contra la mundialización y la identidad nacional.

“El discurso moralista que se ha opuesto al FN solo ha conseguido que sus seguidores sigan aumentando”, dice Erwan Lecœur sociólogo especializado en el FN. “Una buena parte de la población ya no se siente representada por ninguno de los dos partidos históricos”. Aprovechando ese desencanto el FN se autoetiquetó como el outsider antisistema de la política francesa. Ni de izquierda, ni de derecha. Francés y patriota, entonan desde hace años.

"El FN logró imponer en el debate sus temas de predilección"

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Una música similar se escucha desde las filas del centrista Macron, el nuevo presidente. “No somos de derecha ni de izquierda, somos pragmáticos”, repiten sus simpatizantes. Como en la elección presidencial de Estados Unidos y en el referéndum en Gran Bretaña, la pugna ya no sería entre izquierda y derecha sino entre quienes defienden la mundialización y quienes proponen el retorno de las fronteras y el proteccionismo. El sueño de una Francia que priorice a los franceses, según el FN.

“Europa nos está degollando”, dice Marc un simpatizante de 80 años que vino a escuchar a Marine Le Pen en el Zenith. “Europa no nos deja hacer lo que queremos acá en Francia. Nosotros queremos que el conjunto de nuestra sociedad evolucione. Pero que evolucione francesa. Que sea totalmente independiente, que viva de sus recursos”.

Francia, país del iluminismo acostumbrado a ocupar los principales roles, no encuentra su lugar en un mundo cada vez más globalizado. El modelo social de igualdad, baluarte de la excepción francesa, es cada vez más cascoteado por el déficit y por las propuestas de ajuste y austeridad. La consecuencia es la fragmentación social y el aumento del comunitarismo, sobre todo en las periferias de las grandes ciudades.

“El Euro empobreció a los franceses. El precio de la baguette se multiplicó por seis. Pero los salarios no se multiplicaron por seis”, dice Florent, 55 años, un ex militar de carrera que vota al FN desde 1986 y vino al Zenith junto a Marc. “Marine nos permitirá recuperar nuestra autonomía”, agrega Marc. “Queremos una inmigración controlada. Hace 50 años, después de la guerra, necesitábamos gente para la reconstrucción. Pero hoy no podemos dar ni trabajo ni alojamiento a todo el mundo. ¡Se terminó!”.

"'El Euro empobreció a los franceses', dice Florent, un ex militar de carrera que vota al FN desde 1986"

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Los militantes del FN hurgan en la nostalgia de una Francia dominante y gloriosa, rastreando una identidad nacional que sienten perdida. “La construcción identitaria del FN se estructura a partir del rechazo de la inmigración árabe-musulmana”, dice Stéphane François, profesor de la Universidad de Lille. Ubica el origen de ese odio en la guerra de Algeria, rechazo que se ha convertido en el odio a los jóvenes franceses de familias de inmigrantes de los barrios marginales. “Piensan que todos los jóvenes pertenecientes a esa comunidad son traficantes, ladrones o violadores”, asegura François.

En el cuartel de campaña del FN, a pasos de la exclusiva avenida Campos Elíseos, Jean-LinLacapelle, antiguo ejecutivo de L’Oreal, hoy una importante figura del partido, analiza: “Las elecciones legislativas de junio serán fundamentales para la gobernabilidad del próximo presidente”.

El retroceso de los partidos tradicionales deja un espacio importante que el FN cuenta capitalizar. “El FN ya no es un partido contestatario como en sus orígenes, es un partido compuesto por patriotas que pretende gobernar”, dice Lacapelle. Llama de “patrona” a Marine Le Pen, quien le dio como misión la formación y profesionalización de cuadros del partido. Pertenecer al FN sigue siendo un estigma y en los últimos comicios legislativos de 2012, Le Pen no logró encontrar postulantes para los 577 escaños en juego. Apenas 61 candidatos aceptaron. Sólo dos lograron entrar en la Asamblea Nacional. Eso a Lacapelle parece no preocuparle. “Recibimos muchas candidaturas de gente que quiere trabajar con nosotros. Obtendremos muchos diputados en las próximas elecciones”, sentencia.

No lejos de su oficina, en un gran espacio abierto, quince jóvenes tipean sin parar frente a sus computadoras. Son los community managers a la pesca de votantes en las redes sociales. “Antes esto no existía, los jóvenes son fundamentales. Son la evolución del partido”, dice mientras los arenga.

