08 / 07 | Mundo, Política

EL IMPUESTO A LA HERENCIA Y LA HERENCIA DE LO IMPUESTO


El informe a la nación que hace cada año el presidente marca siempre las prioridades, los tonos y la ruta en general del tiempo por venir. El de este pasado mayo en Ecuador no fue la excepción. Dos elementos de este discurso nos dan pautas para caracterizar el momento de disputa que vive actualmente el país.

A raíz de las elecciones locales de febrero 2013 nuevos rostros y otros no tan nuevos, pero con nuevos bríos, irrumpieron en la escena política para hacerle frente al gobierno de la revolución ciudadana que hasta entonces había caminado con paso firme y propio por la ruta de la hegemonía. Con el alcalde de Quito (Mauricio Rodas), de Guayaquil (Jaime Nebot) y el Prefecto de Azuay (Paúl Carrasco) a la cabeza, las autoridades locales de oposición de otras ciudades venían a ubicarse a un costado de Guillermo Lasso, hasta entonces el más representativo adversario de derecha al régimen; uno con el que Alianza País (AP) había aprendido ya a relacionarse.

En el informe de hace un año el presidente catalogaba a la nueva gama de actores de oposición como el rostro de la “restauración conservadora”, una amenaza para los logros progresistas, con vínculos y libretos regionales; un espectro fantasmagórico que la población no llegó a ver (por el débil intento de la revolución ciudadana por diferenciarse de estos), ni a temer, y con los que AP seguramente no esperó encontrarse en instancias tan decisivas antes de las presidenciales de 2017.


Un año más tarde, los nuevos y diversos actores muestran ya no solamente peso en lo local (su trinchera electoral) sino, a través de la articulación, posibilidad de proyección nacional y ensayan gestos públicos para plasmar su forma de entender la política. El nuevo frente “La Unidad” (así autodenominado) aglutina a figuras de muy diversas orientaciones ideológicas que reivindican su coincidencia como gesto máximo de consenso en contraposición (visible al menos) a la asunción del conflicto y el antagonismo como matriz de la disputa política, sello de la revolución ciudadana.

Rafael Correa en su informe a la nación de este año volvió a la batalla de nominar e hizo un nuevo intento por caracterizar a estos contrincantes y mostrar la naturaleza de sus diferencias; los catalogó como “políticos light” o “de mostrador”. Para marcar más nítidamente la frontera, reivindicó el derecho a indignarse y el deber de confrontar porque “negar el conflicto es aceptar el dominio sin disputarlo”. Él no venía a buscar consensos y desde esa premisa volvía a moverse a gusto en su terreno.

Más tarde, en el mismo discurso, después de delinear la situación económica que enfrenta el país en un “año difícil”, de resaltar el rol del Estado para lograr la equidad (condición básica para la democracia), dio un anuncio que hizo que tome cuerpo esta su forma de hacer política -la de la disputa- y volver a señalar al histórico adversario: las élites. Los proyectos presentados de impuesto a la herencia y a la plusvalía fueron denominados por el propio Presidente como una de las cosas más revolucionarias que haría su gobierno.

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Paradójicamente después del anuncio Rafael Correa señaló “Al inicio del gobierno intenté mejorar el sistema impositivo para las herencias, pero no tuvimos la fuerza política para lograrlo”. En una coyuntura en la que las cifras de credibilidad del gobierno y las expectativas de los ciudadanos se han lesionado; en la que su oposición lo mira cada vez más cerca, resulta complicado entender por qué creyeron tenerla ahora. Solo la necesidad de volver a la naturaleza fundante de su proyecto político, de re-alumbrar el antagonismo y el convencimiento de que esto le devolvería la iniciativa podrían explicar tan inesperado movimiento sin la labor pedagógica y política necesarias para tan radical anuncio, y que sí habían acompañado otras medidas implementadas en el pasado.

Inmediatamente los grandes actores políticos, empresariales y hasta eclesiásticos reaccionaron; pidieron su archivo y varios de los políticos llamaron a las calles de las principales ciudades.

El intento del gobierno por aclarar que la tasa a la herencia afectará solo al 2% de la población no fue suficiente para calmar la inquietud de la población especialmente de clase media. Esta vive un momento de incertidumbre y de afectadas expectativas por el anuncio del gobierno de que el crecimiento económico del país tendrá un frenazo en este año y siente a este impuesto como una nueva carga e incluso como una suerte de tributo al sueño de tener (el efecto aspiracional). Varios ciudadanos aprovecharon además la puerta apenas abierta para dejar ver otro tipo de malestares (de fondo y forma con el gobierno) hasta ahora expresados en espacios (virtuales y domésticos) con memoria menos traumática para el país. Se trató para muchos del momento de decirle al gobierno que abra la cancha a ciertas demandas, a voces, a organización y participación que no siempre tienen que pasar por sus tiempos, formas y formularios. La población de unas cuantas ciudades (con mayor impacto en Quito y Guayaquil) volvió a las calles con las viejas consignas que gritan “fuera” al mandatario de turno.

