09 / 05 | Mundo, Política

EL LABORISMO BRITÁNICO Y LAS FORMAS DE MORIR

Mariano Schuster Jefe de redacción de La Vanguardia, periódico del Partido Socialista www.lavanguardiadigital.com.ar


1983 fue una fecha crucial para los laboristas británicos. Cuatro años antes Margaret Thatcher los había desalojado del poder que habían ostentado durante más de dos décadas, y en la sede del partido de la rosa se auguraba el momento del regreso triunfal. La vuelta de los laboristas era inminente: debían reconstruir el Estado de Bienestar que estaba siendo desmantelado y acabar con las políticas neoconservadoras. Así que, para enfrentar a Thatcher, no eligieron la moderación sino un programa electoral radical que algunos consideraron cercano al delirio. Los laboristas propusieron la nacionalización de la banca y de las grandes industrias privatizadas por la Dama de Hierro. Además, exigieron la retirada del Reino Unido de la Comunidad Económica Europea, la abolición de la Cámara de los Lores y el desarme unilateral. “La nota de suicidio más larga de la historia”, como calificó al programa un destacado miembro del Labour Party, fue escrita por Sir Tony Benn, el histórico líder del ala más izquierdista del partido.

El resultado de aquellas elecciones fue catastrófico: Thatcher consiguió la mayoría absoluta. Benn, que falleció el año pasado, fue un guerrero incansable. Se enfrentó a Tony Blair, en el que vio una deriva derechista, y acusó a la “Tercera Vía” de traición a los principios históricos del partido. No dudó en oponerse a la Guerra de Irak y siguió reclamando hasta su muerte la estatización de las principales empresas del país. Ese “viejo chiflado”, como lo llamaron sus propios compañeros, solo se reconcilió con el Labour Party con la llegada de Ed Miliband. “Es un hombre de principios, que dice lo que cree y se mantiene firme en su verdad”, dijo Benn.

Ed Miliband perdió el jueves pasado las elecciones británicas con un programa más moderado que el de Tony Benn pero mucho más a la izquierda que el de Blair y Brown y que el de cualquier otro socialdemócrata europeo. The Red Ed (Ed “El Rojo”) como lo llaman sus simpatizantes, se acostumbró a dar batallas. La primera, por la dirección del Partido, lo obligó a enfrentarse a su hermano David, el hombre llamado a suceder a Gordon Brown y miembro del sector más derechista del centenario partido. Después, tuvo que lidiar con a las críticas internas de algunos simpatizantes, que tampoco vieron con buenos ojos su inclinación tan marcada hacia la izquierda. Debió, además, enfrentar a quienes le aconsejaban un pacto post-electoral con el nacionalismo escocés, con el solo objetivo de sacar a los conservadores. Pero Miliband siempre perteneció a la izquierda unionista y declaró que prefería no ser Primer Ministro si debía pactar con el SNP. Fueron muchas… demasiadas batallas. Perdió en la última, la más importante: la que lo llevaba a Downing Street 10. David Cameron, un conservador que jamás dudó nunca en declararse admirador de la Dama de Hierro, se quedó con las llaves de la residencia del Primer Ministro.
Probablemente, Ed Miliband no sea tan rojo como lo fue su padre Ralph, un afamado intelectual marxista que llegó a Londres escapando del terror nazi en Bélgica. Pero esos años de formación, en una familia judía y socialista, lo marcaron a fuego. Perdió los comicios vociferando contra la expansión de los grandes bancos, criticando a las compañías energéticas y encarando con dureza a Rupert Murdoch, el todopoderoso dueño de los periódicos The Sun y The Times y de las cadenas Fox y Sky. No dudó en denunciar las políticas de austeridad y los intentos de privatización del NHS, el servicio de salud creado bajo el gobierno laborista de Clement Atlee. Casi hasta último momento se negó a moderar su discurso. Aceptó que Blair saliera en su apoyo hace unas pocas semanas pero no pudo con su genio: siguió defendiendo un viraje progresista. Lejos de buscar el voto del centro, se concentró en el voto duro e ideológico del viejo socialismo.


Ed Miliband perdió las elecciones mencionando, en todos sus discursos de campaña, las dos palabras más olvidadas por la izquierda: “Clase Trabajadora”. Ayer mismo, cuando renunció a la dirección del Laborismo y se asumió como único responsable de la derrota electoral, dijo: “Reino Unido necesita un Partido Laborista fuerte. Reino Unido necesita un Partido Laborista que pueda ser reconstruido después de un debate para que podamos tener un Gobierno que defienda otra vez a la clase trabajadora” El estilo de Ed Miliband y el de Tony Benn marcan una forma de manejarse en la arena pública. Sus derrotas enseñan que en política puede haber otra manera de vivir y de morir.

*Jefe de redacción de La Vanguardia, periódico del Partido Socialista (www.lavanguardiadigital.com.ar)


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1 Comentario

  • Escéptico de la nota says: 10 mayo, 2015 at 15:21

    – Previo a 1983 los laboristas no habían “ostentado el poder durante dos décadas”; hubo un par de gobiernos tories en ese período.
    – Lo de no pactar con el SNP no era principismo (o no sólo eso); era simple supervivencia electoral para no desaparecer en Inglaterra.
    – Si su formación hogareña explica sus posiciones, por qué difieren de las de su hermano?
    – En cuanto a esta “forma de morir” del Laborismo, me parece más explicada por un clivaje que no podía evitar (nacionalismo escocés) que por un giro a la izquierda excesivo, que no afectó demasiado su votación en Inglaterra. Si hubiera mantenido su votación en Escocia (donde de hecho perdió todas sus bancas a un partido ubicado más a su izquierda), habría orillado razonables 300 bancas.

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