30 / 12 | Política

CUARTO SEMESTRE

Ningún gobierno democrático nace ajustador. La democracia representativa funciona mejor para la multiplicación de los panes que para sacarle caramelos de la boca a los niños o a los jubilados. La cuestión no es tanto, o tan sólo, si alguien va a recibir en algún momento los beneficios económicos del ajuste sino si los representantes electos que lo impulsan van a llegar a recibir sus beneficios electorales en la próxima elección.

El mandato presidencial de cuatro años y las elecciones de medio término son el palo democrático en la rueda de las jugadas económicas de pizarrón: el problema no es tanto juntar los votos en el congreso como ganarle al calendario electoral. En la democracia hay objetivos pero sobre todo hay plazos.

Deudópolis


Nunca habrá una plaza llena contra la deuda. La deuda corre por las venas del país. La deuda es la Tarjeta Naranja de la Patria. Hay mucha deuda en el presupuesto pero, ¿quién va a decir “piedra libre para el endeudamiento” si con esa deuda se come se cura y se educa? La deuda es sostenible mientras alguien la compre. La confianza de nuestros inversores nos cuesta cara pero está. Nunca han faltado hombres y mujeres de buena fe que quieran habitar la tasa de interés argentina.

[Hasta los bonos defaulteados en 2002 encontraron compradores dispuestos a ver qué onda con unos juicios larguísimos y carísimos. Cómo no va a haber interesados en hacer carry trade con los lebaquitos. Y hablando de eso… no olvidemos: este país creció diez años a tasas chinas con una pata en la soja y con la otra en el pagadiós más grande de la historia.]

"Nunca han faltado hombres y mujeres de buena fe que quieran habitar la tasa de interés argentina."

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El actual gobierno dice que vino a dejar atrás ese pasado en el Veraz del mundo. A triunfar donde otros han fracasado antes. Porque no es que nadie haya probado. Cavallo se ató al mástil del dólar para resistir el tentador canto de las sirenas devaluatorias y terminó chocando la nave contra las piedras. Pero probó. Y el oficialismo aprendió de esa experiencia. Sobre todo del costo democrático que tuvo su final infeliz. Por eso hizo su purga preventiva de neoliberales: le aplicó derecho de admisión a López Murphy allá lejos y hace tiempo. Dejó a los demás talibanes del déficit cero en el banco. En la Argentina los economistas ortodoxos son como vegetarianos en un asado de campo. Si hacemos silencio podremos escuchar a los gobernantes gritarles “correte que no me dejás endeudarme tranquilo”.

Las metas

Este gobierno no se parece al de la Alianza. El gobierno de la Alianza era un gobierno conservador. Un gobierno que quería seguir con la convertibilidad incluso al costo de que los pesos-dólares no pudieran tocarse. Un gobierno sin Menem pero con Cavallo. Un gobierno que murió con las botas puestas por y para mantener la ficción del uno-a-uno.

Este gobierno vino a cambiar las cosas. No hay que olvidarse. Hoy que todavía están rotas las baldosas de Plaza Congreso. Hoy que todavía no cicatrizaron las balas de goma disparadas mientras la política jugaba al Federalopoly en el recinto. No hay que olvidarse de la era Prat Gay. De cuando este gobierno entró a la Rosada sin dejar sus convicciones en la puerta y levantó el cepo y sacó las retenciones. Subir las tarifas costó un poquito más pero se hizo. El gobierno de la Alianza no quería “sincerar”, el de Cambiemos solo quería “sincerar”.

El segundo año se está yendo y ya es evidente que todo es más complejo. No es fácil ni con un golden boy ni con un par de administradores de fondos de inversión. Este país no está hecho para la guerra. Su gobierno no está hecho para la guerra. Y no es, no es sólo, una cuestión de clase.

Federico Sánchez escribió que con la reforma jubilatoria el sacrificio se le pedía a los que por su fecha de nacimiento no van a tener tiempo de ver sus frutos. Es cierto, pero también es cierto que no hubo una instancia churchilleana para pedir el sacrificio de todos o de unos pocos por todos. Se quiso hacer ahorro fiscal sin épica.

A fin de cuentas primero se reconoció la imposibilidad de bajar el déficit y luego la de bajar la inflación. El “relajamiento de las metas” parece ser el verdadero sinceramiento posible a esta altura del mandato. Y esto no quiere decir que no vaya a haber aumentos y recortes sino que la suma de esos aumentos y recortes no van a lograr el fin para el cuál debían ser medio.

Goce

En su libro sobre la nueva derecha norteamericana el intelectual francés Alain Finkiekraut caracteriza al reaganismo como dominado por dos sensibilidades: la revancha y la utopía. Quizás todavía es muy temprano para decir si la utopía presidencial de un país con más mercados más abiertos y más autorregulados ha sido definitivamente abandonada o solamente pospuesta para mejor ocasión. Pero lo que podemos ver es que cuanto menos se camina hacia la vaca-que-está-en-el-horizonte, más sube la revancha.

"Es muy temprano para decir si la utopía presidencial de un país con más mercados más abiertos ha sido abandonada o solamente pospuesta"

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El combo prisiones-preventivas y represión de la protesta social abrió un espacio hasta ahora postergado para el desahogo simbólico de sectores sociales que apoyan al gobierno por su genética antikirchnerista. Esa sed de revancha todavía no está saciada en sectores que vivieron a diferentes aspectos del kirchnerismo como una profanación orden natural de la polis. Sectores que piden, como definió precisamente Pablo Touzon, el uso del poder contra los que no lo tienen. En este solsticio de verano hubo más goce en la revancha que en la utopía.

Argentinos

Una democracia que se ajusta a sí misma no es una cosa alegre. Ajustar con el consenso de los ajustados. No todo es política pero eso sí. Es ardua la vía democrática al libre mercado en un mundo que ya no lo añora y con una ciudadanía que le sospecha los dados cargados.

"Es ardua la vía democrática al libre mercado en un mundo que ya no lo añora y con una ciudadanía que le sospecha los dados cargados."

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En todo caso queda una vez más sobre la mesa que este no es un pueblo espartano. Es un pueblo fundado en su versión moderna sobre un horizonte de bienestar social al que muchos nunca llegaron y del que muchos se cayeron. Y ya que de cambios se trata, recordemos: un pueblo puede cambiar de gobierno pero un gobierno no puede cambiar de pueblo.

*Foto por Matt Hinsa


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