04 / 08 | Política

DE CONURBANOS, INFINITOS Y ESTEREOTIPOS


¿Cómo hablar del Gran Buenos Aires sin estigmatizarlo? ¿Cómo hacerlo sin caer en la tentación de estetizarlo? Como si en lugar del buen salvaje rousseauniano existiese un buen cabeza más allá de la General Paz y el Riachuelo. En definitiva, quienes dicen “esos negros de mierda” y quienes contestan “viva el chori y el conurba” coinciden en un prejuicio: ese continuo urbano en el que se agolpan quince millones de personas y el 40% de los pobres del país es reducido a una otredad.

Zambullirse en este territorio y dar cuenta de lo dado, así como está hoy día, resulta un buen punto de partida para comprenderlo. Eso mismo se proponen Rodrigo Zarazaga y Lucas Ronconi con Conurbano infinito, un libro que da cuenta de los principales actores de este universo, así como de los problemas que acucian a su geografía. Se trata de una obra que interpreta las intencionalidades y estrategias de cada actor en sus relaciones coconstitutivas con el Estado.

"Zarazaga sostiene que el Estado asume, en estas tierras, la forma de un Golem"

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Y esto último no es algo arbitrario. Zarazaga sostiene que el Estado asume, en estas tierras, la forma de un Golem. Siempre efectivo, se manifiesta también por sus ausencias y se agrava cuando se mixtura con lo ilegal, haciendo de la excepcionalidad casi una regla. Lejos de asumir un rol paternalista, el estado “más que proteger, aterroriza”, asegura el politólogo, como si tuviese poder de dar vida y muerte.


ConurbanoInfinito

Lo interesante de Conurbano infinito es su doble carácter: es académico y a la vez no. Los trabajos de Zarazaga y Ronconi, junto con los de Matías Dewey, Candelaria Garay, Eugenia Giraudy, Jorge Ossona, Pablo Semán y Mariela Szwarcberg Daby, exhiben una notable rigurosidad. Lo más interesante, sin embargo, es el hecho de que orillen la ciencia y se embarren hasta el tuétano, como es el caso de la descripción densa del fenómeno de La Salada que hace Dewey.

El Gran Buenos Aires “emerge pobre, desigual y con notables deficiencias de servicios e infraestructura”, dice el jesuita, para concluir que este hogar de una fractura social es “un singular collage difícil de comprender, pero sobre todo de gobernar”. Y aquí emerge el aspecto prescriptivo de esta compilación. Comprender para actuar, parecen decir los autores abofeteando al lector con un diagnóstico crudo.

"El desempleo y la informalidad laboral, el problema de la tierra, los mercados ilegales con sus ramificaciones y el narcotráfico son situaciones estructurales en la región"

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Si los actores clásicos de estos distritos de la Primera y la Tercera Sección electoral son los intendentes, los partidos y los punteros, los problemas que los aquejan desde la recuperación de la democracia -que es el punto de partida del análisis- originaron nuevos protagonistas, como los movimientos sociales. El desempleo y la informalidad laboral, el problema de la tierra, los mercados ilegales con sus ramificaciones y el narcotráfico son situaciones estructurales en la región, que a su vez conforman entre sí un círculo, no sabemos si virtuoso o vicioso, pero que da entidad y sobrevida a ese mundo.

Los capítulos de Dewey y Zarazaga sintetizan, a entender de quien escribe, el espíritu del libro. Mediante un trabajo etnográfico, el primer autor analiza las transformaciones estructurales en la industria de la vestimenta, junto con la dinámica local y el lugar de las agencias estatales, para explicar las razones del éxito comercial de La Salada, ese fenómeno socioeconómico que se constituyó en uno de los símbolos bonaerenses.

Zarazaga, por su parte, des-estereotipa a los punteros, vilipendiados por izquierda y derecha, al sostener que en los hechos actualizan la presencia estatal. Por esa razón, los aborda como lo que son, una mediación entre los pobres y el Estado. Así se lo definió uno de sus entrevistados: “acá la gente me respeta porque yo soy el derpo. ¿El Estado dónde está? Atiende en mi casa. Soy yo. Acá el intendente no pisa”. Así, el compilador nos dice que la realidad efectiva no es weberiana, sino es algo “que puede ser arbitrario e incluso imponer los códigos propios de la ilegalidad”. Volvemos a la idea de Estado Golem. Pero hay Estado, al fin y al cabo.

"el compilador nos dice que la realidad efectiva no es weberiana"

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El ensayo de Pablo Semán da cuenta, en cierta medida, del prejuicio que se ciñe sobre este gigante. La fragmentación y complejización de la sociedad hizo que en el Gran Buenos Aires cobre forma un acervo cultural propio que “recibe y devuelve, selecciona espacios, motivos, géneros y los hace suyos para producir a veces una respuesta, una influencia en aquellos ámbitos centrales”, explica Semán.

Pese a la dureza de las descripciones dadas en los ocho capítulos del libro, el optimismo de la voluntad de Zarazaga, quien incomodó el año pasado en el coloquio de IDEA a empresarios y a la ministra de Desarrollo Social Carolina Stanley, nos dice que no deja de ser posible el logro de un proyecto de desarrollo para la región y para el país.

Las dualidades que cruzan a Conurbano infinito, lo académico y lo barroso, y lo descriptivo como punto de partida de algo prescriptivo, lo hacen un libro de lectura obligada. Sobre todo porque se sumerge en este vasto territorio con respeto y realismo. No le sacás la ficha al libro, y eso lo hace atractivo. Nadie puede decir a ciencia cierta qué es el Conurbano. Ya existía y se entrometía en el ejido urbano porteño cuando los urbanistas hicieron mención a esa nomenclatura por la década del ’30. Además, son visibles las diferencias entre sus corredores. En lo personal, el Gran Buenos Aires son mis novias en Del Viso, Temperley o Castelar; las canchas del ascenso a las que fui siguiendo a Tigre; el 60, el 21 y el 343. La Cava, Garrote y Las Tunas en mis tiempos de militante barrial. Si la vida son fragmentos, imaginemos que cada uno lleva un poco de este infinito territorio dentro de sí. A falta de definiciones sui generis, ¿podemos hablar, entonces, de Conurbanos?



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