"'El FN ya no es un partido contestatario como en sus orígenes, es un partido compuesto por patriotas que pretende gobernar'"

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En la otra punta de París, detrás de la puerta de un comercio con la vitrina empapelada y sin ningún letrero, está la sede local de la juventud del FN. Dentro, rodeados por una biblioteca en la que cuelga un cartel que prohíbe tocar los libros, unos veinte jóvenes, casi todos varones, que escucha atentamente la conferencia de un alcalde del FN.

“Es el único partido que encarna los valores franceses y pone la soberanía nacional como prioridad”, dice desde la primera fila Hugo Jorge Novio, estudiante de historia del arte de 22 años y miembro de la juventud del FN. “Cuando mi familia llegó a Francia, no buscaron reivindicar sus orígenes sino integrarse a esta cultura”, dice Hugo cuyo abuelo emigró desde España. “No se trata de cerrar las fronteras. Se trata de ser pragmático y que esta gente que viene se integre a la sociedad. Es lógico dar prioridad a quienes son ciudadanos franceses desde hace años que a quienes acaban de llegar.”

Casi un 50% de los jóvenes de entre 18 y 34 años votaron por partidos antisistema en la primera vuelta, según la encuestadora Opinionway. Un 25% escogió a Marine Le Pen y en segundo lugar quedó el candidato de la izquierda radical, Jean LucMélenchon con 24,6%.

“Antes la juventud buscaba la subversión del orden. Hoy, los jóvenes que votan al FN, buscan una vuelta al pasado, a los valores tradicionales. Es un voto de protesta, pero conservador”, dice Lecœur. “Para ellos, el sistema hoy no tiene una respuesta para el caos civilizatorio que consideran que estamos atravesando. Buscan el retorno al mundo que conocieron sus padres y sus abuelos, el del pleno empleo de los años 50, un sistema en el cual puedan insertarse. Y allí el discurso del FN calza perfectamente.” Pero ese entusiasmo no logra, por el momento, salir de su nicho.

En primer lugar, luego de la primera vuelta, varios de los candidatos que quedaron fuera de la carrera, entre ellos el derechista François Fillon y el socialista BenoîtHamon, instaron a votar contra la extrema derecha. “Hago una distinción clara y total entre un adversario político y un enemigo de la República”, dijo Hamon en su discurso al aceptar la derrota histórica del socialismo que apenas obtuvo 6,36%. Por otro lado, un 28% del total de consejeros municipales del FN renunciaron a sus cargos debido al maltrato, la falta de profesionalización y el nepotismo reinante al interior del partido, según un estudio de AFP de noviembre de 2016.

"'Hago una distinción clara y total entre un adversario político y un enemigo de la República', dijo Hamon en su discurso al aceptar la derrota histórica del socialismo"

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Como si esto no fuera poco, Marine volvió a ser Le Pen. A pesar de sus esfuerzos, la candidata no logra enterrar el pasado antisemita, xenófobo y homofóbico, entre otras fobias, propias a la historia de su partido. Durante las dos horas del último debate presidencial, se dedicó a agredir a su contrincante Emmanuel Macron. Trató de desestabilizarlo con mentiras sobre la salida de Francia del euro, el punto más débil del programa del FN, e incluso haciendo referencias a la vida personal de Macron (casado con una mujer 20 años mayor que él). La diatriba de Le Pen estuvo poblada de “hechos alternativos” y cuando Macron intentaba explicar su programa, la cámara mostraba los gestos sarcásticos y la sonrisa irónica, altanera, que se insinuaba en su rostro.

“Creemos que el debate fue una oportunidad perdida”, se lamenta Hugo Jorge Novio desde el búnker político apenas publicados los resultados el domingo. “Su estrategia fue atacar a Macron y no esclarecer puntos importantes de su programa. Perdimos varios puntos en los últimos días porque la gente sigue votando contra el pasado del partido”.

Al aceptar su derrota,pero sin olvidar los 11 millones de votos que sumó, Marine Le Pen llamó a dejar definitivamente el polémico lastre del FN y a traspasar las fronteras tradicionales de su partido. “No nos rendimos”, dice Hugo que participará a la construcción de esa “alternativa patriótica a los mundialistas” que propuso Le Pen. “Es cierto, recibimos una bofetada. Pero en cada elección progresamos”.

"A pesar de sus esfuerzos, la candidata no logra enterrar el pasado antisemita, xenófobo y homofóbico, entre otras fobias, propias a la historia de su partido"

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[1]El término racaille es despectivo y define a los jóvenes de barrios marginales que cometen delitos menores.


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