28 / 04 | Mundo, Política

DE LAS RELACIONES CARNALES AL MÉNAGE A TROIS

Esteban Actis @actis_esteban Doctor en Relaciones Internacionales (UNR/CONICET)


Los encuentros entre Mauricio Macri primero con Barak Obama y recientemente con Donald Trump, en el marco de una política de acercamiento político entre Buenos Aires y Washington, ha provocado que nuevamente la noción de “relaciones carnales” sobrevuele el lenguaje de académicos, analistas y periodistas. La famosa frase del ex canciller Guido Di Tella ilustró el modo de vinculación de la Argentina con los EEUU durante los gobiernos de Carlos Saúl Menem. Desde la conceptualización de las Relaciones Internacionales, la metáfora sexual hacía alusión a un “acoplamiento” con el hegemón, una política de aceptación de la dependencia dada la percepción imperante que esa era la única forma de obtener beneficios para nuestro país. El punto que merece ser destacado es que aquellas relaciones carnales se dieron en un contexto de monogamia (el orden internacional unipolar de la inmediata posguerra fría). Dicho en otras palabras, no había otro partener en el cuarto para ofrecerle nuestro amor. Además de las creencias domésticas de la Argentina sobre la utilidad de acceder voluntariamente a las relaciones para recibir algo a cambio, el sistema no ofrecía alternativa alguna. A lo sumo, las alternativas a las “relaciones carnales” durante los noventa eran concurrir a la cena, ser llevado hasta la casa pero intentar de ser posible, de forma decorosa y educada, evitar el acto sexual (el “acomodamiento” brasileño bajo los gobiernos de Fernando Henrique Cardoso por ejemplo).

En el marco de nuestra política exterior pendular, luego de más de 15 años de divorcio con los EEUU que combinó etapas de un profundo distanciamiento con algún momento de tímido acercamiento, la administración Macri nuevamente percibe que la profundización del vínculo con Washington es funcional al interés nacional. La gran y sustancial diferencias con las “relaciones carnales” de los años noventa radica en el contexto sistémico, es decir en el número de integrantes del lecho amoroso. Los límites de las “relaciones carnales” con los EEUU radica que el cuarto ahora también lo ocupa otro actor: China.

Un revival de las “relaciones carnales” sólo se puede ejercer en el marco de la incipiente pero clara bigamia que ha adquirido nuestra política exterior. Durante los últimos años del divorcio con Washington introdujimos lentamente en la habitación a China, amorío que se profundizó en los últimos años del kirchnerismo ante la necesidad imperiosa de obtener ganancias (principalmente en el plano económico) que antes nos ofrecía nuestro hermano Brasil. En realidad China se metió también un poco por la fuerza dado su nuevo rol de macho alfa.


Un nuevo ofrecimiento de las relaciones carnales a nuestro viejo y tradicional amor (EEUU) está constreñido por todo lo construido en el vínculo con Beijín. El swap financiero, la venta de trenes y casas, la dependencia comercial, la base espacial en Neuqúen y la firma de instrumentos de cooperación concesivos como el de otorgarle preferencia a las empresas chinas en procesos licitatorios, para dar sólo algunos ejemplos. A su vez, el “reencuentro” con Washington debe contener una lectura de su nueva realidad en relación a todo aquello que antes nos ofrecía y hoy ya no parece más dispuesto: inclusión en el SGP, comprarnos algunos de nuestro productos exportables, bienes públicos regionales (el anuncio de dejar de fondear el BID), entre otros aspectos.

"Retomando la tradicional frase del peronismo revolucionario, las “relaciones carnales” serán bigámicas o no serán nada."

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La reedición de las famosas “relaciones carnales” solo puede ser posible en manifiesto escenario de bigamia (creciente bipolaridad sistémica). La clave para el futuro de nuestra política exterior es saber la dinámica que adquirirá el complejo manage a trois. Lamentablemente esto último dependerá más del comportamiento de los “machos” que de la voluntad de la “dama”. El peor escenario para nuestro país es que se consienta pasivamente la dependencia en un marco de tensiones y disputa por la exclusividad del amor (una bipolaridad rígida). Elegir entre el viejo y el nuevo amor es una opción extremadamente costosa para la Argentina. No obstante, a pesar de las proyecciones que apostaban por dicho contexto, la cumbre de Mar a Lago entre Trumo y Xi Jinping da indicios que la Argentina podrá tener al menos en el corto plazo “relaciones carnales” en un ámbito de cooperación y entendimiento entre las dos potencias. De ser así, el manage a trois otorgará intersticios e hendijas para poder lograr algún margen de maniobra que, además de pagar los costos de la asimetría de poder, puede ofrecer algunos beneficios y oportunidades si se realizan lecturas inteligentes del nuevo contexto global. En definitiva, en el caso de que la Casa Rosada intente reeditar las “relaciones carnales” entre la Argentina y EEUU, las mismas ya no serán en un contexto de monogamia sino en uno de bigamia. Retomando la tradicional frase del peronismo revolucionario, las “relaciones carnales” serán bigámicas o no serán nada.

 

 


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