27 / 05 | Mundo, Política

AHORA MADRID ES UNA FIESTA

Mariano Schuster Jefe de redacción de La Vanguardia, periódico del Partido Socialista www.lavanguardiadigital.com.ar


Manuela Carmena, la candidata de Ahora Madrid (la organización promovida por Podemos) al Ayuntamiento de dicha ciudad, consiguió un resultado que le permitiría convertirse en Alcaldesa. Para muchos, su imagen y su discurso remiten al viejo alcalde socialista Enrique Tierno Galván.

Madrid era una fiesta

Florecían los recitales de rock, las ferias del libro oficiales, alternativas y algunas otras bajo los pisos de las discotecas de turnoNacían fanzines, revistas punkies y movidas rockeras.


Los rojos salían de todos los rincones, repartían panfletos en Malasaña y en la Puerta del Sol, mientras las chicas progres, las de la gauche divine, se rebelaban contra sus madres católicas y franquistas besuqueándose con pelilargos en las puertas de las Iglesias. Una rebelión existencial, ética y estética se había adueñado de la ciudad. Los años ochenta habían llegado a Madrid.

La capital española no había abandonado su característica suciedad, pero el aire libertario y democrático empezaba a barrer un poco esas calles por las que habían desfilado los soldados franquistas. La Gran Vía se abría para todos, el Café Gijón arropaba a los poetas y la juventud empezaba a divertirse.

Y desde lo alto, desde el balcón del Ayuntamiento, saludaba el promotor de ese nuevo Madrid: Enrique Tierno Galván.

Tierna ciudad roja

Tierno apenas pasaba la frontera de los sesenta pero ya parecía un abuelo. “El viejo profesor”, como se lo conocía entonces, usaba unas pesadas y grandes gafas y andaba por el mundo con su escaso pelo blanco y sus modales de dandy de izquierdas. Había alcanzado el poder de Madrid en 1979 tras un acuerdo parlamentario de su partido, el PSOE [1], con los comunistas y, desde entonces, se había dado a la tarea de transformar la ciudad.

Empezó destruyendo una mole de cemento, el Scalextric de Atocha, que atascaba todo Madrid y siguió su tarea enfrentando a las chabolas (nuestras villas miseria) en barrios obreros como Vallecas y Villaverde. Recuperó lo público y, como expresión fundamental, remodeló el Parque del Retiro y el entorno del Río Manzanares. Era un socialista de las pequeñas cosas.

Sin embargo, Tierno no le hizo asco a lo grande. Se animó a distribuir, contrariando a la Iglesia, El Libro Rojo del Cole (un pequeño tratado para chicos sobre sus relaciones con sus padres y maestros) a una docena de escuelas de Madrid. Algunos de sus capítulos se titulaban: “Cómo quejarse de un profesor “y “Cómo organizar una protesta”.

No cabía duda de que se trataba de un socialista diferente. Tanto, que el mismo año en que Felipe González, el joven líder de su partido, modificó los estatutos del PSOE quitándole la definición de “marxista”, el viejo alcalde se presentó en la televisión para defender los postulados del autor del El Capital.

Con su gobierno, Madrid estalló en un grito libertario. Era el grito de la Movida. Nuevos grupos de rockeros aparecían cada noche en los antros de la ciudad. Y Tierno se dedicó a disfrutar con ellos. Aunque luchó denodadamente contra la droga, no rehuyó a su esencia populista. En 1984, durante un Festival de Música en Madrid, lo invitaron a hablar en el escenario y Tierno gritó: “¡Rockeros: el que no esté colocado, que se coloque… y al loro!”.

La derecha lo acusó de “promotor de las drogas” y “destructor de familias”. Tampoco dudaron en sacar a relucir su agnosticismo militante para defender a la vieja España católica. Incluso Ronald Reagan se negó a asistir, durante su visita a Madrid en 1985, a un acto presidido por él. El actor devenido en presidente de Estados Unidos no le perdonaba la defensa del marxismo.

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Ciudad azul sin esperanza

Pero, como siempre, llegó el lugar común. Sobrevino la muerte y Tierno se transformó en un mito. El día de su entierro, en 1986, la ciudad se colmó de rosas rojas y fueron miles los que se congregaron para despedir al viejo profesor. No lo sabían entonces: también se despedían de ese socialismo de izquierdas y de dandys que él había representado. Tras su muerte, el PSOE optó por la salida fácil: presentar candidatos más pulcros, más aceptables para los tiempos de la modernización. Sin la mochila del rojo Tierno, aparecieron los actualizados socialdemócratas que preferían el champagne a los trabajadores. Pero el corrimiento al centro no dio resultados. El PSOE nunca más volvió a ganar la Alcaldía de Madrid.

Cuando entrados los noventa, Esperanza Aguirre, la Dama de Hierro del Partido Popular, se hizo con el poder de la Comunidad de Madrid [2], la capital del socialista romántico se transformó en la ciudad modelo de la derecha española. Las privatizaciones y los escándalos de corrupción se reprodujeron durante los mandatos de los laderos de Aguirre, que logró ganar elección tras elección, travistiendo su conservadurismo en liberalismo y adoptando un discurso populista.

