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DOS PAPAS

El mundo occidental posee dos Papas. Ambos se inscriben en universos morales que mantienen léxicos y preocupaciones comunes. Un Papa cristiano y otro laico. No están enfrentados; saborean el mismo pastel.


Un fenómeno de época reúne a Francisco y al “Pepe” Mujica, los cuales congregan los “condimentos” de una moral de la que se sirven varios gobiernos. Dos Papas para un extenso “menú”. Una moralidad bicéfala de pobreza y austeridad que intenta resistir el hiperconsumismo y rescatar el halo bienestarista que habita como vieja memoria en el capitalismo. Aquel que protegía a los ciudadanos de su íntima ferocidad. Esta no es cualquier moralidad sino una que reactualiza palabras de ciertos humanismos y cristianismos e inclusive de la virtú del republicanismo (no olvidar que “bien común” es un vocablo compartido por todos éstos).

"Bergoglio en nombre de la pobreza y la austeridad se hace Francisco"

Esteban de Gori
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. Apela al santo de Asís y a su vida desinteresada. Se apropia del santo militante –tan teorizado por Antonio Negri- y se convierte en conciencia y joker para las dirigencias políticas. El Pepe Mujica en nombre la izquierda se enrola en el culto de la sobriedad. A diferencia de Francisco, se sumerge en una “pobretización” de su vida –una suerte de proletarización del cargo presidencial-. Levanta con el auto oficial a un tipo que hace dedo, ofrece su casa para refugiados, hace un video donde reivindica el tiempo y una vida en detrimento del consumo. Vive entre los animales, como San Francisco de Asís. Todos lo quieren, como un “buen salvaje de las izquierdas”. Nadie quiere matarlo. No es Kennedy o Castro. No hay derechas que lo acosen en su vida privada, no hay izquierdas que lo sometan a una búsqueda de mayor radicalidad. Solo buscan algo de él: una “libra” de moralidad. La fragilidad de su seguridad se articula con una armadura ética que lo libera del pasado guerrillero, que lo atempera. Mujica es el horizonte moral de algunos mandatarios y una caja de herramientas viviente para componer dicho horizonte. El buen “Pepe” es un peregrino de izquierdas que regaña. Lo hizo con Chávez. En el libro “Una oveja negra en el poder”, dice: “Le advertí desde el principio, cuando asumió la presidencia de Venezuela, que no iba a construir el socialismo. Y no construyó un carajo”. En una entrevista en El País de España se metió con Dilma. En ésta indicaba que “La corrupción mata a la izquierda, lo de Brasil es inexplicable” y en esa misma advertía del estancamiento de la izquierda latinoamericana.

A su vez, es reconocido por presidentes que podrían considerarse entre sus adversarios. Ante la visita del presidente uruguayo a EEUU, Obama reconocía que “El presidente Mujica tiene una extraordinaria credibilidad en lo que se refiere a asuntos de democracia y derechos humanos, dados sus fuertes valores y su historia personal, y es un líder en estos asuntos en todo el hemisferio”. En su cuenta de Twitter, el presidente colombiano Santos, expresaba la preocupación de Mujica por los Diálogos de la Paz: “Bienvenidos los buenos oficios de ExPdte Mujica que como muchos quiere apoyar la paz de Colombia”.  Pepe es el más allá de las izquierdas, representa su búsqueda moral. Una new age para ese universo ideológico. Comprendió sus complejidades y sorteo sus dilemas construyendo eticidad que lo coloca en otro lugar.

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Uomo di stato, uomo de cuore


El eclipse de liderazgos envolventes, como el de Hugo Chávez, ha permitido la consolidación de otras referencias. En este caso, más moderadas. En un mundo que hace de la realpolitik un culto literario y práctico, una moral humanista se consolida con Mujica y Francisco. El primero, busca reconducir el espíritu de las izquierdas y presentar cierto modelo de “buen gobernante/ciudadano” y el segundo, instalarse como árbitro pacificador en diversos conflictos (Colombia, Cuba, etc.). El ángel pacificador. “Paz y Buen gobierno”, podría el lema del dúo rioplantense. También podrían considerarse dos modus operandi de la gubernamentalidad que imaginan. Dos horizontes que se integren a la política, tanto como deseo o apelación. La ejemplariedad humanista con ciertos trazos de novela rosa se hace su lugar y busca deslizarse por fuera del universo pospolítico, como de las perspectivas “hiperideologizadas”. Una estrategia de reencantamiento de lo político que sale a escena.

Ahora bien, existen diferencias entre estos dos hombres que están cerca del Leviatan. Francisco piensa desde el Estado la geometría de fuerzas nacionales. Es un uomo di stato. Si éste ya no puede lograr que los hombres y mujeres entren al Edén sin muchos sufrimientos, puede aspirar a incluirse como un actor de peso en la dinámica estatal, ya sea para forzar, defender o establecer ciertas posiciones. El Papa busca administrar almas, relaciones internacionales y, sobre todo, construir el monopolio legítimo de la Paz. Mujica, pese a su paso por lo estatal, piensa en el “corazón” del individuo. Un uomo di cuore. Allí, entiende que se encuentra la batalla de la política. El político, de esta manera, se vuelve en su universo magistra vitae del individuo.

Salvaciones

Los dos Papas provocan fascinación e impactos en los discursos políticos. Ambos se vuelven límites, fronteras móviles y citas de autoridad para múltiples referencias a la condición humana. Una interpretación de lo justo (en términos políticos) y cierta idea de la “salvación” (presente y futura) provocan adhesiones en un territorio subjetivo sometido a las arenas movedizas de los flujos financieros.

El hombre tiene que afirmarse y salvarse, ya sea por imperio de una renovada fé o por el reconocimiento de lo propiamente humano en un mundo atrapado en el consumismo.  Francisco y Mujica vuelven a las palabras “simples”, a cierta “bonachonería” del mando, a lo “humano” como fin en sí mismo y a las reflexiones que la gestión del mundo público desplaza. Una lenta “franciscalización o pepeización” de la moral política avanza, sus acciones y palabras se vuelven un lenguaje disponible para diversos gobiernos y, en algunos casos, palabra autorizada para algunos opositores.

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1 Comentario

  • miguel yakowitz says: 14 octubre, 2015 at 20:12

    Yo creo que son verdaderos profetas que nos guían por el camino del amor,la verdad y la justicia con los valores puestos en el humanismo de Marx. Que bueno que hoy día se visualicen a estos profetas tambien como el ejemplo que nos dio Galeano.

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