Tras ocho años de gobierno las movilizaciones en el país han sido cada vez más frecuentes y sus demandas diversas, sin embargo hasta ahora no lograron lo que las de los días pasados: que el gobierno desistiera (al menos temporalmente) de implementar una (revolucionaria) medida. En su discurso (en cadena nacional) el Presidente se valió del nivel de violencia de las movilizaciones, de la falta de información ampliada a la ciudadanía sobre los impuestos e incluso de la cercanía de llegada del Papa para sostener el porqué del retiro temporal. Lo cierto es que si hace un año, a propósito de las elecciones seccionales, hablábamos de la primera pérdida de la revolución ciudadana en el terreno electoral, ahora cabe que anotemos una en el de las movilizaciones.

Si bien las primeras convocatorias (no masivas) logradas no pueden atribuirse nítidamente a la capacidad de movilización de los dos frentes (el de Lasso y el de la Unidad) y tuvieron tintes violentos que pudieran ser ligados a fines conspirativos, en el imaginario de la población quedarán grabadas como la vía por la que ciudadanos y actores de oposición lograron una reacción en el gobierno. Para los rostros políticos en tareas de acumulación serán gratamente recordadas como aquellas que les posibilitaron saltar a la palestra y hacer sus propias demostraciones de fuerza. Efectivamente, las movilizaciones han permitido a los aspirantes a la presidencia para 2017 posicionarse y ejercitarse (un lujo antes de la campaña). Si la puesta en escena de estos actores hasta ahora había sido siempre planificada; en escenario propio y privado, con discurso, luces e invitados seleccionados; esta vez fueron terreno más arriesgado (el de las calles) para pasar al frente a hablar en nombre y en defensa de la ciudadanía (el rol hasta ahora del gobierno de la revolución ciudadana). Análisis aparte merece el desempeño, poder de convocatoria e impacto en la imagen de cada uno de los actores pero lo cierto es que frente a ello, por ahora, AP, el movimiento de gobierno, solo lució reactivo.

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La tregua temporal llegó con la visita del Papa. Había que dejar las vías y las cámaras libres para sus discursos pero sin perderse un solo detalle de ellos para ver si se logra pescar alguna frase que colocar en el futuro próximo como arenga, hashtag o slogan. Francisco a su paso dio un poco de esto a varios pero solo al Presidente anfitrión agradeció por la consonancia con sus pensamientos, aunque sin dejar de advertir su avidez con un “me ha citado demasiado”.

Como cierre de primer acto, Nebot, y con recursos menos vistosos, Lasso, Rodas y Carrasco se disputarán la conquista de la retirada temporal de los proyectos de impuesto y de la hoy vigorosa y latente amenaza de movilizaciones. En el mediano plazo es posible que se desmarquen mutua y oportunamente para seguir acumulando con miras a 2017, pero por ahora el beneficio del impasse es colectivo.

Sin embargo, la política no descansa solamente en estos dos terrenos (el electoral y el de las calles) y el movimiento de gobierno ha comunicado la necesidad de un diálogo nacional sobre equidad, redistribución y varios de sus proyectos legislativos pendientes (ley de tierras, impuestos a la herencia y plusvalía, Código del conocimiento y enmiendas a la constitución que incluyen la posibilidad de reelección indefinida). Si lo emprende, si articula, escucha, procesa y tiende la mano; si apuesta a la comunicación, la política y a la participación como tareas virtuosas y no ornamentales, quizás sea la medida más revolucionaria que haya tomado en el último tiempo y no tenga el Presidente en el informe a la nación de 2016 que reconocer otra vez que no tuvieron la suficiente fuerza política para lograrlo.


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2 Comentarios

  • […] Al Frente Unitario de Trabajadores, una especie de Central de Trabajadores de Venezuela (CTV); la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, cuyo brazo político, Pachakunik, puso el vicepresidente del candidato de los bancos, Guillermo Lasso, en la última elección; diferentes organizaciones estudiantiles de izquierda y de derecha, la Confederación Ecuatoriana de Organizaciones Clasistas Unitaria de Trabajadores; los parlamentarios opositores; el mismísimo Lasso; y por último los tres alcaldes Rodas, Nebot y Carrasco. […]

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  • […] Al Frente Unitario de Trabajadores, una especie de Central de Trabajadores de Venezuela (CTV); la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, cuyo brazo político, Pachakunik, puso el vicepresidente del candidato de los bancos, Guillermo Lasso, en la última elección; diferentes organizaciones estudiantiles de izquierda y de derecha, la Confederación Ecuatoriana de Organizaciones Clasistas Unitaria de Trabajadores; los parlamentarios opositores; el mismísimo Lasso; y por último los tres alcaldes Rodas, Nebot y Carrasco. […]

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