Hace apenas un año arrolló con su coche la moto de un guardia civil que le hacía una multa y fue capaz de defenderse con frases graciosas en la televisión. Casi la mitad de sus asesores más cercanos, durante sus años de presidenta de la Comunidad, fueron acusados de corrupción. Pero ella salió indemne. “Yo no solo no sabía nada, sino que yo los denuncié”, dijo con desparpajo.

Este domingo probó suerte presentándose como candidata del PP al Ayuntamiento de Madrid. Pero la heredera de Tierno Galván le arrebató el triunfo.

El retorno de los románticos

La “Vieja Jueza” o “la Nueva Justiciera” se llama Manuela Carmena y tiene setenta y un años. Hace pocos meses era casi una desconocida para la mayoría de los ciudadanos de la capital. Pero Pablo Iglesias, el líder de Podemos, le pidió que se candidateara en Madrid. La mujer, que nunca evitó el compromiso con la izquierda, aceptó ser primera en la lista.

Carmena es una vieja luchadora. En los sesenta puso su sello en un carnet del Partido Comunista y se unió al combate contra el franquismo desde la Facultad de Derecho. Con la muerte del dictador, fue una de las participantes del famoso bufete de abogados laboralistas de la calle Atocha, muchos de los cuales fueron asesinados por un grupo de extrema derecha en 1977. Ese acontecimiento, que abrió las puertas a la transición a la Democracia, la marcó para siempre: se convirtió en una defensora a ultranza de la vida.

Cuando accedió al cargo de jueza, no dudó en seguir defendiendo los derechos de los trabajadores. Cofundadora de la agrupación progresista Jueces para la Democracia, Carmena regentea, además, una tienda hippie en la que vende zapatos hechos por reclusas y cuyas ganancias aportan al mejoramiento de los presos.

Como candidata de Ahora Madrid, la coalición de izquierdas avivada por Podemos, Carmena mostró sus dotes políticas. Con un discurso pegadizo y romántico, prometió parar la privatización de los servicios públicos, garantizar luz y agua a todos los hogares pobres e insertar a los jóvenes y a los desocupados al mercado laboral. Y, sobre todo, empoderar a la ciudadanía en tiempos de crisis.

Su imagen de abuela rebelde y desprejuiciada (a veces raya el bello ridículo usando gafas oscuras que contrastan con su pelo rubio en las movilizaciones) y su discurso rojo remiten a Tierno Galván. De hecho, Pablo Iglesias la comparó con el viejo alcalde: “El viento está susurrando Tierno”, gritó el líder pelilargo ante miles de simpatizantes hace solo unas semanas. “Se respira el ambiente de Tierno. Yo creo que si Tierno pudiera votar, si mi abuelo pudiera votar, votarían a Manuela […] y creo que todos los socialistas de corazón el 24 van a votar a Manuela”, agregó.

Pero esta ex jueza de Vigilancia Penitenciaria y Relatora de la ONU no tuvo una campaña fácil. Las críticas de Esperanza Aguirre, que hasta entonces parecía invencible, fueron lapidarias. La número uno del PP llegó a afirmar que, de ganar Carmena, los madrileños nunca más votarían en democracia. El poder mediático atacó a Podemos calificándolo de “fuerza bolivariana y prochavista” y los dardos no solo dieron a Pablo Iglesias y a Iñigo Errejón: también pretendieron manchar a Manuela. La derecha española, que nunca acabó de liberarse del influjo franquista, llegó incluso a llamarla pro etarra.

Pero con todo el viento mediático y político en contra, la señora Manuela Carmena salió segunda con veinte concejales para el Ayuntamiento. Si el PSOE le aporta sus votos conseguiría la mayoría y podría convertirse en Alcaldesa representando a esa nueva izquierda nacida del 15-M y que expresa Pablo Iglesias a nivel nacional. Pero con el PSOE… nunca se sabe.

Quizás ahora la villa de Madrid vuelva a vestirse de fiesta como en 1979. Quizás ahora los punkies, los rockers y los rojos vuelvan a tapar a las calles como en los tiempos de Tierno Galván. No es común que triunfe la izquierda, menos aún la de los románticos. Permítanme que me emocione. Los buenos, a veces, también ganan.

*Jefe de redacción de La Vanguardia, periódico del Partido Socialista (www.lavanguardiadigital.com.ar)

[1]    En rigor, el partido de Tierno Galván era el Partido Socialista Popular (PSP) pero éste acabó integrándose en el PSOE.

[2]    La comunidad engloba al Ayuntamiento.


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1 Comentario

  • AHORA MADRID ES UNA FIESTA says: 27 mayo, 2015 at 22:43

    […] Había alcanzado el poder de Madrid en 1979 tras un acuerdo parlamentario de su partido, el PSOE [1], con los comunistas y, desde entonces, se había dado a la tarea de transformar la […]

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